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EDITORIAL

Deudas históricas

Hace unos días publicamos en este diario un reportaje sobre los estudios que se enfocan en un cementerio colonial de esclavos. Este se ubica en lo que antes era la hacienda La Quebrada y de la investigación se encarga el arqueólogo Luis Santa Cruz.

7/7/2019


Lo interesante de la información no era tanto la ubicación del sitio, pues era ya conocida por la historiografía del lugar, sino los restos de estos africanos y sus descendientes. Es sorprendente la escasez de estudios arqueológicos dedicados a dar luces sobre la vida de esta colectividad en sus primeros años en nuestro país. Asimismo, la bibliografía respecto a este grupo humano se ha centrado en pocos temas y ha abordado tangencialmente otros más delicados.

Sobre el cementerio de la antigua hacienda La Quebrada, ha llamado la atención de los investigadores que en todos los restos desenterrados –más de un centenar– se detectan evidentes síntomas de desnutrición. Asimismo, una constante de la población adulta es que presenta daños en los huesos producto del intenso trabajo.

Investigaciones como esta permiten conocer de primera mano el tipo de vida que tuvo la población negra al llegar al Virreinato del Perú. Conocer la historia sin romanticismo, basándonos en hechos comprobables, ayuda a comprender mejor el presente.

Los índices de calidad de vida de la población afrodescendiente que se manejan en el Estado muestran que han tenido problemas para integrarse y avanzar en la escala social. Siguen lastimosamente presentes varios estereotipos que hacen perdurar la discriminación contra la colonia negra en el Perú.

No hay que sacar conclusiones apresuradas sobre las capacidades de los descendientes de esclavos. En el libro La presencia afrodescendiente en el Perú, de Maribel Arrelucea y Santiago Cosamalón, se hace un recuento de varios ejemplos en los que los hijos, nietos y bisnietos de africanos, e incluso algún africano, supo destacar en estas tierras a pesar del racismo y la discriminación.

En esa misma obra se aborda cómo la identificación con la tradición afroperuana se va debilitando conforme los individuos mejoran su condición social. Es una manera reactiva de protegerse de los prejuicios que existen hacia esta comunidad.

El país tiene una deuda con los afrodescendientes. No basta con ensalzarlos en rubros como la cocina, la música o el deporte. Hay que reconocerles también su aporte en otras áreas. Igualmente de importante es darles la oportunidad de desarrollarse en aspectos profesionales distintos a aquellos en que se les ha encasillado.

Asimismo, son necesarios más estudios como el que lidera el arqueólogo Luis Santa Cruz. La historia del Perú no solo la ha hecho la clase alta. Este país, parafraseando a Arguedas, se ha construido con el esfuerzo de todas las sangres. Es de justicia que conozcamos esas ocultas páginas de nuestra historia relativas a los menos favorecidos.

Investigaciones como el del cementerio de esclavos de la hacienda La Quebrada, en Cañete, permite conocer de primera mano el tipo de vida que la población negra tuvo al llegar a nuestro país.