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Año de la Universalización de la Salud
MARTES 7

de julio de 2020

ERNESTO CARDENAL

El sacerdote reivindicado

El sacerdote Ernesto Cardenal fue hijo de un tiempo convulso en la Iglesia católica a finales del período de la Guerra Fría. Demócrata consecuente, que lo llevó a ser separado del sandinismo y de sus funciones sacramentales.

12/3/2020


Fabián Vallas Trujillo

fvallas@editoraperu.com.pe

La reciente desaparición física del poeta y sacerdote Ernesto Cardenal trae un debate acerca del papel que ejerció en la esfera de la política. Son muy pocos los clérigos activos que han aceptado cargos políticos como el nicaragüense, que se desempeñó como ministro de Cultura entre 1981 y 1990.

Y más interesante es que fue un religioso marginado de sus actividades y luego reivindicado por el Vaticano, la misma institución que lo apartó de sus funciones. Antes de morir, Cardenal fue reconocido por su labor.



El contexto

El poeta, dos veces nominado para el Nobel de Literatura y ganador del premio Reina Sofía, se consagró sacerdote en 1965, cuando Centroamérica comenzó a ser uno de los “puntos calientes” de la Guerra Fría.

A diferencia de los países que habían experimentado una reforma agraria, América Central, con la excepción de Costa Rica, todavía conservaba el modelo tradicional del latifundismo. Diversas dictaduras militares mantenían sus privilegios en Nicaragua, El Salvador, Honduras.

Esta situación se hizo insostenible entre los campesinos que demandaban tierra y democracia. Aunque también se debe reconocer el interés de la Unión Soviética y Cuba de expandir su área de influencia en dicha región para crear más problemas a Estados Unidos, que también se enfrentaba a la Unión Soviética en otras partes del mundo.

En este contexto, Cardenal se ordenó y, a los pocos años, se adhirió a la doctrina de la Teología de la Liberación.

Marxismo

La Teología de la Liberación –que tuvo como uno de sus principales representantes al sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez– sostenía que la Iglesia debía tener una acción preferencial con los pobres y no debía ser indiferente ante las injustas estructuras sociales del país.

Inmediatamente, la alta cúpula del Vaticano acusó a sus principales seguidores, entre los que se encontraban el brasileño Leonardo Boff, Gutiérrez y el mismo Cardenal, de estar influenciados en su análisis del marxismo. Y aquí nace el debate, ¿se necesitaba una doctrina marxista para diagnosticar la situación de pobreza y marginación que vivía América Central en la década de 1970? Evidentemente no, solo se requería un simple análisis de las ciencias sociales.



Violencia

Otra polémica nace cuando Cardenal abraza al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). El sacerdote apoya moralmente la lucha armada contra la dictadura de Anastasio Somoza, pero no combate en forma directa, como el sacerdote colombiano Camilo Torres, quien luchó y murió en el denominado Ejército de Liberación Nacional (ELN) en 1966.

¿El cristiano puede tomar un fusil para combatir una dictadura? Hay varias respuestas, pero la más generalizada es que se deben cumplir algunas condiciones: no tendría que haber otra alternativa, respetar el derecho humanitario, no originar un régimen peor que el que se vive.



El ministro

Desde el púlpito, Cardenal apoyó a la revolución sandinista y luego de su triunfo se integró como ministro (1979-1990). Uno de los incidentes más conocidos con el Vaticano fue cuando el papa Juan Pablo II lo reprochó públicamente por no renunciar al cargo político en 1983. Dos años más tarde, esto le significó la suspensión a divinis para celebrar misas y otras obligaciones sacramentales.

Eran tiempos en que la lucha política se trasladó a la religión en Centroamérica. El gobierno estadounidense de Ronald Reagan apoyó con decenas de millones de dólares a los contras revolucionarios y a las iglesias evangelistas para combatir el avance de la iglesia progresista.






Años más tarde, el deseo del presidente nicaragüense, Daniel Ortega, de concentrar mayor poder no solo aleja a Cardenal, sino que también lo convierte en su principal enemigo político. Aseguró que el gobierno “no es de izquierda, ni sandinista, ni revolucionario, sino simplemente una dictadura familiar”. Esto lo convirtió en un perseguido político.

Reivindicado

Tras el fin de la Guerra Fría, y décadas después, los nuevos vientos que trajo el papa Francisco hicieron que se revoque la suspensión a divinis que recaía sobre Cardenal y que se reconozca el papel de la Teología de la Liberación en la iglesia latinoamericana.

En el terreno político, no le fue tan bien. En la misa de defunción, un grupo de partidarios de Ortega interrumpió la ceremonia para gritarle “traidor”.

Cardenal fue un gran ejemplo de consecuencia, que no escatimó todos sus esfuerzos para construir el paraíso en nuestro mundo y siempre combatió todo tipo de gobiernos autoritarios, ya sea los militares o aquellos conformados a nombre de la lucha de los pueblos.






Entrevista a Juan Velit Granda

El espíritu religioso revolucionario

Testimonio del internacionalista que conoció personalmente a Ernesto Cardenal en 1979.

¿Cuál fue el significado del papel de Ernesto Cardenal en la revolución nicaragüense?

–Él fue una de las piezas claves del proceso revolucionario contra la dictadura de Anastasio Somoza. El poeta fue el espíritu religioso de la revolución sandinista.

Ciertamente, se distanció del FSLN cuando Daniel Ortega comenzó a dar señales claras de ser un dictador al distanciarse de los ideales de justicia social y concentrarse en prolongar su permanencia como gobernador supremo y absoluto de Nicaragua.

–En el contexto de la década de 1970, ¿cómo se podía justificar que un cristiano tomara las armas contra una dictadura?

–Es necesario aclarar que Ernesto Cardenal no tomó directamente las armas, se puso de lado de los desposeídos, abandonados, agredidos por la Guardia Nacional de Somoza. Él confesaba a los milicianos sandinistas.

–En esa época, los sandinistas estaban influenciados por los grandes cambios del Concilio Vaticano II y de la Teología de la Liberación…

–Tuve la oportunidad de escuchar personalmente a Ernesto Cardenal hablar de la Teología de la Liberación porque viajaba en forma constante a Costa Rica y yo trabajaba en la universidad de dicho país.

Todos estos factores coadyuvaron a crear el espíritu sandinista. Cardenal tenía una parroquia en las islas de Solentiname, y hablaba mucho sobre las reflexiones de Gustavo Gutiérrez.

–¿Qué opina de las sanciones del Vaticano a Ernesto Cardenal, como el de prohibirle celebrar misas?

–Juan Pablo II fue injusto con Ernesto Cardenal y, con el respeto que me merece el papa, creo que también cometió errores cuando decidió visitar el Chile de Augusto Pinochet.

Cuando se le preguntó sobre la violación de los derechos humanos por la junta militar, el sumo pontífice dijo: “Eso déjenselo a Dios”. Juan Pablo II tenía muy impregnado su anticomunismo, ya que su nativa Polonia fue ocupada por los soviéticos.