Casa de la Literatura Peruana, Caslit. Foto: Naomi Tecsi Laura, alumna de la Universidad Tecnológica del Perú.
Casa de la Literatura Peruana, Caslit. Foto: Naomi Tecsi Laura, alumna de la Universidad Tecnológica del Perú.
Mientras afuera, en el centro histórico, el tráfico de la cercana avenida Abancay puede parecer caótico, miles de personas cierran su jornada laboral buscando un respiro y los escolares dejan los cuadernos por un momento para acudir a la Casa de la Literatura Peruana (Caslit). Los más pequeños acuden de la mano de sus madres para envolverse en un mágico mundo de letras.
Este espacio, terminado de construir en 1912, funcionaba originalmente como estación del Ferrocarril Central. Su nombre se debía al templo y al convento de Nuestra Señora de los Desamparados, adyacentes a este espacio hasta 1937, cuando fueron demolidos. A inicios de su historia, nadie podía haber imaginado en lo que se convertiría hoy la antigua estación: un espacio para el saber en pleno corazón de Lima. La gente que viene aquí, al cruzar el umbral del edificio, ingresa a un mundo que les presenta la historia de las letras y escritos de épocas pretéritas y contemporáneas. Ver todo ese registro de cuentos, novelas, poemarios y frases es reconocer que, sin importar el tiempo que pase, tenemos un espacio donde se conmemora la literatura peruana.

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La Caslit es un lugar que desde su creación (en 2008) alberga la memoria de decenas de autores peruanos e impulsa a otras mentes a continuar creando arte con la palabra escrita. Desde la Biblioteca Mario Vargas Llosa, con su impresionante colección y vitrales magníficos, hasta la sala de lectura, se puede sentir el gran peso de la cultura.
También se cuenta con una pequeña pizarra que sirve como registro de transeúntes que recomienda obras y autores favoritos; libros que son esenciales leer. El caudal del río Rímac se hace presente a espaldas de la antigua Estación de Desamparados. Mientras un par de jóvenes sentados en las bancas de madera leen un libro con auténtica devoción, otros trabajan concentrados en sus laptops y unos terceros conversan en pareja, con amigos o con la familia, redescubriendo ese espacio que nos hace recordar el legado histórico que compartimos como peruanos.

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Hoy no es un día cualquiera. Es uno para recordar nuestras costumbres, la promoción de la lectura y el espacio vital que tenemos como ciudadanos. Este rincón consagrado a la literatura, que da registro a nuestra historia y cultura, nos recuerda que somos un país de poetas y narradores. Qué hermoso lugar es la Caslit para reencontrarse con el idioma, reconectar con los libros y recordar que, como cualquier obra de arte, somos un lienzo escribiendo nuestra propia historia.
Caminar por sus pasillos es también un ejercicio de pensamiento crítico: nos invita a reflexionar y a entender que mucho más allá de trabajos rutinarios o de la prisa por cumplir con trámites pendientes, hay un gran universo guardado por letras. Es como un portal mágico a las vivencias de otros, escritas hace siglos o décadas, que cobran vida en aquel ciudadano cada vez que las lee.
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Anuncian el cierre de puertas. Los vigilantes, lentamente, invitan al público a la salida. Es hora de la despedida de quienes hemos visitado la Casa de la Literatura, llevándonos un poco de esa paz que solo el conocimiento puede dar. Las letras nunca mueren si hay un espacio que las guarda con tanto cuidado; un espacio que no solo las conserva en los estantes, sino también las mantiene en la mente y el corazón de cada uno de los peruanos. Al salir, el ruido de la ciudad vuelve a golpearnos; sin embargo, algo ha cambiado: ahora llevamos el fuego de las letras y el legado cultural.
Dato:
- Descargue en este enlace el número 20 del suplemento La Crónica Universitaria.
(*) El suplemento La Crónica Universitaria es una apuesta del Diario Oficial El Peruano y la Agencia de Noticias Andina para poner en valor los textos de periodismo narrativo elaborados por estudiantes de las diferentes universidades de todo el país.
(FIN) NTL/JVV