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Año de la Universalización de la Salud
LUNES 30

de marzo de 2020

Custodios de la muralla

Los espacios arqueológicos son vistos como lugares para visitar y conocer en museos, sin embargo, una innovadora propuesta vecinal llevada adelante por una comunidad en Comas permite ver que el trabajo artístico cultural ayuda a poner en valor espacios que permanecieron abandonados por siglos.

14/2/2020


Suplemento Variedades


Texto y foto Renzo Chávez

En medio del creciente Lima Norte, por la frontera de los distritos de Comas y Carabayllo, se encuentra establecida desde hace aproximadamente siete siglos la muralla de Tungasuca, un resto arqueológico que se ha sabido conservar pese al impacto del tiempo.

Este espacio importante, con gran valor histórico, se encontraba en el abandono hasta que la iniciativa de los vecinos de la zona, junto a agrupaciones y colectivos culturales, propició los trabajos para devolverle el cuidado que le corresponde.
De esta forma, hoy en día el vecindario disfruta de talleres gratuitos impulsados por un grupo de jóvenes artistas que se unieron por una causa común: que la sociedad valore y aprecie la muralla.

Rastro histórico

Los trabajos desarrollados por investigadores independientes y, más recientemente, la asociación Yachay Investigación Histórica y Desarrollo Social (Yihdes), han expuesto que la muralla de Tungasuca fue construida por los Colli, que se establecieron en las vertientes del río Chillón, en el periodo Intermedio Tardío (1000-1400 d.C.), cuando las culturas costeras de Lima combatían por el control del agua y tierras para la agricultura.

Como es natural entender, la muralla de Tungasuca es solamente un pequeño fragmento de lo que era originalmente, puesto que esta comenzaba en la ladera de Cerro Zorro y continuaba su trazo bordeando la Fortaleza de Collique hasta el río Chillo´n.

El diseño, propio de las culturas de aquella época, es más ancho (3 metros) y de gran altura (de hasta 5 metros, según explican algunas fuentes bibliográficas), porque tenía la función de defender el espacio habitado por la cultura Colli. Posteriormente sería usada con los mismos fines por los Yschma y, durante el imperio, por los incas hasta la llegada de los españoles.

Durante siglos sufrió los embates del tiempo, hasta que comenzaron a asentarse los vecinos de lo que actualmente es la zona de San Felipe (Comas).
Cuando se comenzó a poblar el vecindario, hace alrededor de 40 años, los vecinos usaban las bases de la muralla como el jardín familiar, sin percibir el daño que esto le generaba.

Con la junta vecinal del Jr. Sur Perú comienzan los primeros esfuerzos por reconocer formalmente el valor histórico de la muralla, sin embargo, el aletargamiento de la burocracia generó que desistieran en este intento, pero no en su lucha por revalorizar el espacio.

Por ello, la junta, que adquirió el nombre de “Vecinos de la muralla de Tungasuca”, en trabajo conjunto con la Comisaría de Santa Isabel, inició jornadas de limpieza pública en la muralla y alrededores, para comenzar a mostrar el valor social que un resto histórico tiene para su entorno.

Hace algunos años la asociación Yihdes comienza sus trabajos de investigación y excavación –llegando a descubrir restos arqueológicos que tiene en custodia– tomando el liderazgo en la zona hasta diciembre del año pasado, cuando concluye su trabajo permanente con una jornada de limpieza pública junto a un gran acto artístico cultural.

Arte para revalorizar

En esta fecha, un grupo de artistas amigos se apersonó por la iniciativa y convocatoria de la asociación, participando del acto que consistió, entre otras cosas, en un gran pasacalle con música y danzas típicas.

Este grupo de artistas amigos vio la oportunidad de impulsar su trabajo gracias a la semilla que dejó Yihdes. “Lo que básicamente somos es un proyecto en que participan diversas agrupaciones culturales con la finalidad de dar talleres orientados al cuidado y puesta en valor de la muralla de Tungasuca”, comenta Edson Ozejo, impulsor de este proyecto, e integrante del colectivo Kaypi.

Este trabajo genera resultados diversos que contribuyen a la comunidad y cada uno de sus integrantes, desde el descubrimiento de habilidades propias hasta el desenvolvimiento o interacción frente a otras personas de su propio entorno.

Como explica Alain Rodríguez, instructor de rap, ritmo y poesía: “al hacer actividades en grupo de forma lúdica podemos hacer un ambiente agradable en que podemos reírnos, en que nos atrevemos a rimar con cosas cotidianas, que son importantes individualmente”.

De esta forma, este grupo libre de artistas (que también representan a diferentes agrupaciones culturales individualmente) fortalece los valores comunitarios y la identidad de las personas para que así puedan valorar la riqueza patrimonial que tienen en la muralla de Tungasuca.

Labor comunitaria

El trabajo impulsado por la junta “Vecinos de la muralla de Tungasuca” trasciende el esfuerzo individual pues, como explica su coordinador, Michael Quispe, los logros obtenidos llegaron gracias al esfuerzo de los vecinos con sus aliados estratégicos. Es así como ahora los colectivos Kaypi, Onda Cloun, entre otros, pueden desarrollar estos talleres que enriquecen a la sociedad.