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  • de agosto de 2026
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Las empresas asiáticas han sido fundamentales en la generación de empleo en la región.

impulsan crecimiento económico de América Latina

Inversiones asiáticas se consolidan en la región

Empresas de China, Japón, Tailandia e Indonesia están transformando los sectores productivos de esta parte del mundo con resultados positivos para las poblaciones.
24/08/2026 - 09:00 Las inversiones asiáticas en América Latina se convirtieron en un destacado motor de desarrollo de las economías regionales, especialmente en mercados como Perú, Brasil y Chile. Firmas procedentes de Japón, Tailandia e Indonesia, pero de manera especial de China, contribuyeron significativamente con el crecimiento industrial, pues no solo fomentaron el empleo, sino que también impulsaron el avance tecnológico en la zona.

dólares en inversión directa anunciada entre 2020 y 2025, junto a una aceleración proyectada de entre 35% y 40% en el periodo 2025-2026, las corporaciones asiáticas transforman los sectores energético, minero, manufacturero y de infraestructura de América Latina. Este crecimiento genera oportunidades sin precedentes y complejidades regulatorias, operacionales y comerciales, de acuerdo con un estudio elaborado por la consultora Marsh.

Capitales

“La inversión extranjera directa (IED) proveniente de Asia en América Latina alcanzó niveles históricos.El monto no solo implicó más de 94,000 millones de dólares en IED anunciada entre 2020 y 2025, sino también 62,000 millones de dólares en contratos de ingeniería, procura y construcción (EPC)”, refiere el análisis.

Los de desembolsos de países asiáticos en América Latina se concentran en infraestructura de transporte, como el puerto de Chancay en el Perú, energía, minería de cobre y hierro, explotación de litio, redes de distribución eléctrica y manufactura automotriz.

Del mismo modo, estos capitales impulsaron una transición energética global junto al requerimiento de recursos renovables, fundamentados en un volumen creciente de minerales críticos, como el litio o el cobre, para dinamizar la economía verde.

“El proceso generó además un incremento de capital en cadenas de suministro de vehículos eléctricos, así como una redefinición de rutas logísticas y comerciales tras la pandemia de covid-19”, precisa.

Asimismo, la suscripción de tratados de libre comercio (TLC) con diferentes economías orientales ha sido pieza fundamental para la expansión de la IED en la zona.

Este contexto define la realidad operacional actual, según Marsh. “Compañías asiáticas de escala mundial, muchas de ellas entidades estatales chinas con complejas estructuras de gobernanza, se expanden en mercados cuyos marcos regulatorios, esquemas de seguros y prácticas comerciales son fundamentalmente distintos a los de su origen”, detalla la evaluación de la consultora transnacional.

Desafíos

Pese al destacado incremento de los capitales asiáticos en la zona, los grupos empresariales chinos afrontan diversos retos para lograr su consolidación definitiva.

El primero es la fragmentación regulatoria y el cumplimiento normativo o compliance (conjunto de reglas, procedimientos y buenas prácticas que un negocio adopta para asegurar que sus actividades se adecúan a las leyes y principios éticos), pues cada jurisdicción opera con esquemas legales distintos. Otro reto a tener en cuenta es la desconexión entre la gobernanza corporativa y los riesgos locales, ya que se puede generar una falta de articulación entre la matriz, la subsidiaria regional y los requerimientos de cada territorio.

Un tercer obstáculo es la complejidad de la red de suministro global, pues una interrupción en este flujo significaría un impacto inmediato en los proyectos de América Latina y en los compromisos internacionales, además de traducirse en riesgos de transporte especializado, logística inversa y dependencia crítica de puertos específicos.

Un elemento adicional subrayado por la consultora Marsh es la barrera cultural y comunicativa, pues es preciso considerar las diferencias en las modalidades de decisión corporativa, tales como el consenso frente a la jerarquía o los plazos cortos respecto a los largos.