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  • de agosto de 2026
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Fenómenos climáticos pueden afectar perspectivas económicas de la región.

En América Latina y El Caribe

Moody’s: El riesgo climático reduce la fluidez crediticia

Disrupciones meteorológicas elevarán costos operativos y reducirán los márgenes financieros en la región, analiza la entidad calificadora.
24/08/2026 - 08:30 Las condiciones financieras globales y la volatilidad macroeconómica imponen un entorno restrictivo para los emisores corporativos en América Latina. En esta coyuntura, la atenuación de las presiones inflacionarias y la flexibilización de las tasas de interés de referencia por parte de los bancos centrales configuran un escenario en el que los indicadores adelantados confirman mejores condiciones para la inversión, el consumo y la actividad económica regional.

Asimismo, las expectativas empresariales reflejan confianza para el capital y los negocios en el corto plazo. Sin embargo, la certidumbre temporal de estos datos choca con una vulnerabilidad estructural cada vez más apremiante: la exposición constante a los choques climáticos, la inestabilidad de los flujos de caja y la selectividad del crédito.

Menor predictibilidad

El riesgo climático físico hará que los aspectos operativos y los ingresos resulten menos predecibles, de acuerdo con el informe Condiciones crediticias-América Latina y el Caribe: riesgos relacionados con políticas públicas, el clima y el refinanciamiento crean un entorno crediticio más selectivo de Moody’s Ratings. 

La agencia calificadora señala que la intensificación del estrés meteorológico, asociado a la recurrencia de fenómenos como El Niño, amenaza con alterar la hidrología, el suministro eléctrico, la logística y los procesos industriales en toda la zona.

A medida que el costo del financiamiento se mantiene elevado y los spreads imponen cargas severas sobre el servicio de la deuda, las decisiones de asignación de capex exigen una disciplina rigurosa.

La capacidad del sector privado para absorber disrupciones sin comprometer los recursos líquidos marcará la línea divisoria entre las firmas que sostengan su valor y aquellas que sufran un deterioro en sus métricas de solvencia.

En industrias de uso intensivo de capital, el costo de oportunidad de postergar las obras de adaptación y resiliencia funcional resulta inviable frente a la escala de las pérdidas potenciales.

Este factor introduce una volatilidad constante sobre el margen operativo y dificulta la proyección de los flujos de efectivo en sectores clave para el producto bruto interno (PBI) regional, como la minería, la infraestructura y el complejo agroindustrial.

Frente a la inminencia de eventos extremos que abarcan desde sequías prolongadas hasta precipitaciones intensas, las firmas vulnerables afrontan un incremento en los costos de funcionamiento y mayores necesidades de capital circulante.  En el rubro energético, la menor generación hidroeléctrica obliga a recurrir a fuentes térmicas más costosas, comprimiendo los rendimientos comerciales.

A su vez, los activos de transporte y logística sufren interrupciones que afectan el comercio y elevan las primas de reaseguro. La acumulación de estos choques repercute de forma directa en el apalancamiento financiero y limita la holgura de los emisores para gestionar sus vencimientos de deuda.

Esta dinámica exige una revisión profunda de la asignación del gasto de capital. La incorporación de tecnologías adaptativas y el refuerzo de la estructura física ya no constituyen elementos discrecionales, sino imperativos de sostenibilidad crediticia. 

Las empresas con alta concentración de activos en áreas propensas al estrés hídrico o a inundaciones deberán recalibrar sus modelos financieros para integrar el impacto de paradas no programadas y retrasos en la distribución.

Costos de refinanciamiento

Aquellas instituciones que no logren anticipar estas disrupciones experimentarán una rápida contracción en su generación de caja funcional, lo que encarecerá aún más sus costos de refinanciamiento en los mercados internacionales. Por otro lado, la interacción entre el riesgo climático y el entorno normativo complica el panorama estratégico para las corporaciones regionales. 

Las autoridades regulatorias y los gobiernos locales elevan sus exigencias en materia de permisos ambientales y uso de recursos naturales, especialmente en actividades extractivas e industriales de gran escala. El mayor celo fiscalizador amplía el plazo de ejecución de nuevos proyectos e incrementa los gastos de cumplimiento, añadiendo fricciones a la rentabilidad del capital invertido.

En consecuencia, los emisores se ven forzados a balancear la urgencia de mantener la eficiencia operativa con la necesidad de alinearse con reglas ecológicas cada vez más estrictas. El impacto sobre el sector financiero también resulta determinante dentro de esta ecuación de riesgo. A medida que los eventos climáticos deterioran la capacidad de pago de los prestatarios en segmentos cíclicos y rurales, los sistemas bancarios enfrentan un alza en los índices de morosidad.

