• MARTES 10
  • de marzo de 2026

Opinión

FOTOGRAFIA
APROXIMACIONES

Covid-19 y las habilidades socioemocionales


Editor
César Bazán

CEO de i4d e integrante de la Comunidad de Práctica en Habilidades Socio-emocionales



El covid-19 es un problema social. La educación y el nivel socioeconómico son factores protectores frente a esta pandemia. Para notarlo, reparemos en la siguiente cifra: el 15.1% (Sinadef) de aquellos que fallecieron por esta enfermedad contaban con estudios superiores. Y si tenemos en cuenta que el 33.3% (INEI, 2017) de la población nacional llegó a estudiar en un instituto o universidad, entonces podemos evidenciar que solo un grupo contó con esta protección adicional.

Para afrontar mejor la pandemia, convendría complementar el enfoque clínico y militar (denominado así aquel enfoque que concibe a la pandemia como una situación de guerra con un enemigo externo al cual combatir) con el de los determinantes sociales de la salud. Ello nos permitirá evidenciar las necesidades y soluciones según los grupos de riesgo. Por ejemplo, en nuestro país 100,000 personas están privadas de su libertad, 4 millones no tienen agua potable en casa y, por sobrepeso u obesidad, 22.4 millones podríamos experimentar un cuadro grave.

La pandemia es también un problema emocional. En cuarentena, siete de cada diez peruanos sintieron angustia. También duele que un tercio de nuestra población perciba que la situación económica de su familia está retrocediendo.

Después de más de 34,000 compatriotas caídos, es natural sentir miedo. Recordemos que uno cambia su comportamiento cuando se siente capaz de lidiar con la amenaza y, sobre todo, cuando la entiende. Si no fuera así, experimentaríamos un sesgo de optimismo. Es decir, nos creeríamos inmunes ante las desgracias. Además, frente a emociones fuertes solemos ignorar la información numérica.

Para afrontar estas difíciles situaciones es muy importante que conectemos emocionalmente con nuestros hijos y estudiantes. Contémosles que no es la primera vez que el país enfrenta situaciones muy complicadas, narrémosles cómo sobrevivimos y qué aprendimos como sociedad y como familia. Iniciemos la conversación con un sincero “lo siento” si la situación se desbordó en algún momento.

Al prevenir el covid-19 conviene dejar atrás la retórica militar de la que hablamos al principio. Aunque la intención es buena, eso es innegable, con esa analogía contagiamos estigma a los pacientes y desesperanza a sus familiares.

Hoy más que nunca toca empatizar y cocrear soluciones públicas con distintos perfiles de ciudadanos para promocionar la salud, evaluar con qué protocolos y sistemas de monitoreo volveremos a la educación presencial y promover las habilidades socioemocionales (autocontrol, autoconcepto y cooperación) en la escuela, los medios y las redes sociales porque nos permiten regular nuestros pensamientos, emociones y comportamientos. Sumémonos a iniciativas que articulen y promuevan la salud mental y el bienestar emocional en nuestro país. Y en casa, esforcémonos por desarrollar resiliencia y gestionar la incertidumbre.

El Diario Oficial El Peruano no se solidariza necesariamente con las opiniones vertidas en esta sección. Los artículos firmados son responsabilidad de sus autores.