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Empresa busca cubrir territorio nacional.

italiano destina US$ 20 millones para planta en Cajamarquilla

Perú atrae la inversión industrial extranjera

La iniciativa servirá como una plataforma exportadora hacia Bolivia y Ecuador, según Mapei Perú.
21/09/2026 - 08:30 El Perú se convirtió en una plaza recurrente para grupos industriales que buscan expandirse en Sudamérica. Un déficit de infraestructura que arrastra desde hace décadas –vial, hospitalario, portuario y, sobre todo, habitacional–  funciona como un imán poco convencional.

Mientras otras economías de la región atraviesan estancamiento o retrocesos abruptos, la peruana mantiene una trayectoria de expansión sostenida pese a episodios recurrentes de inestabilidad política, un contraste evidente que los inversionistas industriales leen como oportunidad más que como amenaza.

Presencia

Mapei, el fabricante italiano de químicos para construcción, ilustra bien ese cálculo. La empresa construye simultáneamente cinco fábricas en la región: la segunda unidad en Argentina; la tercera en Colombia y en México; la primera en Brasil; y la segunda en el Perú, con una inversión local de 20 millones de dólares en una planta en Cajamarquilla, en un terreno de 20,000 metros cuadrados, cuya entrega se proyecta para 2027.


Diez años después de instalarse en el país, el grupo decidió en 2024 profundizar su apuesta, en paralelo a compromisos equivalentes en cuatro mercados vecinos.

Aporte

El beneficio para el sector local es importante. En el ámbito logístico, Mapei importa actualmente buena parte de sus productos terminados con tiempos de entrega de entre 60 y 90 días. Ahora la nueva planta, con líneas de morteros, productos elaborados con cemento, arena y agregados peruanos, reducirá ese margen a 72 horas. 

El gerente general de Mapei Perú, Diego Crespo de la Rocha, explica que buena parte de la capacidad, proyectada por encima de 90,000 toneladas de productos secos y 25,000 toneladas de líquidos para los próximos 20 años, apunta a la mediana y gran minería subterránea –el segmento de túneles que exige tecnologías de sellado más intensivas que la minería a tajo abierto–, además de una futura plataforma exportadora hacia Bolivia y Ecuador.

Operatividad

Ese optimismo empresarial, sin embargo, convive con límites concretos que ninguna inversión local disuelve del todo.

Resinas de poliuretano, geomembranas para túneles y fibras de carbono para refuerzo estructural, insumos que actualmente sostienen proyectos como el metro de Lima o la Torre Trecca, seguirán importándose desde Italia y Asia porque la materia prima correspondiente no se halla disponible en la región.

Crespo sostiene además que megaproyectos como la Carretera Central o el Anillo Vial Periférico avanzan a un ritmo a veces errático.

El atractivo macroeconómico del Perú, entonces, no elimina por completo la fricción operativa que enfrenta cualquier fabricante instalado aquí; simplemente la vuelve un riesgo perfectamente asumible frente a un mercado que, décadas de déficit acumulado mediante, sigue demandando cemento, vivienda y túneles sin pausa.

Mapei apostó por esa lectura antes que por certezas políticas de corto plazo, y esa apuesta, más que cualquier discurso oficial, mide cuánto vale actualmente el Perú para un inversionista industrial que mira la región completa. Ese cálculo abre una oportunidad concreta: convertir la escala del proyecto de Mapei en un modelo replicable para otros fabricantes que hoy distribuyen desde plantas extranjeras. 

Acelerar permisos, blindar reglas de juego para nuevas plantas industriales y sostener el ritmo de licitaciones consolidaría al Perú como punto de entrada natural para el capital productivo que observa la región desde afuera.

Estrategia de ventas

Mapei no solo amplía su capacidad instalada en Cajamarquilla, sino que también cambia también su forma de vender. Hasta ahora, concentraba las ventas en proyectos grandes, negociadas con constructoras y mineras.

La estrategia gira hacia puntos de venta de terceros y presentaciones más pequeñas, pensadas para el maestro de obra o el propietario que compra por unidad, no por contenedor. 

Ese giro responde a una tendencia regional clara y creciente del segmento: los fabricantes de químicos para construcción dejan de depender exclusivamente de megaproyectos y persiguen la vivienda informal, un mercado fragmentado, pero mucho más numeroso.

Con distribución ya activa en más de trece regiones del país, Mapei apuesta por capturar un consumo minorista atomizado que, a diferencia de las licitaciones estatales sujetas a vaivenes presupuestales, no depende de ningún ciclo político ni de un solo proyecto de gran escala. 

El cambio exige también una logística distinta: empaques menores implican más unidades transportadas y una red de distribuidores más densa que la necesaria para atender obras puntuales.

Para un fabricante acostumbrado a contratos de volumen con pocos clientes corporativos, atender a miles de compradores individuales exige un músculo comercial tan relevante como la inversión en planta.