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Año de la Universalización de la Salud
VIERNES 3

de abril de 2020

REFLEXIONES

La voluntad de escribir (II)

Siguiendo con la búsqueda de respuestas a la pregunta que titula esta segunda parte del artículo tenemos: “Yo no escribo por una sola razón, sino por varias”, precisa Julio Ramón Ribeyro.

17/1/2020


Manuel Arboccó de los Heros Psicólogo, ensayista

Manuel Arboccó de los Heros

Psicólogo, ensayista




“Estas son las principales: Para deshacerme de ciertas obsesiones y sentimientos opresivos. Para tratar de dar forma y comprender mejor las ideas e intuiciones que me pasan por la cabeza. Para contar alguna cosa que merece ser contada. 

Para crear, sin más recurso que las palabras, algo bello y permanente. Por una necesidad humana de ser reconocido, apreciado, admirado y querido (como diría mi amigo Alfredo Bryce Echenique). Porque me divierte. Porque es lo único que sé hacer más o menos bien. Porque me libera de cierto sentimiento de culpabilidad inexplicable”.


Alfredo Bryce Echenique asegura: “Solo se puede escribir sobre cosas que uno amó” y que “para que duela menos, la realidad se corrige con la fantasía”.

Héctor Abad Faciolince, escritor colombiano, escribió El olvido que seremos, dedicado a su padre (médico y activista) que fue asesinado por los paramilitares en el año 1987. Y nos dice: “Fue una especie de tranquilizador, de liberación. Escribir del asesinato de mi padre fue como sacarme algo de dentro muy importante, a veces como un tumor, a veces como un hijo. Cualquiera de las dos cosas”.

Martín Roldán Ruiz, autor de Generación Cochebomba y Este amor no es para cobardes, nos menciona lo siguiente: “Escribir es consecuencia de mi experiencia como lector. Había historias vividas que eran narrables. Era la necesidad de contar historias que pensaba que valían la pena, quizá es eso, la necesidad de expresar historias”.

Mario Vargas Llosa no puede faltar en este artículo, y nos dice: “Creo que mi vocación de novelista está impregnada de la nostalgia de esas aventuras leídas y que es un oscuro esfuerzo por rechazar esos límites entre lo inventado y lo vivido, un esfuerzo contra la razón práctica para vivir múltiples vidas y cada una de ellas con mayor intensidad, diversidad e impunidad que las que permite la vida verdadera”.

Finalmente, después de atender el punto, pensamos que escribir es una actividad de esas exclusivamente humanas que tiene diversas causas, como también es generadora de diversas consecuencias. Quizá sea eso: presenta causas que originan una necesidad y produce consecuencias que la alimentan y mantienen viva a la vez. 

Bosquejamos algunas de esas razones para la tarea de escribir: querer expresar algo en palabras; querer perpetuarse y vencer simbólicamente a la muerte, pues lo escrito nos trasciende; también nos ayuda para darle un sentido a la vida, esta vida llena de paradojas e imprevistos; hay quien escribe para hacerse notar y decir “aquí estoy”, “yo existo” (“hagamos de todo, menos morir”, como decía el gran Martín Adán); para vivir otras vidas (inalcanzables, complejas o deseadas), para gozar con experiencias humanas solo fantaseadas –nunca realizadas– y quizá también para sufrir situaciones temidas, pero saliendo mejor librado. Y para hacer algo con esa enorme creatividad propia de algunos. Y para buscar sanar, y a veces al escribir se consigue. También es terapéutico. 




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