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Año de la Universalización de la Salud
VIERNES 3

de abril de 2020

Un descendiente de Alcedo

El charango ha llegado a los escenarios más exclusivos de Europa gracias a sus cultores, entre los que figura el chosicano César Aguilar Alcedo, músico autodidacta residente en Finlandia, que tiene tres discos en su haber.

14/2/2020


Suplemento Variedades


Texto María Luz Crevoisier

Desde el viejo puente de Chosica, mirando al río Rímac, César Aguilar seguramente se inspiraría en las tonadas de la música autóctona peruana y los rumores peregrinos de las aguas pudieron sonarle a melodías que, atravesando los siglos, llegaron hasta “la hermosa villa del sol” para ser recogidas en un pentagrama.

Como confiesa Aguilar, lleva la música en la sangre por ser descendiente de José Bernardo Alcedo, uno de los compositores del Himno Nacional. Las únicas clases libres que tomó fueron con varios maestros y en diversos instrumentos de cuerda, percusión y teoría, y ha experimentado con la música de los sikuris en las comunidades de Surimanta y HojMaya de Perú (Puno) y Ayllu Chakana de Bolivia. En su currículum vemos que hace música para videos, cuentos y tiene un canal cultural en YouTube con el nombre de Finlandino Pletórico.

De vuelta a Lima

Participó recientemente en una reunión del centro cultural Mansión Eiffel (jirón Ucayali 170, Centro Histórico de Lima), que este importante círculo realizó para conmemorar la presencia y persistencia cultural de Lima Ichma-Inka. En la reunión presentó su tercer disco como solista Gotas de lago, Umaru Waqaychañani (Honrando al agua), grabado en el Perú, Finlandia y Suecia. Los anteriores fueron J’acha (2015) y Jilawqi (2017). Ese día interpretó su nueva composición musical “Ceviche nuestro”, con arreglos del productor Javier Lazo.

Además, ejecutó dos piezas inéditas de su architatarabuelo: “La cora” y “La chicha”, compuestas en el siglo XIX.

Se dice que el charango, es la modificación mestiza de la mandolina y la vihuela  europea y que, al llegar al sur del nuevo continente, tomó nueva forma y nombre, después de su segundo nacimiento en alguna picantería de Puno o Potosí. 

Está constituido por diez cuerdas simples, casi siempre en cinco órdenes y juegos. Su aparición se ubica entre el siglos XVI y XVII, pero recién se dio a conocer en el siglo XIX. 

El charango no es de una sola clase, tiene diversos nombres de acuerdo con el número de sus cuerdas. César Aguilar nos dice que utiliza el hatun charango, que es un instrumento cordófono. Técnicamente es un charango mayor ampliado en dos o tres cuerdas graves; es decir, de seis o siete órdenes afinado. Fue creado y desarrollado por el peruano Fernando Tarazona, músico, compositor y lutier, y construido en el 2001 por Fernando Luna en Lima.

“Resido en Finlandia, porque me dio muchas posibilidades y actualmente soy presidente de la asociación cultural Kulkijat ry, que se dedica a la educación con las artes. El año pasado llevé el sikuri y el charango por Noruega, Dinamarca, Portugal, Austria, Alemania”.

Aguilar, también experimenta con la cerámica y en el área del diseño ha creado sus instrumentos de inspiración precolombina, pero respetando su semiótica y la mayoría son destinados a la música. “Tuve una serie de instrumentos calendáricos Paracas como relojes solares y de joyas. Grabé música de muestreo y melodías con la cerámica sonora. Cuando me presento con otros músicos, improvisó algo usando loops (ciclo en programación), lo que me permite en tiempo real grabar y hacer una demostración de los huacos sonoros. Es una experiencia única e irrepetible”.