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Año de la Universalización de la Salud
LUNES 30

de marzo de 2020

REFLEXIONES

La conducta autolesiva

Como otras situaciones psicológicas, la edad y el sexo generan diferencias a la hora de hablar de las autolesiones. Así, suele verse con mayor frecuencia en adolescentes (y recientemente en niños), con mayor incidencia en mujeres que en hombres. Recordemos, por ejemplo, que hay mayor depresión en mujeres, pero es más frecuente encontrar esquizofrénicos y antisociales hombres.

24/1/2020


Manuel Arboccó de los Heros

Psicólogo ensayista

Inicialmente documentadas en los años sesenta, hoy estas acciones de generarse daño uno mismo se presentan con relativa frecuencia desde los años noventa y se manifiestan más en ciertos cuadros clínicos tales como: depresiones, trastornos alimenticios, esquizofrenias, bipolaridad, trastornos limítrofes de la personalidad (en inglés borderline), entre otros.

Dentro de la gama de posibles causas de este comportamiento encontramos que los psicólogos clínicos y psiquiatras encuentran que estas personas llevan consigo mucho dolor emocional, ira, hostilidad, culpa, tristeza y vergüenza (un amasijo de emociones) que intentan erróneamente “liberarse” por medio de la autolesión; como si se pretendiera “cambiar un dolor emocional por otro físico”, según comentan los propios sujetos entrevistados. Esta forma de “alivio” es pasajero y como todo alivio se puede hacer adictivo y la conducta reiterada se convierte en un círculo vicioso que termina perjudicando aún más a quienes lo realizan. En otras circunstancias, emplean la autoagresión como una forma de sentir cierto poder sobre algo, aunque sea sobre la propia corporalidad. Un desfogue ante la impotencia de no saber cómo enfrentar algún vaivén o infortunio de la vida.

En algunos casos, podemos ver lo que se ha dado en llamar conductas parasuicidas, es decir, son tentativas, intentos no consumados –como ensayos– de la conducta autodestructiva radical final: por eso no deben pasarse por alto. Otras causas encontradas además son: para llamar –a gritos– la atención de alguien y solicitar así ayuda; para castigarse por culpas ante comportamientos y decisiones que consideran no debieron realizar; y también, ante una sensación de vacío, improductividad y apatía que los hace arriesgar incluso su integridad (quizá lo único que tienen) con el propósito de “sentir algo”, “lo que sea”, incluso el dolor.

Arañarse, darse de puñetes, atracarse de comida, quemarse y arrancarse el cabello son conductas que a todas luces reflejan severos problemas psicológicos que deben ser tratados por los especialistas con apoyo de la familia y amigos. Las personas que se autolesionan no suponen tanto un peligro para los demás, sino para sí mismos.