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Año de la Universalización de la Salud
LUNES 30

de marzo de 2020

María Emma Mannarelli: Las mujeres estamos en una revolución permanente

Es historiadora, escritora, feminista y servidora pública. Autora de importantes publicaciones relacionadas con procesos de construcción de la identidad de las mujeres en diversas etapas como ‘Limpias y modernas: género, higiene y cultura en la Lima del novecientos’ (1999). Al cumplir 200 años de República, cree que el Perú debe volver a sus fuentes liberales mediante la lectura y la promoción de las bibliotecas, y que la apuesta por la cultura será la gestora de los grandes cambios.

24/1/2020


Suplemento Variedades


Texto 

Susana Mendoza Sheen

–¿Hay que celebrar la conmemoración del Bicentenario? 

–Creo que mejor reflexionamos y conversamos. Si logramos intercambiar ideas para pensar, es una celebración, una señal de transformaciones. Las mujeres no tenemos que celebrar mucho, no soy pesimista, pues conozco muchas estudiantes universitarias organizadas en los barrios de Carabayllo, Comas, Ventanilla, Huancayo y Cusco que han formado núcleos de jóvenes feministas. Inclusive existe una editora, Hipatia, que publica a las mujeres sus libros sobre literatura y feminismo.


–¿No es celebrable?

–Apostar por la cultura y ocupar el espacio público es celebrable. Las mujeres están presionando para hacer del espacio público un lugar para todos, a pesar de que la burguesía todavía se resiste a hacer de lo público algo por donde todos puedan transitar: playas, transporte público, escuelas. Nos está costando. Salir a las calles es un estado de guerra permanente, nos sometemos a todo tipo de agresión y violencia que nos impide estar en lo público como queremos. Estamos en una revolución cotidiana y permanente.

Eduación de calidad

–La burguesía no cambia…

–La burguesía es poco crítica con respecto a las jerarquías. Serviliza, extraña al Perú pre-Velasco, somete a quien puede: a la gente que trabaja en su casa y no le paga seguro médico, ni vacaciones, la tutea, pero exige que la trate de usted. Todavía cree que la educación es un asunto de prestigio y no de calidad.

–¿De dónde deben venir los cambios?

–Los cambios vienen de la tensión con el poder, no vienen solos. Creo que la diversidad cultural en nuestro país puede impulsarlos, pero no hay que idealizar. Por ejemplo, hay corrientes que asocian la defensa de la naturaleza con las mujeres, pero al mismo tiempo al cierre del bicentenario en el Perú las mujeres todavía no ejercemos nuestros derechos a decidir ser madre o no, se nos vincula con la reproducción de la especie y la crianza. Los hombres tienen que humanizarse, civilizarse y ser responsables de la crianza también.

La república de la lectura

–¿En estos años de República qué hizo el Estado por la promoción de la lectura?

–Hay mucha discusión respecto al sentido de la lectura, en asociar su promoción con el ejercicio de los derechos ciudadanos. La primera biblioteca la creó José de San Martín en cuanto proclamó la República, un mes después, el 28 de agosto de 1821 y donó parte de su colección de libros. Lectura, biblioteca, palabra escrita estaban relacionadas con República, autonomía, derecho al lenguaje, mirar y analizar otros mundos, enriquecerte como persona para ser libre, conocer otras opiniones. Se asoció con la tolerancia.

Hay que cambiar el chip

–¿Las bibliotecas perdieron esa visión original?

–En el Perú se tiene la percepción de que la biblioteca es un espacio de acartonamiento al que acuden personas raras que leen, una élite o unos poquitos. Abrir la lectura a la gente es cambiarles el chip a todos: desde las escuelas que forman a los bibliotecólogos hasta a servidores que ofrecen el servicio de lectura. Las bibliotecas públicas son un recurso público que el Estado tiene en sus manos, pero no lo potencia.

–¿Cómo afecta a la ciudadanía?

–Inhibe la formación de opinión pública, de la idea propia que se transforma, se trabaja. Ahora se dice: Es mi opinión, muérete. Eso no es una opinión, es una reacción básica, primitiva, impulsiva. La opinión se elabora frente a uno mismo y a un igual, en la familia no porque es una institución jerárquica. Un hogar con libros tiene miembros que comentan las lecturas alrededor de una mesa. Las bibliotecas pueden formar individuos con una opinión que cuestione los vínculos dañinos. Son un espacio de crecimiento.

Promotora de la lectura

“Enseño en San Marcos hace más de 20 años, pero tomé conciencia de que era servidora pública cuando dirigí la Biblioteca Nacional del Perú. Ese día ¡sentí un alivio! porque cambié mi visión de “directora de la biblioteca” por la  de “servidora pública”. Fue a raíz de una reunión con el presidente de la República en Palacio de Gobierno, a la que fueron invitados directores de las entidades públicas y ministerios. Llegó puntual, a las 4:00 p. m. Estuvimos más de 300 personas. 

Sostuvo un diálogo transparente con nosotros, en presencia del Gabinete. Esa experiencia me ayudó a desmontar la imagen que tenía como directora, que me pesaba y tomé conciencia de que debía cumplir una labor diferente a la de Ricardo Palma y Jorge Basadre. Yo tenía que hacer que la gente leyera, que tuviera acceso a los libros y hacerlo desde el Estado. Definí mis responsabilidades y me di cuenta de que podía ser una buena. Algo está cambiando en el Estado, no sé qué es, es como la lucha contra la corrupción, siempre en manos de caudillos o de la sociedad civil, y hoy en las de servidores públicos, de fiscales. Algo está pasando, recuerdo la vez que fui a un cine ubicado en el corazón de San Isidro, distrito pituco para ver ‘La revolución y la tierra’. Al terminar la cinta, la gente aplaudió a rabiar. Algo está cambiando. Somos un país distinto al de 1821”.

Mujeres del siglo XIX

“Me identifico con las mujeres del siglo XIX como Clorinda Matto, quien apostó por el periodismo en Tinta, Cusco, en 1876 y creó ‘El Recreo’, una publicación que editó durante un año dos veces al mes antes de la guerra con Chile. La BNP compró la colección completa. Me encantan también Mercedes Cabello y Teresa González, a la que se recuerda más por su apellido de viuda, de Fanning, quien publicó un libro con la selección de artículos que escribió en defensa de Mercedes, atacada horriblemente en esa época por sus ideas feministas. A estas mujeres ilustradas llegamos a través de las feministas de los años setenta y ochenta, entre ellas Ana María Portugal, Helen Orvig, Rosa Dominga Trapasso, Gina Vargas, Mariella Sala, y del movimiento de mujeres de esos años. Estas mujeres nos conectaron con las escritoras y periodistas del siglo XIX”.