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DOCUMENTOS HISTÓRICOS

Partes oficiales de los sucesos del Combate de Angamos

Reproducimos los informes elaborados por el teniente primero Pedro Gárezon, el primer ingeniero Samuel Mac Mahon y el capitán de fragata Manuel Melitón Carbajal, publicados originalmente en El Peruano el 3 noviembre de 1879, dando parte de los sucesos del Combate de Angamos.

I

Comandancia Accidental del Monitor “Huáscar”

Antofagasta, octubre 10 de 1879

A bordo del vapor “Copiapó”

Señor Capitán de Fragata don Manuel Melitón Carbajal

S. C:

Tengo en honor de poner en conocimiento de Ud. los hechos ocurridos a bordo del monitor “Huáscar” durante el combate que sostuvo éste con los blindados chilenos “Blanco Encalada” y “Cochrane” y goleta “Covadonga” el 8 del actual frente a Punta Angamos, y después de la lamentable pérdida del señor Contralmirante don Miguel Grau, de haber Ud. caído herido y muerto el 20 comandante Capitán de Corbeta don Elías Aguirre, el oficial del detall don Diego Ferré, Teniente 1° y el de igual clase don José Melitón Rodríguez.

En este momento el “Huáscar” se encontraba sin gobierno por tercera vez, pues las bombas enemigas, penetrando por la bobadilla habían roto los aparejos y cáncamos de la caña, lo mismo que los guardines de combate y varones de cadena del timón. Estas bombas al estallar ocasionaron por tres veces incendio en las cámaras del comandante y oficiales, destruyéndolas completamente. Otra bomba había penetrado en la sección de la máquina por los camarotes de los maquinistas, produciendo un nuevo incendio y arrojando los mamparos sobre los caballos que pudieron continuar en movimiento por haberse aclarado con la debida actividad de los destrozos que cayeron sobre ellos. También tuvimos otros dos incendios, uno bajo la torre del comandante y el otro en el sollado de proa.

En este estado y siendo de todo punto imposible ofender al enemigo, resolví de acuerdo con los tres oficiales de guerra que quedábamos en combate, sumergir el buque antes de que fuera presa del enemigo, y con tal intento mandé al Alférez de Fragata don Ricardo Herrera para que en persona comunicara al primer maquinista la orden de abrir las válvulas, la cual fue ejecutada en el acto, habiendo sido para ello indispensable parar la máquina, según el informe que acompaño de dicho maquinista.

Eran las 10.10 a. m. cuando se suspendieron los fuegos del enemigo. El buque principiaba ya a hundirse por la popa y habríamos conseguido su completa sumersión, si la circunstancia de haber detenido el movimiento de la máquina no hubiera dado lugar a que llegaran al costado las embarcaciones arriadas por los buques enemigos, a cuya tripulación no nos fue posible rechazar por haber sido inutilizadas todas las armas que teníamos disponibles. Una vez a bordo los oficiales que la conducían, obligaron a los maquinistas, revólver en mano, a cerrar las válvulas, cuando ya teníamos cuatro pies de agua en la sentina y esperábamos hundimos de un momento a otro; procedieron activamente en apagar los varios incendios que aún continuaban y nos obligaron a pasar a bordo de los blindados junto con los heridos.

[…] Antes de concluir; creo de mi deber manifestar, que todos los oficiales y tripulantes del buque se han distinguido por su entusiasmo, valor y serenidad en el cumplimiento de sus deberes.

Debo manifestar igualmente que cuando los oficiales y tripulación de los botes subieron a la cubierta del buque, encontraron el pico caído por haberse roto la driza de cadena que lo sostenía, de manera que el pabellón que pendía de él y que había sido izado por segunda vez, se encontraba en la cubierta, cuya circunstancia hice notar al teniente 1° señor Toro del “Cochrane” y a otros oficiales cuyos nombres no recuerdo.

Todo lo que tengo el honor de poner en conocimiento de Ud. para los fines a que haya lugar.

