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La muerte del mariscal Eloy G. Ureta, héroe de Zarumilla

José Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe

Fotos: Archivo Histórico del Diario Oficial El Peruano


“Creo que la misión de un hombre sólo puede considerarse cumplida cuando se esfuerza por alcanzar todos o parte de los objetivos que en un principio se fijara a sí mismo”, escribió Eloy G. Ureta, el militar que conoció la eternidad al mando de las tropas peruanas victoriosas en la campaña contra el Ecuador, en 1941.

La mañana del lunes 11 de octubre de 1965, los canillitas de Lima gritaban la nueva: “Falleció en Madrid el mariscal Ureta”. El militar tenía 74 años, vivía desde hace varios años en Madrid y un derrame cerebral le causó la muerte.

Raudamente, el presidente de la República, Fernando Belaunde, envió un cable a su viuda, Consuelo Ureta de Ureta. Decía: “[El mariscal] puso al servicio de la Patria todo el contingente de su gallardía, su carácter y su preparación militar comprometiendo con ello su imperecedera gratitud”.

Mientras los ministerios de Guerra y Justicia iniciaron las coordinaciones para sus funerales, los diarios recordaban que de los tres mariscales que tuvo hasta entonces el Perú, Ureta fue el único, a diferencia de Andrés A. Cáceres y Óscar R. Benavides, que no llegó a la Presidencia de la República.

Si bien postuló en las elecciones de 1945, a la cabeza de la Unión Revolucionaria, fue respetuoso con las balotas y fue al hotel Bolívar a felicitar al ganador de la contienda electoral, el doctor José Luis Bustamante y Rivero.

Biografía mínima

El militar nació en Chiclayo, en 1892. Era hijo del capitán de fragata Gaspar Ureta, quien había participado en la guerra con Chile.

Desde muy temprano, tenía clara su vocación y en 1908 ingresó a la Escuela Militar de Chorrillos. Una década después ascendió a capitán. Tras cursar el diplomado en la Escuela Superior de Guerra, estudió en Francia e Italia.

Hacia 1930 le concedieron el grado de teniente coronel. Al año siguiente, lo nombraron jefe del Estado Mayor de la 1ª División, con ese cargo y el de comandante general de esta división permanecerá durante seis años. En ese tiempo conoció al detalle la frontera norte y fue nombrado prefecto de Lambayeque. En 1938 asumió el cargo de director de la Escuela Superior de Guerra.

Fue ascendido en 1940 al cargo de general de brigada por el Congreso. Cuando en 1941 empezaron los problemas con Ecuador, a Ureta se le confió la jefatura del nuevo Agrupamiento Norte.

Se destacó su función, que permitió el triunfo. Debido a su acción distinguida, al volver del frente, el Congreso lo ascendió a general de división.

Luego, Eloy G. Ureta fue inspector general del Ejército, cargo que desempeñó hasta 1944, cuando pidió su cese. Dicen que esa austeridad con la que manejó su vida la reflejó también en su desempeño castrense.

El primer soldado

El domingo 16 de junio de 1946, en un acto en la tribuna oficial del Campo de Marte, el presidente Bustamante y Rivero le entregó la insignia de mando y el bastón de mariscal del Perú.

“En nombre de la nación, os hago entrega de la insignia de vuestra suprema jerarquía que os erige en el primer soldado de la República. La jerarquía es, a la vez, honor y compromiso. De ahí que por el influjo de vuestro ejemplo y por la acción de vuestra autoridad estéis llamado a personificar los caracteres de unidad y disciplina, que son fundamentos esenciales de los institutos armados”, dijo Bustamante.

Eloy G. Ureta tomó la palabra para agradecer la insignia. Dijo que solo sentía “eterna gratitud” a la patria, “que recompensa en esta forma a uno de sus más modestos soldados, quien no exhibe más título que el haberse mantenido siempre dentro de los límites del honor y del cumplimiento austero del deber.”

Fue una gran celebración con desfile a cargo de siete agrupamientos de los tres cuerpos de las FF. AA. En su honor hubo una salva de 21 disparos y al final, en el automóvil descapotable del presidente Bustamante, el mariscal recibió el saludo del pueblo.

El último adiós

A las 7 y 30 p. m. del martes 12 de octubre de 1965, en un vuelo desde Madrid llegaron los restos del mariscal. Lo acompañaban su viuda y su hijo y homónimo, el ingeniero Eloy Ureta.

El Gobierno se apuró para emitir dos decretos supremos; el primero declarando el duelo nacional por su fallecimiento; y, el segundo, ordenando la construcción de un mausoleo en honor al vencedor de Zarumilla en el cementerio Presbítero Maestro.

El féretro fue recibido en el aeropuerto. Tras ser llevado a la casa familiar en la avenida Javier Prado. A las 10 y 30 de la noche llegó al Centro de Instrucción Militar (CIMP) de Chorrillos para ser velado.

Al día siguiente, mientras Palacio de Gobierno y los edificios públicos, cuarteles y buques de la Marina lucían la bandera a media asta en señal de duelo, el presidente Belaunde llegaba al mediodía para presentar sus condolencias a los deudos.

A las cuatro de la tarde, la larga caravana, con sus coronas de flores, cruzaba Lima rumbo al Presbítero Maestro. Ya en la necrópolis, el féretro avanzó cubierto por la bandera peruana y secundado por tres cadetes que llevaban en almohadones rojos sus insignias, casco y bastón de mando del grado de mariscal. Las bandas de músicos de las tres FF. AA. interpretaron al unísono la marcha fúnebre “Morán”.

Tras el rezo del responso de cuatro capellanes, tomaron la palabra el general de brigada Miguel Monteza y el ministro de Guerra, el general Ítalo Arbulú. El presidente vitalicio de la asociación de combatientes dejaría la oración más sentida: “Su nombre, mi mariscal, nos servirá de santo y seña”. Entonces, el ataúd fue dejado en la cripta de los inmortales mientras un corneta ejecutaba el toque de silencio y el héroe se elevaba.