Esta situación obliga a las entidades bancarias a elevar sus provisiones y limitar la concesión de nuevo crédito, profundizando la selectividad del fondeo corporativo. Las empresas que no demuestren una gestión ambiental proactiva verán restringido su acceso al financiamiento tradicional, quedando expuestas a esquemas de capital sustancialmente más gravosos.

Ventaja

En este entorno convulso, la capacidad de diversificación operativa y comercial se erige como una ventaja competitiva fundamental. Los grupos corporativos con presencia geográfica multirregional y portafolios de productos variados cuentan con un margen superior para mitigar las pérdidas generadas por desastres locales.

A su vez, los activos de transporte y logística sufren interrupciones que afectan el comercio y elevan las primas de reaseguro. La acumulación de estos choques repercute de forma directa en el apalancamiento financiero y limita la holgura de los emisores para gestionar sus vencimientos.

La penetración del reaseguro y los instrumentos de transferencia de riesgo desempeñan una función crucial pero restringida.  Si bien la cobertura de seguros ayuda a absorber pérdidas patrimoniales ante eventos catastróficos, la creciente frecuencia de desastres naturales impulsa un ajuste al alza en los deducibles y las primas.

Este encarecimiento reduce la protección neta efectiva y deja descubiertas brechas de resguardo económico significativas que deben ser asumidas directamente por el balance de las empresas, mermando su liquidez de corto plazo. Asimismo, las dinámicas del comercio global imponen presiones adicionales sobre la resiliencia de la cadena de suministro regional.

La volatilidad en las tarifas de flete y las interrupciones en rutas logísticas clave, derivadas tanto de factores climáticos como geopolíticos, incrementan los costos de insumos importados y materias primas. Las empresas exportadoras deben asimilar estas alzas sin perder competitividad en los mercados internacionales, lo que erosiona sus márgenes brutos y demanda una gestión de inventarios mucho más sofisticada y costosa.

La calidad del gobierno corporativo se convierte en el diferenciador definitivo en momentos de alta incertidumbre.

La toma de decisiones financieras conservadoras, el mantenimiento de niveles adecuados de liquidez y la transparencia en la divulgación de riesgos son aspectos valorados de forma rigurosa por los acreedores.

Las compañías con marcos de gobernanza débiles o políticas de dividendos agresivas enfrentan un castigo inmediato en los mercados de capitales, traducido en rebajas de calificación crediticia y ampliación de los spreads de sus bonos.

Fondeo

El acceso al financiamiento sostenible y a los bonos etiquetados ofrece una vía alternativa de fondeo, aunque su aprovechamiento requiere estándares elevados de validación y métricas claras de impacto. Aquellos emisores capaces de estructurar proyectos con objetivos de adaptación climática verificables pueden atraer capital especializado en condiciones competitivas.

Sin embargo, este mercado exige un compromiso real y continuo, desaconsejando las prácticas de mitigación superficiales que pueden derivar en severos riesgos reputacionales y legales. En el mediano plazo, la reconfiguración de la matriz productiva regional dependerá del ritmo al que se desplieguen las inversiones en infraestructura verde y redes energéticas resistentes. La colaboración entre el sector público y el privado mediante alianzas estratégicas resultará indispensable para financiar obras de gran envergadura que protejan los activos locales.

Sin una coordinación institucional efectiva, el costo económico de los eventos meteorológicos continuará restando competitividad a la zona frente a otros mercados emergentes.

En ese contexto, la preservación de la liquidez corporativa y una gestión prudente de la estructura de capital se consolidan como los pilares absolutos de la estabilidad crediticia.

Las empresas que logren integrar la variable ambiental en sus políticas de gobierno corporativo y mantengan esquemas de cobertura adecuados estarán mejor preparadas para amortiguar la volatilidad sin arriesgar la calidad de sus balances.

La transición hacia un mercado crediticio más selectivo exige que los gestores prioricen la resiliencia operativa y la eficiencia en la ejecución de proyectos, garantizando que el capital privado actúe como un escudo efectivo frente a la incertidumbre climática.

Fuerza laboral

La evolución de las condiciones crediticias influye directamente en el sector laboral regional. Aunque la moderación de la inflación dinamiza la contratación en actividades de consumo, el incremento en la morosidad de los hogares aconseja cautela.

De acuerdo con Moody’s Ratings, la creación de empleo mantendrá una trayectoria de desarrollo moderado, supeditada a la capacidad de las unidades productivas para sostener su penetración de segmento y proteger sus márgenes operacionales sin trasladar presiones desmedidas al mercado de trabajo ni afectar su rentabilidad dentro de un entorno financiero selectivo.

Las empresas que busquen preservar su capital humano deberán equilibrar la eficiencia en sus costos con la retención de talento clave, asegurando la continuidad funcional frente a choques externos y garantizando la resiliencia de su estructura organizativa ante la volatilidad de los ciclos económicos de la zona, detalla.