Leonor Chávez Rojas, la inmortal Flor Pucarina. Foto: Archivo Histórico del Diario Oficial El Peruano
Leonor Chávez Rojas, la inmortal Flor Pucarina. Foto: Archivo Histórico del Diario Oficial El Peruano
Así, entre vasos de cerveza y multitudes, guitarras y arpas, tinyas y violines, también se fue derechito a la eternidad. Aquel 7 de octubre de 1987 su cuerpo vestido de traje típico de color morado –era devota del Señor de los Milagros, de la Virgen de Cocharcas y el Señor de Chilca– fue acompañado por 40,000 almas, cantando, zapateando, llorándola, desde la Casa del Folclorista, en el distrito de San Martín de Porres, hasta el cementerio El Ángel, en el Cercado de Lima. Una de las paradas que hizo el cortejo fúnebre fue en la Plaza Mayor de Lima, donde el entonces alcalde, Jorge del Castillo, ofreció un homenaje por los 27 años que Leonor Chávez Rojas (1938-1987), Flor Pucarina, le había dedicado a la difusión de la música vernacular.
Con orgullo, desde las butacas de los multicines, los huainos y las mulizas se corean, sufren, celebran: su voz es un cordón umbilical intergeneracional, avivado desde el estreno, este mes, del documental Flor Pucarina, rebelde hasta los huesos (2025), de la directora Geraldine Zuasnabar Ravelo, dedicado a la máxima figura que cantaba con ovarios y sentimiento huanca. También la cantan grupos de travestis. Con sus minifaldas, tacones y uñas pintadas, ellas corean a la Pucarina, pionera de los artistas inclusivos, quien abrió las puertas a la diversidad sexual.

***
¿Acaso la rebeldía estaba en sus genes? “Soy huanca de pura cepa, rebelde hasta los huesos”, guapeaba Flor Pucarina en los primeros segundos de “Mi huaylas”. El periodista Antonio Muñoz Monge, cuyo testimonio también se incluye en el documental, me recuerda que en el país nueve pueblos tienen el nombre de Pucará. Pero aquel pueblito Pucará donde dio su primer berrido Leonor Chávez Rojas, a 20 kilómetros de Huancayo, fue una fortaleza de los Wari que tuvo papel protagónico en la Campaña de la Breña, del Brujo de los Andes, Andrés Avelino Cáceres, contra los invasores chilenos, además de ser cuna del huaylarsh. Pura fuerza y rebeldía hasta los tuétanos.
La “China”, como la llamaban sus cercanos, sabía de la vida dura; por eso cantaba con sinceridad, buscando aquel repertorio con letras que la representaran. A los 8 años llegó con su familia a Lima. A los 10 empezó a trabajar como empleada doméstica, luego vendió tubérculos en La Parada. El distrito de La Victoria sería el enclave de su vida. Ahí se volvería conocida en el desaparecido Coliseo Nacional, una carpa de circo que funcionó hasta la década de 1980.
Dicen que, en Lima, los hermanos Teófilo y Alejandro Galván (promotores de espectáculos de folclor) reconocieron su talento vocal. La joven ya había ganado un par de concursos de canto en Huancayo: lo hacía tan bien que en forma directa empezó a ganar aplausos y muchos soles. El presentador Máximo Alanya la bautizó como Flor Pucarina; y a su hermano, Emilio “Moticha” Alanya, ella le grabó “Airampito” y “Falsía”, este último compuesto en el panóptico El Sexto.
Acurrucaba a las letras de despecho como nadie. Se casó y se separó rápidamente del ayacuchano Humberto “Huachito” Sarmiento. La Pucacha, aunque atractiva, decía que no tenía suerte en el amor.

***
“Déjame nomás”, “Vida bohemia”, “Sola, siempre sola”, “Tú nomás tienes la culpa”, “Golpes de la vida” son algunos de los himnos que eternizó con puro sentimiento. Si bien empezó a grabar discos de 45 RPM en 1960, recién en 1964 pudo concretarse su primer longplay: Éxitos de Flor Pucarina.
Fred Vicente, voz y director de Los Pacharacos, la llevó a la primera sala de grabación que pisó la artista. Se ubicaba en el cine Coloso, en Parinacochas. Porque en La Victoria existía un ecosistema del disco. En este distrito tenían oficinas, salas de grabación y fábricas las cinco discográficas más importantes; además, albergaba a las distribuidoras que enviaban a todo el país el material que definiría la música peruana.

***
Al compositor huancavelicano Juvenal Romero, “el Bohemio de los Andes”, Flor Pucarina le grabó 17 canciones, entre ellas “Huaylas de la alegría” y el inmortal “Oh, licor maldito”. El cantautor discrepa sobre algunos datos de su biografía y discografía. Por ejemplo, dice que ella grabó “Airampito” en 1977, y no en 1960, como afirman otros.
Su fama la elevaba. Flor Pucarina era el platillo de fondo en las giras que hacían los artistas de folclor por todo el país. Su privilegio como estrella era su camerino aparte, adonde llamaba solo a personas de su absoluta confianza. “Nunca salió borracha al escenario ni cantó música mexicana, como dicen”, asegura don Juvenal. Antes de subir al entarimado, se tomaba su cuartito de anisado, que siempre llevaba, para calentar la voz.
En 1980, debutó en el Teatro Municipal de Lima con un espectáculo con butacas llenas. Cantó junto a tres orquestas típicas. La escenografía del teatro imitó una peña de La Victoria, con todo y rockola. En 1983, volvió a ese escenario. Era un tributo al distrito que la vio crecer como artista, donde vivió en casas alquiladas, donde los artistas y los músicos frecuentaban ciertos lugares para comer, brindar, ensayar o escuchar las creaciones de los jóvenes compositores.
Leonor Chávez Rojas falleció el lunes 5 de octubre de 1987, en el hospital Rebagliati. La cantante y compositora huanca, que padecía un mal renal, estaba a la espera de una donación de riñón. El último registro lo hizo meses antes de fallecer. Premonitoriamente, se llamó “Mi último canto”. Después se hizo eterna. Salud, China.
Datos:

- Flor Pucarina, rebelde hasta los huesos se puede ver en: Cineplanet Huancayo, Cinemark Huancayo, Cineplanet Puruchuco, Cineplanet San Miguel, Cineplanet San Juan de Lurigancho, Cineplanet Norte: Cinépolis Plaza Norte; UVK San Martín y UVK El Agustino.
- Descargue gratis la edición completa de Variedades en este enlace.
(FIN) JVV/JVV