Central
José Antonio Vadillo Vila
jvadillo@editoraperu.com.pe
Chavos y Quicos de la más famosa vecindad latinoamericana; una serena Pantera Rosa; un puma y una oveja de tamaños naturales; por allá, sonríe el sheriff Woody de Toy Story, saluda el monosilábico Groot y un pequeño elefante mira con ojos de ternura.
Provisto de una cuchara común y corriente, Ever Rodríguez Prado va dando forma a estas figuras. La pasta, que es el magma de sus criaturas, es un combinado resultante de las jabas de huevo remojadas en agua y mezcladas con cola de madera que chanca, remueve y almacena en un balde de pintura.
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Como un alumno del viejo Gepetto, poco a poco, con el estoicismo propio de artistas, el hombre, provisto de su cuchara e ingenio en abundancia, va rellenando el armazón hecho con trozos de madera y alambres convirtiendo la masa informe en seres de fantasía.
Y todo sucede en un lavadero de carros del distrito de Puente Piedra, donde Ever se gana la vida limpiando autos.
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Cuando era niño, el esmirriado artista –que nació en Santiago de Chuco y se crió en el distrito trujillano de Moche– empezó a trabajar con el barro. Acompañaba a su papá al trabajo y trataba de hacer con el lodo pequeñas esculturas pequeñas, “que no era buenas”, pero le servían para jugar.
Hace siete años se mudó a la capital y, en el 2019, empezó a trabajar con material reciclado en ese car wash de Puente Piedra, donde le han dado laburo y cobijo.
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Primero, recuerda, lo de moldear figuras a partir del material reciclado fue solo “una idea”. Luego, “un impulso grande le llevó a poner las manos en la masa (literalmente) y crear a los “muñequitos”, como los llama.
Como miles, el inicio del estado de emergencia tomó a Ever desprevenido. Tenía cien soles en el bolsillo para que él, su esposa y su pequeña hija sobrevivieran durante esos primeros 15 días de la cuarentena.
La oportunidad que le dieron para lavar carros y vivir en un cuarto que le han dado ahí mismo se lo agradece al señor Carlos, el dueño del negocio. “Este trabajo ha sido mi salvavidas durante todo este tiempo”, dice.
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Pero, a la vez, en medio de la pandemia y el panorama de nubes negras, la idea de crear esculturas de figuras populares persistía. Total, talento le sobraba.
Así, entre detergentes, esponjas y trapos, sacando lustre a autos, dijo: “Eureka”. Ever se dio cuenta de que todo aquello que se encontraba y botaba (plásticos, botellas PET, pedacitos de madera, alambres), él podía juntarlos y darles un uso artístico.
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“De lo que botan, yo lo hago un arte”, explica el artista. “Quiero que sepas que todo el 80% de lo que uso es material reciclado. Solamente le estoy incluyendo el pegamento, la cola de madera, para juntar todos los ingredientes que utilizo”.
Al ver sus trabajos, las personas le han donado jabas de huevos y otros materiales. Pero lo más costoso, dice, es el pegamento, la cola para madera. La ilusión de Ever es que alguien pueda ayudarlo y donarle este material para continuar haciendo realidad sus sueños.
“El objetivo no es lucrar, sino ser admirado y rescatar lo que botan los señores”, dice este artista norteño. Trabaja limpiando autos para mantener a su familia, pero el arte es su esencia y a diario se da un tiempo para crear sus “muñequitos”.
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¿Qué sueña este artista? “El esfuerzo es para dar el mensaje que podemos hacer otras cosas”.
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Y Ever sueña con crear un parque temático con sus esculturas, de personajes históricos del Perú. Está dispuesto a poner su talento a disposición para tal fin. Un parque temático, sueña en voz alta, que funcione como atractivo para los turistas.
Una niña vestida de princesa se acerca y juega entre las esculturas. Es su hija. A ella también le enseña cómo trabajar la masa para crear sus propios juguetes, tal como él aprendió, a la vez, de su padre el arte de dominar el barro y hacer pequeños muñecos.
Si quieren ayudar a este artista, con cola de madera, o comprarle sus trabajos, pueden buscarlo en Facebook como Ever Rodríguez Prado.