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  • de octubre de 2026
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El tapiz de Bayeux es un gran lienzo que narra la Edad Media. Foto: ANDINA/Difusión

Tejiendo la memoria de los pueblos: del tapiz de Bayeux a los mantos Paracas

El tapiz de Bayeux, la gran crónica bordada de la Europa medieval, y nuestros textiles precolombinos demuestran que el arte es una herramienta para preservar la experiencia humana y transmitirla a las generaciones futuras.
Víctor Andrés Urquiaga Periodista
08/10/2026 - La reciente exhibición del tapiz de Bayeux inaugurada en el Reino Unido, con la presencia del rey Carlos III y el presidente de Francia, Emmanuel Macron, constituye mucho más que un acontecimiento cultural. Se trata de un hecho histórico que reúne, después de casi mil años, a una de las obras más emblemáticas de Europa con el territorio cuya historia ayudó a narrar.

Considerado uno de los tesoros culturales más importantes del mundo, este lienzo monumental, bordado en el siglo XI, regresará temporalmente a Inglaterra gracias a un acuerdo de cooperación entre Francia y el Reino Unido. El gesto simboliza la capacidad de la cultura para construir puentes allí donde alguna vez hubo conflictos. 

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El tapiz de Bayeux relata los acontecimientos que condujeron a la batalla de Hastings de 1066 y a la conquista normanda de Inglaterra por Guillermo el Conquistador. Con cerca de 70 metros de longitud, constituye una de las narraciones visuales más extraordinarias de la Edad Media. 

No es solamente una obra de arte: es un documento histórico tejido con paciencia y talento por artesanos que transformaron la memoria de una época en imágenes capaces de atravesar los siglos. 

Lo notable es que la obra relata una guerra y una conquista, pero su retorno a Inglaterra se da en un contexto de amistad y cooperación entre dos naciones que hoy comparten intereses comunes: Francia, custodio histórico del tapiz, y el Reino Unido han convertido un recuerdo de confrontación en una oportunidad de diálogo cultural. Esa transformación contiene una valiosa lección para el mundo contemporáneo: la memoria histórica no debe servir para perpetuar diferencias, sino para comprender nuestro pasado común y fortalecer los vínculos entre los pueblos. 

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Esta reflexión es relevante para América Latina y el Perú en particular. Nuestro país posee expresiones culturales que, aunque diferentes en forma, cumplen una función semejante a la del tapiz de Bayeux: han preservado la memoria colectiva y transmiten relatos que explican quiénes somos. 

Los extraordinarios mantos de Paracas, las llicllas cusqueñas, los tejidos de Taquile y los retablos ayacuchanos son mucho más que manifestaciones artísticas. Son auténticos archivos culturales elaborados por las manos de generaciones de artistas populares que encontraron en el arte una forma de conservar su historia.

Creados hace más de 2,000 años, los mantos Paracas constituyen uno de los mayores logros textiles de la humanidad. Sus complejos bordados, figuras simbólicas y extraordinaria riqueza cromática permiten comprender aspectos fundamentales de una civilización desaparecida. A través de ellos podemos conocer creencias, estructuras de poder, expresiones religiosas y visiones del mundo que de otro modo habrían quedado sepultadas por el tiempo.

De manera similar, las llicllas andinas (cuya recreación sirvió para darle identidad al pabellón peruano en la Expo Dubái, por ejemplo) y los tejidos de Taquile, en Puno, contienen códigos culturales que nos hablan de identidad, comunidad y pertenencia. Cada trama, color y diseño expresan conocimientos transmitidos de generación en generación. Los tejidos no fueron concebidos únicamente para vestir; también funcionaron como vehículos de comunicación social y cultural, capaces de narrar historias y preservar la memoria de los pueblos andinos.


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La comparación con el tapiz de Bayeux resulta inevitable. Si esta célebre pieza normanda constituye la gran crónica bordada de la Europa medieval, los textiles peruanos representan la gran memoria tejida de los Andes. Ambos testimonios demuestran que el arte puede convertirse en una herramienta para preservar la experiencia humana y transmitirla a las generaciones futuras.

Por ello, la importancia de la exposición del tapiz de Bayeux trasciende a Francia y al Reino Unido. Nos recuerda que las obras creadas por manos artesanas son capaces de sobrevivir a imperios, guerras y fronteras. Nos enseña que la cultura es de los patrimonios más valiosos de la humanidad y que cada pueblo posee expresiones artísticas con fragmentos irremplazables de la historia universal.

Cuando admiramos el tapiz de Bayeux, los mantos Paracas, los tejidos de Taquile o los retablos ayacuchanos, observamos más que arte. Estamos contemplando la memoria colectiva. Son relatos tejidos, bordados o modelados que permiten a la humanidad reconocerse a sí misma a través del tiempo. Y esa capacidad de preservar la experiencia humana es, quizás, la mayor riqueza cultural que podemos legar a quienes nos siguen en el camino de la vida.


Dato: 

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(FIN) VAU/JVV