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VIERNES 6

de diciembre de 2019

DE POETAS Y CANTORES

Fantasmas colosales

En una conversación con el periodista y escritor uruguayo Guillermo Pellegrino surge la memoria de gigantes del cancionero y la poesía latinoamericana que ha biografiado: Alfredo Zitarrosa, Mario Benedetti, Chabuca Granda. Destaca el trabajo de musicalización del pianista Víctor Merino.

27/10/2019


José Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe




La tarde se tizna de color melancolía. “¡Qué triste ha de ser el mañana sin una esperanza!”, decía Alfredo Zitarrosa (1936-1989), leyenda del canto en América Latina. Paradojas, la historia artística del uruguayo empezó en Lima, ciudad sin milongas. Aquí, la voz peculiar del primer hombre de negro cultivó seguidores. 

“Fue fundamental Lima para Zitarrosa porque en esta ciudad se convirtió en cantor. Nada más ni nada menos. Acá, cuando estuvo de paso para Cuba, vivió un año con penurias y dificultades; César Calvo y otros amigos lo ayudaron muchísimo”, rememora Guillermo Pellegrino, autor de Cantares del alma. Biografía de Alfredo Zitarrosa (1999), un periodista especialista en música popular del sur del río Grande.



Solo un periodista acodado en la bohemia y la memoria como Eloy Jáuregui nunca olvidará el día en que vio actuar a Zitarrosa, fuliginoso y envuelto en lágrimas. Abrió la noche en el teatro Segura con la garganta astillada: ese 11 de setiembre de 1973, pero en Chile habían dado el golpe de Estado y asesinado al presidente Salvador Allende. El uruguayo cantó con voz de entierro.



Alfredo quería ser poeta; llegó a Lima y trabajó en algunos medios de comunicación. “Probó suerte cantando en el show que tenía Tulio Loza, en el canal 13, y ahí se hace cantor. Le dan 50 dólares por cantar tres canciones. Se da cuenta de que puede arropar la poesía con la música. Y al poco tiempo graba su primer disco en Uruguay. Y todo por un show de Tulio Loza”, resume Pellegrino.

Con Calvo y Chabuca

En 1997, Pellegrino vino para investigar “la etapa peruana” de Zitarrosa. Era un joven de 28 años cuando llegó a Lima y estuvo alojado en la casa del poeta César Calvo (1940-2000).

El autor de Las tres mitades de Ino Moxo le hizo un recorrido literario: las casas donde vivieron Chabuca Granda, Javier Heraud, etcétera. Calvo también lo llevó por los espacios donde se hacía la movida musical peruana.

Chabuca Granda es una referencia mayúscula. A Pellegrino le gusta mucho la creatividad de Chabuca y en su libro más conocido, Las cuerdas vivas de América (2002), incluye una biografía que hasta hoy es el material más completo sobre la cantautora peruana por antonomasia. En el libro también incluye a otros grandes del cancionero del hemisferio sur: Víctor Jara, Violeta Parra, Atahualpa Yupanqui y Daniel Viglietti.

El gusto por la creadora de “La Flor de la Canela” lo heredó de su madre, quien también era seguidora de Chabuca. Así, la pasión heredada por la música de la peruana lo llevó a investigar para el suplemento El País Semanal, de España, unas páginas que después se ampliaron en un ensayo, el mejor hasta el momento, publicado sobre la peruana. (se prevé que en julio del 2020 recién será publicado en el Perú un nuevo trabajo sobre la vida y obra de la creadora).



Benedetti, grillo-poeta

Pellegrino llegó a Lima en agosto y presentó Grillo constante. Historia y vigencia de la poesía musicalizada de Mario Benedetti (2018), un libro que trabajó a cuatro manos con el periodista argentino Jorge Basilago, con quien ya había trabajado “A la orilla del silencio: vida y obra de Osiris Rodríguez Castillos” (2016). “Osiris es monumental. De los poetas ligados a la raíz folclórica es de los más finos o el más fino. Músico de músicos, poeta de poetas; Chabuca lo veneraba, y él a ella”.

A los pocos meses de la muerte de Mario Benedetti (1920-2009), se lanzó el primer concurso de la Fundación Mario Benedetti. Pellegrino y Basilago presentaron un trabajo sobre la poesía musicalizada del vate uruguayo, con el cual ganaron el concurso.

“A Benedetti le gustaba trabajar con el músico, el cantante. Le gustaba esa dinámica de trabajo, más que le musicalizaran directamente. Le gustaba ajustar algo con el cantautor; así trabajó con [Joan Manuel] Serrat, con Alberto Favero [música] y Nacha Guevara [cantante]”.

“Aunque no era siempre”, aclara Pellegrino. Justamente, en su breve visita presentó una ponencia sobre el músico chalaco Víctor Merino. Un trabajo de musicalización sobresaliente que siempre mencionó que lo cautiva y que considera fabuloso es el disco Entre paréntesis (1998), que Merino musicalizó y que lleva la voz de Tania Libertad.



“Para mí, es uno de los mejores discos de los poemas de Benedetti. Ese disco explora sobre distintos ritmos. A uno le dicen Benedetti y puede pensar que está más vinculado con la milonga, con lo rioplatense, con lo melancólico”, dice Pellegrino, quien pudo hablar un par de veces por teléfono con Víctor Merino (1945-2012). Un acápite: el pianista chalaco fue iniciador del movimiento canción-poema en el Perú junto con Juan Gonzalo Rose, de quien musicalizó el valse “Tu voz”, "El mismo puerto", "Tacna raíz" y otros.

Merino hizo lo que nadie había hecho con los versos de Benedetti, uno de los poetas más musicalizados de Uruguay. Un ejemplo es el “Papel mojado”, para el que la dupla Libertad/Merino invitó a Joan Manuel Serrat. “Una belleza”, se satisface Pellegrino. Merino hizo pasear las estrofas por distintos géneros latinoamericanos, como la salsa (“Muchacha”), el tango (“El barrio”, “De vereda a vereda”), el pop (“Recién nacido”), la fusión (“Niños y niñas”) o el bolero (“Nostalgia”). “Lo que habla del músico de alto nivel que era”, cierra Pellegrino.

En cambio, el periodista uruguayo es muy crítico con el disco que hizo Joan Manuel Serrat sobre los poemas de Benedetti (“El sur también existe”, de 1985). “No resultó. En cambio, el de Tania y Merino es un trabajo integral y no hay muchos. Me encantó”.

De las versiones peruanas más recientes de Benedetti le agradan también los trabajos hechos por Pelo Madueño de “No te salves”, y “Tu quebranto”, de Jean Paul Strauss. “De los que más acertaron, fueron los peruanos”, afirma el investigador. El café se termina. Un abrazo y un hasta pronto.