• DOMINGO 5
  • de abril de 2026

Opinión

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Reflexiones

Celebremos la vida

Verónica Coello Moreira

Comunicadora social y escritora

Hace poco celebramos el cumpleaños 40 de una querida amiga. En la reunión estábamos mujeres diversas, tanto en edades como nacionalidades; fue divertido e interesante y, mientras disfrutaba del atardecer, empezamos a conversar sobre temas comunes entre mujeres de más de 35 años, como el bótox y las cirugías. Todavía no me he hecho nada en la cara, aunque no lo descarto. Escuché sobre los mejores doctores, tratamientos alternos como ácido hialurónico y muchas cosas más en esa línea que no logro recordar.

Mientras el diálogo continuaba, me quedé pensando que todas estas acciones relacionadas con la belleza o vanidad son un intento de retrasar el paso del tiempo y retener, de alguna manera, la juventud porque sentimos la vejez como antesala de la muerte, pero descubrí que mi gran temor no es morir, sino despertarme un día y no reconocer a la mujer en el espejo.

Tengo miedo de volverme una persona que no refleje por fuera lo que siento por dentro. No quisiera encontrarme con una cara envejecida por problemas, vencida y rendida esperando el final de la vida; tal vez el bótox ayuda a que las arrugas no invadan el espacio destinado a mostrar frescura, lozanía y juventud, pero los minutos, las semanas, los años y los daños siempre dejarán huella y, tal vez, no sea necesario esconderlos, sino asumirlos, de la misma forma que las alegrías, risas y carcajadas, todo marca, todo suma.

Creo que todo es una cuestión de actitud. Tengo 45 años y siempre digo que no soy ni pretendo ser “como dos de veinte”, tengo algunas libras de más, cicatrices, he tenido momentos de muchísima tristeza, me he sentido absolutamente sola y también he sido extraordinariamente feliz. La vida nos regala constantemente una vorágine de situaciones y emociones que nos dejan canas, arrugas y estrías, como recordatorio de que estamos vivos.

En consecuencia, mientras el sol desaparecía y los ánimos se encendían en fiesta, me fijé que, pese a la conversación sobre el paso del tiempo, todas bailaban, sonreían, se tomaban fotos, disfrutaban el momento y celebrábamos la vida. Estoy convencida de que lo importante siempre será tener un motivo para sonreír, siempre hay uno, solo hay que detenernos para encontrarlo a pesar de la adversidad.

Por último, es necesario tener presente que no podemos detener el paso del tiempo, pero sí podemos cambiar la postura frente a esta situación. Nuestra cara es el reflejo de lo que somos, así que más allá de cirugías que son siempre optativas, prefiero recordar que todo termina más rápido de lo que pensamos y es necesario valorar los minutos que respiramos. Comparto las palabras de Stefan Zweig: “La vejez no significa nada más que dejar de sufrir por el pasado”, así que comprendí que para dejar de temer por la vejez es necesario confiar en que lo mejor está por venir.

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