Dios guarde a Ud. señor Comandante

Pedro Gárezon

II

Al ancla, Antofagasta, octubre 10 de 1879

A bordo del vapor “Copiapó”

Al Comandante Interino del Monitor “Huáscar”

Señor:

En cumplimiento de mi deber; tengo el honor de presentarle el informe de lo acontecido en la sala de máquinas durante la acción frente a los blindados chilenos y a la cañonera “Covadonga”.

A las 4.00 a. m., recibí órdenes deponer la máquina a máxima velocidad, ya que se divisaba humo a distancia. […]

A las 5.40 a. m., recibí instrucciones del Almirante Grau para reducir la velocidad, la cual, antes de las 8.30 a. m, era de 52 a 54 revoluciones.

Al rededor de las 7.30 a. m., el Blindado “Cochrane” y otros dos buques se avistaron hacia el norte, pero a una distancia en la que sólo se podía ver humo y no muy claramente. Por lo tanto, el Almirante Grau pensó, sin vacilar, que pasaríamos libremente sin necesidad de aumentar la velocidad, por lo que no dio ninguna orden en ese sentido.

A las 8:30 a. m. el Almirante Grau me llamó y después de impartir las órdenes necesarias, me indicó que aumentara unas 3 ó 4 revoluciones. Me dirigí a la cubierta para cerciorarme de la posición de los buques enemigos, percatándome que el Blindado “Cochrane” nos estaba alcanzando. Luego, regresé a la sala de máquinas y di las órdenes convenientes para obtener todo el vapor posible. Dispuse que se cerraran firmemente las válvulas de seguridad para generar mayor presión. Posteriormente, alcanzamos de 25 a 30 libras de vapor, lo cual, con 26 a 27 pulgadas de vacío, permitió dar a la máquina entre 60 y 63 revoluciones. Bajo estas condiciones, si se hubiera tenido los fondos limpios, hubiéramos navegado a una velocidad de 12 ó más en vez de 11, que, en mi opinión, era todo lo que el buque podía dar.

El primer disparo que alcanzó la sala de máquinas, impactó por el costado de babor de mi camarote, rompiendo las lumbreras laterales, arrojándolas contra los cabrestantes, dañando también varios pernos de sujeción del blindaje e iniciándose un incendio en el camarote.

[…] Bajo estas circunstancias, los oficiales determinaron que era imposible salvar el buque. Recibí la orden privada y personal del Sr. Alférez de Fragata, R. Herrera, de abrir las válvulas y hundir el buque. Dichas órdenes fueron ejecutadas de inmediato […].

El Segundo Ingeniero y yo fuimos tomados prisioneros, nos amenazaron con un revólver en el pecho y nos ordenaron poner en movimiento la máquina y sacar el agua, lo cual nos rehusamos a hacer, alegando ser prisioneros de guerra. Sin embargo, nos dijeron que el maquinista del “Rímac” fue obligado a entregar intacta la máquina y que nosotros deberíamos hacer lo mismo so pena de muerte.

[…]

(Fdo.) Samuel Mac Mahon, Jefe de Ingeniería

III

San Bernardo, octubre 16 de 1879

Señor Contralmirante Comandante General de las Baterías y Fuerzas de la Plaza de Arica.

S. C. G.:

El 30 del mes pasado a las 4 h. 50 m. a. m. zarpó de ese puerto el monitor “Huáscar” convoyando hasta el de Iquique al transporte “Rímac”, que conducía la División del mando del señor General Bustamante. […]

A las 12 m. del 8 del que rige, divisamos las luces del Puerto de Antofagasta e hicimos rumbo sobre ellas.

[…] Al amanecer pudimos reconocer perfectamente el “Blanco Encalada”, la “Covadonga” y el “Matías Cousiño”, del primero de los cuales nos separaba una distancia como de seis millas El “Blanco” y la “Covadonga” nos siguieron en caza, habiéndose dirigido el “Matías Cousiño” para Antofagasta.

