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Leslie Rosas, reportera de televisión. Perfil para La Crónica Universitaria. Foto: ANDINA/Difusión

Televisión. Cobertura noticiosa

Leslie Rosas: de profesión, lechucera

La reportera ha construido su carrera alrededor de las horas en las que la mayoría descansa. A pesar de lo retador del turno, la periodista disfruta de su oficio.
Alumna: Renata Nuñez Centro de estudios: Pontificia Universidad Católica del Perú
27/10/2026 - Hay madrugadas tranquilas y otras, difíciles. Como aquella cuando Leslie tuvo que cubrir la extradición del asesino y narcotraficante “Pequeño J”. El peligroso sujeto estaba resguardado por cuatro policías en un auto, a los que Leslie Rosas esquivó para poder interrogarlo. Siempre acompañada de su camarógrafo y junto a otros reporteros nocturnos, la situación no la intimidó. Fue rápido, pero Leslie estuvo en primera fila para narrar la historia antes de que el Sol saliera.


De noches interminables 

Las jornadas peligrosas las enfrenta Leslie Rosas, de 29 años, todas las semanas, desde la noche del domingo hasta la madrugada del viernes. Es su trabajo, mejor dicho, su vocación. 

Suma tres años dedicada a reportear para la televisión bajo la luz de la Luna. Se inició en el periodismo durante la pandemia del covid-19. Era redactora, y ya empezaba a educar a su cuerpo para descansar durante el día y trabajar de noche. Fue su prueba de fuego en el complicado horario. Mientras ella buscaba el descanso tras la jornada, sus vecinos convertían sus hogares en talleres o gimnasios por el confinamiento, lo que transformaba la hora de dormir de Leslie en una lucha contra el ruido.

Se fueron abriendo puertas, y, tras un proceso de postulación, fue aceptada como reportera nocturna en Latina Televisión. Una vez más, la madrugada era el terreno de la oportunidad. La noche le ofrece un horario fijo, un aspecto que encaja con su personalidad ansiosa.


Amigos y rivales 

Leslie disfruta de la emoción de ser testigo de las infinitas situaciones que ofrece la noche; de esa descarga de energía al cubrir operativos y persecuciones. La noche es también un terreno de confraternidad, lo que ella denomina los “amigos y rivales”. Es un grupo pequeño y leal de reporteros. Aunque muchas veces compitan por una exclusiva, todos se cuidan mutuamente en los rincones más peligrosos y fríos de la ciudad.

Pero en un horario tan retador, las dolencias, tarde o temprano, aparecen. Leslie reconoce que acomodar su vida en torno a la noche puede no ser lo más saludable. El médico ya se lo ha advertido tras tratar sus insoportables dolores de cabeza: este ritmo no es sostenible en el largo plazo. 


En búsqueda del equilibrio

Sus primeros meses fueron angustiantes. Regresaba a casa agotada, pero el calor, el ruido o el sobrepensamiento daban como resultado solo dos horas de sueño. El cansancio era tan profundo que incluso alimentarse quedaba en un segundo plano. Poco a poco, comprendió a su cuerpo.

En las desoladas madrugadas la ciudad cierra sus puertas y algo tan elemental como encontrar un baño resulta una odisea. Mientras sus compañeros hallan soluciones rápidas en cualquier calle apartada, ella ha tenido que dominar la ardua técnica de contenerse hasta que salga el Sol. Asimismo, la dificultad con las fuentes se triplica: debe lidiar con policías que la hacen esperar para, finalmente, no brindar información; o tolerar comentarios machistas que prefiere ignorar.

Nada, sin embargo, se compara con la carga emocional de cubrir tragedias. Leslie intenta mirar lo menos posible las escenas del crimen. Prefiere concentrarse en las historias que hay detrás. 

Aunque ahora lo maneja mejor, los relatos continúan quedándose grabados en su mente. El eco de un derrumbe que sepultó a un niño o el llanto de una familia rota por un parricidio han dejado una marca en esta “lechucera”. 

Muchas víctimas conservan su número y la contactan en busca de un seguimiento que ella, por límites de producción, no siempre puede ofrecer, pero por su vocación nunca deja de intentarlo.

Leslie aprendió a controlar aquellos disparadores de ansiedad. “Pilates, gimnasio… he buscado actividades que me ayuden”, aclara. Entendió lo importante que es buscar actividades que le den calma. 

Su familia también está orgullosa. Leslie creció en un ambiente donde la comprensión y la confianza nunca fueron negociables. Respetan profundamente su independencia y vocación. Aunque exista siempre una cuota de preocupación, verla en el noticiero los hace inflar el pecho de orgullo. 

“Yo nunca he tenido miedo”, dice Leslie con una gran sonrisa. Ella ha logrado lo que muchos ni siquiera quieren intentar: ha convertido el caos de la noche en su rutina, y es espectacular haciéndolo. Acompañada de su equipo y de los reporteros de otros canales, la noche es mucho más ligera. 

A Leslie le gusta lo que hace, pero sabe que este no es el camino que seguirá siempre. Quizás será conductora de televisión u ocupe alguna posición que le ofrezca algo más gratificante. En algún momento dejará de ser testigo de lo que sucede en Lima cuando todos dormimos. Mientras tanto, al despertar, seguiremos viéndola ni bien encendamos nuestro televisor.


Datos: 

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- El suplemento La Crónica Universitaria es una apuesta del Diario Oficial El Peruano y la Agencia de Noticias Andina para poner en valor los textos de periodismo narrativo elaborados por estudiantes de las diferentes universidades de todo el país.


(FIN) RN/JVV