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Año de la Universalización de la Salud
SÁBADO 30

de mayo de 2020

EL RÍMAC DE FIESTA

El centenario bajopontino

Hace 100 años, el presidente Augusto B. Leguía reconoció al Rímac como distrito. Sin embargo, la tradición y riqueza de bajo el puente es anterior: su importancia en el virreinato marca la tradición rimense, ergo limeña. ¡Salud, flor de Amancaes!

2/2/2020


José VadilloVila

jvadillo@editoraperu.com.pe

Barrio con paladar. Desde hace 13 años, en la subida de la avenida Antón Sánchez, hay un busto de bronce dedicado al buen cucharón: una mujer de blusa y cabello recogido mira la eternidad y, de paso, le echa un ojito a las niñas que salen del colegio María Parado de Bellido, a puertas de los 73 años de vida institucional. Es Rosita Ríos, la Reina del Piqueo Criollo. El barrio es el rico Rímac.

El reino culinario de Rosita fue la prehistoria de gastones y misturas. Se inició en los años cuarenta del siglo pasado. El jet set y la intelectualidad subían hasta esta loma rimense en busca del algoritmo del sabor; anticuchos, cebiches, carapulcras, patitas con maní y tamales daban al Rímac el indiscutible título de líder en la culinaria local. 

Basta con citar a la crítica gastronómica Clementine Paddleford, que en el New York Herald Tribune dio el mejor consejo a los visitantes de extramares: “Ir al Perú es ir al Cusco y después a Rosita Ríos”.

¡Aquí hasta los curas saben del yantar de fiesta! Desde su llegada al Perú, los hermanos franciscanos del Convento de Los Descalzos preparan, cada 2 de agosto, la sabrosa sopa porciúncula (declarada el año pasado Patrimonio Cultural de la Nación). En el 2017, el Rímac fue testigo de la ulterior edición de la feria gastronómica Mistura, celebrada en el republicano club internacional Revólver.

En cuestión de bebidas que marcaron al país, diremos que en el siglo XX en el corazón bajopontino se embotellaron la cerveza Cristal y la Inca Kola (la única bebida gaseosa que le hizo la vida imposible a la Coca Cola en el mundo). Y es la cuna del club Sporting Cristal.

De fusiones culturales

Lo del sabor ya era asunto histórico en el “bajo el puente”. Cuestión de fusión, de cruce de culturas. Primero aquí estuvieron los hijos de la cultura Manchay y los curacazgos incas. En el virreinato famoso fue el barrio de Malambo, en la actual primera cuadra de la avenida Francisco Pizarro, adyacente a la iglesia y arrabal de San Lázaro, antes llamada capilla del hospital de leprosos.

Fue zona de galpones de esclavos angoleños que se venderían a las haciendas. El genial Guaman Poma de Ayala, en el siglo XVI, había dibujado a estos hombres y mujeres; y tres siglos después, el mulato Pancho Fierro los retrataría en su contexto.

Cantos y canciones

El bajopuente es musical, “de santos y sorpresas” y “de morenas beldades”. Lo dijo Luciano Huambachano en su valse Barrio bajopontino: “Viejo barrio de vergel, / de poetas y cantores, / de pintores al pastel / y de guapos bebedores […] Barrio mío, de velorios,/ de juerga y sana alegría,/ de los alegres casorios/ y de la fiesta bravía”.



En Pizarro con Prolongación Tacna respiraba renovación el local de la asociación Saycope, donde hasta inicios de la primera década pasada el recordado compositor y sabio Manuel Acosta Ojeda (MAO) daba cátedra viva sobre los caminos poéticos que puede tomar el verso criollo y siempre con un buen “saycopón”.

Es algo curioso porque a metros de este espacio, un siglo y pico antes, Alejandro Ayarza, Karamanduka, y su grey de niños bien bajaban a este barrio prohibido –siguiendo la hipótesis que manejaba el querido MAO– en busca de inspiración y libertades. Fue aquí, epicentro del famoso carnaval de Malambo y de anónimos cantores negros, que pararon oreja a esta música nueva que le inspiraría el valse La Palizada, considerado piedra angular de la llamada Guardia Vieja.

En la unidad vecinal del Rímac vive el Cantor de Lima, Jorge Figueroa. No es el único vecino notable musical del distrito. En el largo etcétera diremos que aquí vivió Lucha Reyes, Pedro Espinel, Filkomeno Ormeno y los hermanos Augusto y Elías Ascuez. Allí, el compositor, patriota y taurino Lucas Borja fundó, en las bancas de la Alameda de los Descalzos, los tríos Los Palomillas y los Romanceros Criollos (los de China hereje, pues).