[…] Así continuábamos, cuando a las 7.15 a. m. avistamos por el N. O. tres humos y pocos minutos después pudimos reconocer en ellos al “Cochrane”, la “O’Higgins” y el “Loa” que hacían rumbo a cortar nuestra proa. Se mandó entonces forzar la máquina para evitarlo, ganando camino hacia el Norte antes de ser cortados. La “Unión” que venía por nuestra cuadra de babor pasó a la de estribor y merced a su andar avanzó al Norte. No sucedió así con el “Huáscar”, a pesar de los esfuerzos que se hicieron con tal objeto, de suerte que a las 9 h. 40 m. a. m. siendo inevitable el encuentro, afianzamos nuestro pabellón disparando los cañones de la torre sobre el “Cochrane” a 1,000 metros de distancia. La “Covadonga” y el “Blanco” venían a seis millas por nuestra popa; la “O’Higgins” y el “Loa “ se dirigieron a cortar a la “Unión”. El “Cochrane” no contestó inmediatamente a nuestros disparos, sino que estrechó su distancia merced a que traía mayor andar que nosotros, de manera que sólo cuando estuvo a 200 metros por babor hizo sus primeros disparos; perforó el blindaje del casco de la sección de la torre a un pie sobre la línea de agua y el proyectil estalló dentro de esta sección, sacando doce hombres de combate; otro de ellos cortó el guardín de babor de la rueda de combate y nos obligó a gobernar con aparejos.

Como diez minutos después de haber recibido estas averías, sufrimos otra de mayor consideración. Un proyectil chocó en la torre del comandante, la perforó y estallando dentro hizo volar al Contralmirante señor Grau, que tenía el mando del buque, y dejó moribundo al Teniente 10 Diego Ferré que le servía de ayudante.

[…] Las dificultades del gobierno no permitían al “Huáscar” mantener una dirección constante, de manera que sólo aprovechaba parte del andar que le producía la máquina; esto fue causa de que el “Blanco” y la “Covadonga” llegasen a estrechar su distancia hasta ponerse a 200 metros por la aleta de estribor. En esta situación, no contando ya el “Huáscar” con la ventaja de su andar y encerrado entre los blindados, a la par que dirigió sus fuegos sobre el “Blanco” viró para embestirle con el espolón, ataque que fue prontamente evadido y que dejaba al buque a merced de las buenas punterías de los blindados y aún de la “Covadonga”.

[…] El “Huáscar” cayó en poder del enemigo cuando no le fue posible Ya continuar su resistencia, inutilizados sus cañones, roto su timón y diezmada su tripulación.

Pero como último recurso se abrieron completamente las válvulas para sumergir el buque y se hubiera conseguido este resultado, si al llegar al costado del “Huáscar” las embarcaciones del enemigo, hubiera sido posible resistirlo de algún modo. No siendo esto así, sus tripulantes tomaron posesión del buque, detuvieron su sumersión cuando ya tenía cuatro pies de agua en sus fondos, extinguieron algunos incendios que aún se conservaban a proa y popa del buque y finalmente lo condujeron a Mejillones, no sin dificultades, favorecidos por la tranquilidad en que se hallaba la mar.

[…] Antes de terminar séame permitido expresar a VS. el profundo sentimiento que ha causado en los oficiales y demás tripulantes del monitor “Huáscar” la irreparable muerte del valiente Contralmirante don Miguel Grau y de sus dignos subordinados el Capitán de Corbeta don Elías Aguirre y los Tenientes Primeros don Diego Ferré y don Melitón Rodríguez, a quienes han tenido ocasión de ver desaparecer cumpliendo hasta el último con su deber; y recomendar así mismo a la consideración de VS., el valor, entusiasmo y serenidad que durante este desigual combate ha distinguido a los oficiales y demás tripulantes del “Huáscar”. […]

Manuel Melitón Carbajal