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Año de la Universalización de la Salud
VIERNES 3

de abril de 2020

REFLEXIONES

El huracán llamado Marinera

La semana pasada apareció en la carátula de una revista una pareja de baile con el título “La nueva marinera”. Algunas líneas acompañaban la imagen indicando que la bailarina en cuestión buscaba fusionar la marinera norteña con el urban dance.

9/2/2020


Sergio Salas

Abogado, Músico criollo

Durante el fin de semana, más de uno se convirtió en juez, ya que, sin aplicar las reglas del debido proceso, juzgaron a Vania Masías (la bailarina que protagonizaba la fotografía y la supuesta idea de la fusión antes mencionada) de desnaturalizar nuestro baile nacional. 

“La marinera se respeta”, “nuestro baile milenario”, “defendamos nuestras raíces” fueron algunas de las frases que más he leído en redes sociales respecto a este tema. Pareciera que la marinera norteña es un símbolo tan arraigado en el público que, ante la propuesta de una variante, esta debe ser vapuleada. El argumento central es la defensa de nuestras raíces identificando a la marinera norteña (tal y como la vemos hoy) como tradicional.

En principio, muchos de los que comentaron parece que se hubieran dejado llevar por la imagen y por el título que, dicho sea de paso, no lo pone la entrevistada sino el periodista que redacta la nota. Si uno lee el contenido en las páginas interiores, textualmente se citaba a la bailarina diciendo: “No tengo un nombre para esto aún”. Entonces, no siempre lo que se publica en las entrevistas es lo que el entrevistado dijo, y en ello deben asumir su cuota de responsabilidad los periodistas, ya que no basta con escribir por escribir. Deben pensar en el impacto, investigar y tener sumo cuidado con lo que llevan y cómo lo llevan a la edición final.

En segundo lugar, ¿quién puede aseverar que la marinera que vemos hoy es la verdadera? Entiéndase por verdadera la expresión original, genuina, primigenia de este baile tierra. ¿Acaso el vestuario fastuoso era el que utilizaban los campesinos que bailaban este género hace sesenta años, por ejemplo? ¿Quién puede decir que los géneros como el vals, la marinera o zamacueca se tocan como se hacía hace 100 años? Hay registros, por si acaso, y si vamos a ellos podremos apreciar una diferencia notoria. Se podría pensar que sobre esas formas primigenias de ejecución (danza y música) los artistas las fueron puliendo para obtener más o menos lo que hoy vemos.

Hace un año escribí que no me oponía a la fusión porque es parte del derecho de expresión. Otra cosa es que me guste. Confieso que no me gusta la fusión en la música criolla. Yo prefiero el vals con el compás del 3/4 en lugar de la mezcla de géneros como la bossa nova o la salsa, pero no por ello me atrevería a decirle a quien sí le gusta: “Esa manifestación es errada”. En esta vida todo es dinámico. Si la música fuera estática estaríamos destinados a permanecer en un museo esperando a que nos visiten en lugar de salir a conquistar el mercado. A mí no me gusta el urban dance, no es mi onda, pero no puedo ser ciego en reconocer que a muchos jóvenes sí. ¿Qué pasaría si por medio del urban dance la marinera norteña ganara más aficionados? Este fin de semana pocos pensaron en ello, y solamente se dedicaron a criticar. Lo más curioso es que Vania Masías ha hecho mucho más con su trabajo por la danza que muchos de los que la juzgaron premeditadamente. Es el precio que pagamos los que proponemos algo. Siempre estaremos expuestos a la crítica. Como siempre sostengo, prefiero hacer y que me critiquen a llevarme bien con todos por no hacer nada.

Finalmente, nadie puede negar que la marinera norteña se ha vuelto un negocio. La enorme cantidad de dinero que rodea los concursos, propagandas y auspicios es evidente. ¿No será también que esta propuesta tocó carne y muchos salieron a defender un producto rentable? Díganme ustedes: ¿qué es marinera pura? Y sobre eso vuelvan a hacer una evaluación de juicio.

El lunes, después de la avalancha de críticas circuló un video en el que la protagonista hacía uso de su derecho de defensa. Lo normal es que, interpuesta la demanda, el juez corra traslado al demandado para que conteste. Solo después de ello se juzga. En este caso, la sentencia llegó antes del contradictorio haciendo este un juicio sumarísimo sin las garantías del debido proceso. Y aquellos que defienden “la tradición”, bien por ellos. Es un reto ser tradicionalista y masivo a la vez. A la competencia se le hace frente con calidad en el producto y no con críticas desde el teclado de una computadora.




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