Un peruano emblemático de origen campesino que abrazó el arte de la fotografía para mostrar lo más íntimo del universo andino y rural, es recordado hoy 5 de noviembre al celebrarse 129 años de su nacimiento. Puneño, natural del pueblo de Coaza, Martín Chambi aprende el oficio desde muy temprano, captando cada secreto de su maestro don Max T. Vargas, quien no solo le enseña la compleja técnica de entonces, sino también la sensibilidad para registrar personajes y paisajes.
La práctica continua, primero en Arequipa, donde llega a exponer sus primeros trabajos y luego en Cusco, en Sicuani, donde instala un taller y su primer estudio fotográfico, Chambi va haciendo el propio registro de su trayectoria, inspirado en el entorno y en el color de la ciudad donde se desarrollaba una próspera actividad textil, a partir de la lana de sus rudas llamas y sus delicadas alpacas.
El trabajo de este peruano de sangre indígena, según se señala en Martín Chambi, Archivo Fotográfico, trasciende lo que muestra la imagen a simple vista. Cada retrato expone la dignidad y altivez de los pobladores del ande, con lo que logra trascender y hoy es motivo de reconocimiento y asombro entre tantos cultores del arte de la fotografía que, paralelamente, es también una herramienta para describir hechos, para sintetizar situaciones y para dar enfoque a la realidad.
Con esos alcances, Chambi no solo experimenta con la imagen y las posibilidades que esta le ofrece para mostrar su talento en donde le toca exponer. Allí están sus muestras en diversas salas y galerías de Lima y Arequipa, también en La Paz, Bolivia, en 1925 y en Santiago de Chile, en 1936.
Sin embargo, su inquietud y necesidad de mostrar sus raíces, los valores de su ámbito andino, lo convierten en corresponsal fotográfico de La Crónica y las revistas Variedades y Mundial, y más tarde de La Nación de Buenos Aires, entre 1918 y 1930. Su obra fotográfica llega incluso a la prestigiosa revista National Geographic de Estados Unidos, en febrero de 1938.
Entre 1918 y 1929, Martín Chambi llegó a publicar en el diario La Crónica de Lima, entre portadas, contraportadas, y algunas imágenes en páginas interiores, un total de 59 fotografías referidas a acontecimientos relevantes del momento, como la apertura de carreteras y estaciones del ferrocarril en la sierra sur (1921), la procesión del Señor de los Temblores en la ciudad del Cusco (1927) y las condiciones de vida de las comunidades andinas (1927).
Al ser reveladas estas imágenes, Chambi se erige como un testigo visual que registra momentos trascendentales de la historia del Perú, enmarcada especialmente en esa parte del sur andino, que fue modernizándose como lo revelan sus fotografías.
Trascendencia
En 1977, el antropólogo estadounidense y además fotógrafo, Edward Ranney, gestiona junto con Víctor Chambi la visita desde Estados Unidos de un grupo de cooperantes de la fundación EarthWatch, que catalogan y positivan aproximadamente 6,000 placas de vidrio, que sirven para difundir al mundo entero la obra fotográfica del peruano, tanto que en 1979 llega al Museo de Arte Moderno (Moma) de la ciudad de Nueva York.
¿Qué es lo que atrae del pulcro trabajo de Chambi fotógrafo? Las respuestas han sido muchas, expresadas por los estudiosos de su producción artística. Quizá sea –como aceptan sus descendientes de sangre y de arte– la capacidad que tuvo para mirar al Perú y a su gente por encima de las circunstancias dolorosas que le tocó vivir.
Chambi (nos) mira como herederos de una cultura superior. De allí su grandeza. Lo demás, el magistral manejo de la luz, la rigurosidad de la técnica empleada, son componentes adicionales para redondear una producción que todo peruano debe conocer.
Actualmente, el archivo Martín Chambi, dirigido en los últimos años por su nieto, Teo Allain Chambi, resguarda muy bien en el Cusco cerca de 30,000 negativos, entre placas de vidrio de formatos distintos: de 18 x 24 cm que son las más grandes, pasando por las de 13 x 18 cm, 10 x 15 cm; hasta unas más pequeñas de 9 x 12 cm.
También conservan películas flexibles, rollos de 120 y de 35 mm. todo muy bien protegido, dado su valor cultural y patrimonial.