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Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
VIERNES 6

de diciembre de 2019

Valoremos el quechua

“[...] al ser el idioma de una parte importante de nuestra población, urge que las políticas públicas de nuestro Estado estén vinculadas al quechua, pues ello aumentará sus posibilidades de éxito [...]”

18/10/2019


El último martes, San Marcos fue escenario de un hecho histórico e inédito en sus más de 500 años de vida institucional: la magíster Roxana Quispe sustentó en quechua la tesis que escribió en el mismo idioma para convertirse en doctora en Literatura Peruana y Latinoamericana.

El trabajo académico, dedicado a la obra del poeta cusqueño Kilku Warak´aq, alter ego de Andrés Alencastre Gutiérrez, recibió la máxima calificación del jurado de la Decana de América. Sin duda, un logro que llena de orgullo a la flamante doctora y a la comunidad sanmarquina.

La sustentación de Quispe representa un hito en la valoración de la lengua de los incas y un impulso para reflexionar sobre la necesidad de difundir el idioma de nuestros antepasados, teniendo en cuenta su indesligable vínculo con la historia milenaria y la rica tradición cultural que hace al Perú un país admirado en el mundo.

El censo del 2017, del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), arrojó que el 13.9% de la población del Perú, 3 millones 735,682 personas, habla quechua. En el 2007 había 3 millones 360,331 hablantes. Es decir, en diez años se sumaron más de 350,000 hablantes. La lengua indígena más difundida en América Latina no está en retroceso. Por el contrario, avanza.

Difundir y defender esta parte de nuestra identidad es importante por motivos culturales y por reivindicaciones históricas, qué duda cabe. Sin embargo, no son las únicas razones: al ser el idioma de una parte importante de nuestra población, urge que las políticas públicas de nuestro Estado estén vinculadas al quechua, pues ello aumentará sus posibilidades de éxito y de cumplir los objetivos trazados.

Para llevar lo anterior a casos concretos, podemos considerar, por ejemplo, que los funcionarios de los programas sociales que asisten a las comunidades quechuahablantes deberían conocer el idioma para entablar una comunicación satisfactoria.

El mismo argumento puede usarse en el caso de las personas encargadas de impartir justicia, de los maestros que enseñan en las comunidades alejadas, de los profesionales de la salud, de las personas que intervienen en los conflictos sociales por proyectos extractivos o en el tratamiento a las víctimas del terrorismo y la violencia política.

No es descabellado pensar que en algún momento la educación escolar pública incluirá el aprendizaje del runasimi, así como se fomenta y se incentiva el uso de idiomas extranjeros. Aprender inglés u otro idioma extranjero nos puede facilitar la comunicación en cualquier ciudad del mundo, pero hablar quechua nos permitirá comunicarnos con nuestros compatriotas.

Se debe destacar el esfuerzo que cumplen algunos sectores por difundir el quechua. Hay que valorar positivamente que TV Perú y Radio Nacional hayan incluido en su programación noticieros en esa lengua y en otros idiomas indígenas como el aimara. El siguiente reto podría ser ampliar los horarios de estos programas para llegar a un público masivo.

“Yo no soy un aculturado; yo soy un peruano que orgullosamente, como un demonio feliz habla en cristiano y en indio, en español y en quechua”, escribió José María Arguedas. Sigamos su ejemplo.