Tipo de cambio:

Compra: 3.429

Venta: 3.434


Año de la Universalización de la Salud
SÁBADO 30

de mayo de 2020

EL PODER DEL ARTE

Danza la ilusión

Treinta y tres niñas de bajos recursos económicos, que practican el ballet, viajaron a Estados Unidos representando al Perú y obtuvieron 19 premios. Nicole Chávez es una de las alumnas formadas por la profesora María del Carmen Silva.

4/2/2020


Luis Iparraguirre

liparraguirre@editoraperu.com.pe

1.-

Nicole no comprendía qué hacía un sacerdote al pie de su cama en el hospital Rebagliati. Un par de meses antes, danzaba al ritmo de la bella melodía de Chaikovski, mientras su madre miraba, desde la tribuna, la mágica danza del Lago de los Cisnes. ¿Y ahora estaba recibiendo la extremaunción por parte de un religioso a quien nunca antes había visto?

Cinco de sus 12 años de edad, Nicole Chávez practica el ballet. Siempre lo quiso hacer “pero todo era tan caro que antes no pude inscribirla”, menciona Elcira Ruiz, su mamá.



“Un día le aparecieron puntos rojizos en la piel. La llevamos al hospital y le diagnosticaron Púrpura Inmune, una enfermedad que ataca las plaquetas de la sangre, lo cual hizo que mi hija esté al borde de la muerte, ya que se estaba desangrando por dentro”, menciona acongojada al recordar todo lo que padeció.

Era la Semana Santa del 2019, y pocas esperanzas existían para la pequeña Nicole. Pero, así como en el ballet los movimientos son espontáneos, su salud dio una vuelta en puntas de pies y, a los tres meses, ya se encontraba ensayando con sus compañeras.

La vida de Nicole es un milagro que ni ella misma sabe explicar: en abril estaba recibiendo los santos óleos por su cercanía a la muerte, y en noviembre viajaría a Orlando, Florida, no solo a representar al Perú en un mundial de ballet, sino que cumplió uno de sus sueños: conocer Disney World.

2.

Nicole y su familia viven en la parte sur del distrito de Chorrillos, en la cima de un cerro que colinda con el Morro Solar. Su casita, hecha de cartón y triplay, pertenece al asentamiento humano San Genaro II.

En esta localidad, donde el agua potable es una quimera, existe una larga lista de prioridades… y el ballet no es una de ellas. “Las zapatillas, las mallas y hasta los pasajes para ir a ensayar, todo es caro. Para muchas niñas es imposible practicar ballet”, cuenta la señora Elcira.



Por ello, la danza clásica es, con mucha frecuencia, un privilegio que pocas tienen. Entonces, ¿cómo hicieron las niñas como Nicole para practicar ballet? Pues conocieron a quien ellas llaman su segunda mamá.

3.

María del Carmen Silva es el nombre de la profesora de ballet que ha hecho lo que muchos medios internacionales han catalogado como “un milagro”: la ex integrante del Ballet Nacional y fundadora del Ballet Municipal es la responsable de acortar, desde el arte, las brechas sociales.

A base del reciclaje de cartones, plástico, papel, y con la ayuda de la institución educativa chorrillana Brígida Silva de Ochoa, las niñas no solo han podido practicar el ballet, sino también viajar a la ciudad de Orlando (Florida), representando a nuestro país en el concurso Old Dance World, en el que llegaron a obtener 19 premios.



“Hemos vivido una experiencia increíble, que no se puede describir con palabras: la felicidad que estas niñas han tenido en Orlando o el simple hecho de viajar en un avión fue algo que no se puede describir con palabras”, menciona la orgullosa maestra.

Por su labor, María del Carmen Silva recibió la condecoración ‘Orden al Mérito de la Mujer’, en Palacio de Gobierno, otorgado por el presidente de la República, Martín Vizcarra.

Esta condecoración es el máximo reconocimiento otorgado a las peruanas que vienen destacando por su compromiso en la defensa y la promoción de la igualdad entre hombres y mujeres y la lucha contra la discriminación de género.

4.

Se trata del caso de 33 niñas, en su mayoría vecinas del Asentamiento Humano San Genaro II, quienes viajaron a este concurso.

“Fue grandioso. Fue algo difícil de explicar. Conocí a Mickey Mouse y a Elsa, de Frozen. Además, me sentí muy feliz porque iba a demostrar todo lo que he aprendido”, cuenta Nicole quien, junto con su hermana Keith y su mamá, se subió por primera vez a un avión.



“Gracias al trabajo, el desempeño y la fe de mi hija pude subirme por primera vez a un avión y conocer otro país”, reconoce Elcira al mostrarnos las fotos de su viaje que guarda en su celular.

Ahora, el reto de la profesora María del Carmen es viajar con “sus hijas” a Panamá, donde les espera una competencia continental. “Debemos seguir reciclando para poder cubrir los pasajes y los costos de la estadía”.

5.

“Cuando las niñas llegaron la primera vez, yo les dije que parecían una ‘brujitas’, con los pelos parados, un poquito desarregladas, y cuando empezamos a danzar ballet, nos empezamos a peinar, a ponernos nuestras mallitas, nuestras falditas, y es que queremos estar bonitas, es allí que la seguridad y la autoestima crecen”, reconoce la bailarina.

Añade que fue en ese momento en el que se dio cuenta de que el ballet no era una simple danza. Que en realidad es un espacio donde las niñas son felices, y que podían sacar todo lo malo y ser, simplemente, princesas.



“Al bailar me siento feliz. Cuando estoy en el escenario me siento orgullosa de mí, ya que cada día me esfuerzo más para ser mejor. Para nosotras, la profesora es una bendición de Dios”, resume Nicole.

Ahora, ella enseña ballet en la parroquia Cristo Misionero del Padre, que pertenece a su comunidad, y ya tiene más de 30 alumnas a quienes les enseña gratuitamente.

“No quiero cobrar ni un sol, porque a mí tampoco me cobraron. Quiero devolverle a la vida todo lo que me ha dado”, nos dice, mostrando una madurez poco común en una niña de su edad: estar cerca de la muerte hizo que viera la vida de manera diferente.

Los doctores aún no le dan de alta, pero a Nicole poco le importa, ya que la pista de baile siempre la espera.