Editorial
La pacificación y desarrollo del Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem) es una tarea pendiente que el Estado peruano asume desde hace dos décadas por tratarse de una zona que amerita un tratamiento especial. El Gobierno ha dado un nuevo paso hacia ese norte y ha dispuesto la conformación de un núcleo integrado por las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional para responder con mayor eficiencia a las necesidades de seguridad interna ante el accionar del narcoterrorismo.
En este sector del país confluyen las regiones Junín, Huancavelica, Ayacucho y Cusco, cuya geografía escarpada y difícil, con tupidos bosques de la selva alta, sin una red adecuada de vías de transporte y carencias estructurales en salud, educación y servicios públicos la convierten en una zona compleja para consolidar la pacificación frente el accionar de los remanentes del grupo terrorista Sendero Luminoso en malhadada coordinación con las bandas narcotraficantes.
Por ello, hace una semana se llevó a cabo la primera reunión del comando integrado militar-policial en el Vraem, liderado por los ministros de Defensa y del Interior, y su principal aporte ha sido la unificación de todos los componentes de la inteligencia en un solo núcleo que optimizará el trabajo de policías y militares frente al narcotráfico y la subversión.
De esta manera, los diferentes elementos de la pericia policial generarán mejores insumos e incrementarán la capacidad operativa que desarrollan las fuerzas del orden en la zona.
Si bien es un paso importante, el Gobierno continúa su enfoque integral y multisectorial que promueve mejoras sociales, sin dejar de lado la interdicción de las fuerzas de seguridad con la presencia permanente de miembros de la institución policial y de los organismos castrenses, cuyo esfuerzo en los últimos años ha permitido dar duros golpes a los sediciosos y eliminar o apresar a algunos de sus cabecillas más relevantes.
Y en el ámbito social, como entidad rectora, la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (Devida) ha diseñado un conjunto de acciones cuya finalidad es apoyar a la población para reemplazar el cultivo de coca por productos alternativos. Como ya ocurre, eso aleja a los campesinos del ámbito de influencia del narcotráfico. Igualmente, se han trazado ambiciosas metas, como reducir el 2021 los índices de desnutrición crónica infantil a 15.6%, y los de anemia a 20%; aumentar la comprensión lectora de los estudiantes a 28% y lograr un nivel satisfactorio de 30% en matemática.
Pacificar el Vraem y garantizar un entorno de desarrollo pleno es un objetivo complejo, pero posible de alcanzar si se continúa trabajando de forma sostenida. Es un gran logro para el país que esta lucha sea una política de Estado y su aplicación debe obtener los resultados que los peruanos deseamos para este bicentenario: tener un país en las vías del progreso, con esquemas inclusivo y con la erradicación de total de grupúsculos subversivos.