Y en el Rímac nació la cumbia peruana: Enrique Delgado, que ya era conspicuo con el palo trinador acompañando a criollos de alcurnia, fundó en este distrito a Los Destellos, ese conjunto revolucionario que en 1967 creó el sonido de la cumbia psicodélica, que ahora dicen que hasta Carlos Santana le copió alguna melodía y sonido de la guitarra eléctrica.

De templados y achorados

¡Y qué mejor cantor del amor rimense que el virrey Amat! ¡Y quién no! Su rijoso fantasma continuará recorriendo el Rímac in saecula saeculorum.

Se cuenta que el Paseo de Aguas, frente al asilo Canevaro, lo mandó a construir en el siglo XVIII frente al palacete de su amante, la actriz Micaela Villegas, La Perricholi, para que contemplase su belleza en ese espejo de agua, utilizando las aguas del desaparecido río Piedra Lisa, que tomaba la cintura al cerro San Cristóbal y que echó de verdor al Rímac hasta inicios del siglo XX.

Y el Mirador de Ingunza, que parece un solitario fisgón adjunto a la plaza de Acho –este último cumplió 254 años el 30 de enero–, se construyó a mediados del siglo XIX porque el ingeniero Ingunza tuvo broncas con el dueño del coso taurino y no le quedó más remedio que construir su mirador para no perderse la temporada de toros. Y gratis.

Amat y otros virreyes bajaban en carruajes hasta la pampa de Amancaes, lugar preferido para cazar venados en compañía de galgos y cortesanos. En este mismo espacio, hoy denominado Ciudad y Campo, después surgiría la Fiesta de San Juan de Amancaes, que se convertiría en el siglo XX en el lugar de encuentro de los Perú: cada 24 de junio recibía en competencia a delegaciones folclóricas de todo el país, mientras las vivanderas hacían su agosto. En sus alturas, a 700 m. s. n. m., en las Lomas de Amancaes, zona hoy rodeada de asentamientos humanos, florecen aún cada invierno estas hermosas flores amarillas que todo limeño debería de conocer de primera mano. Tome nota.

Tradición y tráfico

Desde hace cuatro años, el Rímac se ha convertido en lugar de tránsito. Se conecta con San Juan de Lurigancho a través de los túneles Santa Rosa y San Martín, lo que ha hecho que Prolongación Tacna viva en tráfico perpetuo; beneficia a los de San Juan, pero al vecino del Rímac le quitó su acceso rápido al Centro de Lima.

La entrada más tradicional e histórica, lo decíamos, fue por el jirón Trujillo, continuación natural del limeño Jirón de la Unión, pero cruzando el Río Hablador, bajando por el puente de piedra, construido en el siglo XVI en el mismo sitio donde antes hubo puentes incas de maderos y criznejas que se iban en cada temporada de lluvias.



El jirón Trujillo vive hoy años más calmados como peatonal donde se pueden apreciar –amén de chifas, pollerías y casinos– la iglesia Virgen del Rosario, el templo católico más pequeño del mundo. Se avanza directo hasta San Lázaro, se toma una cuadra a la derecha por el jirón Cajamarca, y luego, en diagonal, tres cuadras por el jirón Chiclayo, para llegar a la Alameda de los Descalzos, tan limeña, y a su lado derecho el Paseo de Aguas, coronado con la cruz del cerro San Cristóbal. Aquí sí, ¡salud con un Cristal!

Tantas recuperaciones

Desde que este autor vestía pantalones cortos, el Rímac busca recuperar su importancia en el concierto capitalino (40% del legado cultural colonial limeño se ubica aquí). Hablemos de lo que va del siglo XXI: en el 2000 se desarrolló la campaña Adopte un Balcón, que permitió recuperar 15 de 33 balcones rimenses. 

Para el 2007, el Fondo Ítalo-Peruano y el PNUD lanzaron el proyecto Rímac Renace para que más de 8,000 familias regularicen sus propiedades; se calculaba que 211,667 vecinos vivían hacinados en 19,157 casas. Al año siguiente, en nombre de la modernización urbana, se retiraron 160 metros lineales del tranvía de Lima de las calles Chiclayo, Cajamarca y Trujillo. 

En el 2011 fue crítico: se pensó en declarar en emergencia el distrito porque siete de cada 10 vecinos no pagaban impuestos. Hoy sus habitantes se quejan del abandono del ornato público.