• JUEVES 2
  • de abril de 2026

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Cultura andina

La década de las Tijeras

José Antonio Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe

El 16 de noviembre de hace diez años, en Nairobi, Kenia, el comité intergubernamental de Unesco incluyó en su Lista Representativa del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad a dos manifestaciones del Perú: la danza de tijeras y la huaconada de Mito.

Soledad Mujica, directora de patrimonio inmaterial del Ministerio de Cultura (Mincul), recuerda que Unesco con esta lista busca dar a las expresiones culturales “mayor visibilidad y reconocimiento”, lograr una cohesión de las comunidades tanto para el bienestar social como el económico, pues la subsistencia de muchos ejecutantes depende de esta práctica cultural.

¿Qué ha sucedido desde entonces con la danza de tijeras? Tras la declaratoria, los músicos y dansaqs realizan cada año un congreso “que permite un diálogo entre los distintos portadores y la realización de acciones en conjunto”, dice Mujica. Estos eventos han tomado lugar en ciudades de Ayacucho, Apurímac, Huancavelica, Lima e Ica.

Por motivo de la pandemia del covid-19, la Confederación Nacional de Danzantes de Tijeras y Músicos del Perú (CNDTMP), que agrupa a 28 asociaciones, suspendió este año la realización del congreso en la ciudad de Ayacucho.

Mujica recuerda que hay aspiraciones de los cultores como lograr la ansiada ‘Casa del Danzante’, con proyectos en las tres regiones donde se practica la danza. Subraya que son los propios músicos y danzarines, a través de sus instituciones (como la mencionada confederación), quienes se organizan y articulan. La labor del Mincul es la de acompañamiento.

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Renacer apurimeño

La directora comenta que uno de los mayores avances tras la declaratoria es la promoción de las investigaciones que han permitido la revitalización de la variante apurimeña, la cual estaba en peligro de extinción.

“Con el dolor de su corazón, los danzantes apurimeños bailaban como los ayacuchanos, que tiene más prestigio. Se ha trabajado en aspectos de esta variante, tanto en su música como en coreografía”, señala.

Por su parte, el etnomusicólogo Pablo Molina resalta que lo del 2010 fue la primera vez que expresiones culturales del Perú se incluían en la famosa lista de Unesco.

Molina recuerda que el proceso de la declaratoria fue un proceso largo de gestión, donde participaron los mayores cultores de esta expresión.

Explica: “No hay declaratoria sin la participación e involucramiento de sus cultores. A nivel de impacto, la declaratoria ha permitido que se consoliden los espacios de encuentro, de diálogo y revalorización de esta expresión en el Perú y el mundo”.

Para Rómulo Huamaní, Qori Sisicha, promotor de la declaratoria del Día Nacional de la Danza de Tijeras, si bien la danza de tijeras es en la actualidad “la de mayor arraigo cuando viajan delegaciones de artistas peruanos al extranjero, el canal del Estado no nos da la cobertura igual que al concurso nacional de la marinera. Y las entidades locales y regionales, que tienen la obligación de cuidar a los danzantes, nunca cuentan con presupuesto”.

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El reino heterogéneo

Las distintas variantes y particularidades de esta expresión dancística son su riqueza.

“Tanto la manera de bailar de los danzantes como la música, varía de una región a otra. Los violinistas y arpistas utilizan distintas tonadas, un conocimiento que se transmite de aprendiz y maestro”, sostiene el etnomusicólogo del Mincul, Pablo Molina.

¿La variante ayacuchana es la más vital?, ¿la huancavelicana la más espectacular? Los pasos de los dansaqs varían en la manera de ejecutar y en su presentación, comenta el investigador, quien aboga por la democrática diversidad, gracias a la cual sus cultores mantienen hasta hoy ciertos contextos rituales en cochas y puquiales, donde músicos y danzantes se fortalecen.

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La razón del ritual

Los danzantes de tijeras se desafían en coreografías siguiendo las melodías que interpretan arpa y violín. Esta manifestación tiene un trasfondo histórico que remite al fenómeno social del movimiento Taki Onqoy, del siglo XVI. A ello, se suma la presencia enraizada de la danza en festividades de los pueblos de Ayacucho, Apurímac y Huancavelica, como la fiesta del agua o la Navidad, además de sus encuentros entre danzantes.

“Si hubiera sido solo una manera bonita o espectáculos, no hubiera logrado ser parte de la lista de patrimonio inmaterial de Unesco. La pregunta no es cómo lo hacen sino por qué hacen esos pasos acrobáticos”. Los danzantes parecen vivir un momento “supremo” cuando homenajean a las divinidades tutelares, los apus y los wamanis, los seres divinos de la cosmovisión andina.

Otras investigaciones que se han logrado profundizar son las de las tonadas de los violines.

“Los músicos hacen su registro y graban discos, en los cuales se puede escuchar cómo han sido las tonadas y como muchos años después las mismas tonadas y las variaciones las reproducen otros músicos, pero cada intérprete nuevo le va añadiendo algo de lo suyo. Porque sino se volvería una pieza de museo”, señala Pablo Molina.

Tiempos del covid-19

La emergencia sanitaria por la pandemia del covid-19 ha cancelado la agenda de fiestas costumbristas donde los dansaqs y sus músicos trabajaban.

“Este es un caso donde el portador del patrimonio inmaterial también es un actor económico. Es decir, al prestar sus servicios sociales y culturales, el violinista, el arpista y el músico son remunerados. Por ello, la no realización de las festividades ha significado una afectación a su economía familiar. Además, hemos tenido muchos fallecimientos por el covid-19”, dice Mujica.

El presidente de la CNDTMP, Mauro Gamboa, precisa: entre 70 y 80 músicos y danzantes de tijeras han perdido la vida por el covid-19. “Si bien algunos compañeros están haciendo espectáculos virtuales o dan clases, estamos pasando un mal momento”, dice el vocero.

Qori Sisicha, por su parte, conoce del caso de decenas de músicos y danzantes obligados a laburar como ambulantes para poder sobrevivir.

Por la emergencia, el Mincul dispuso una serie de apoyos económicos a través del Decreto de Urgencia N° 058-2020. Entre los beneficiarios hay algunos colectivos de danzantes de tijeras. “Eso juega a favor de que puedan, poco a poco, ir recuperando su nivel de práctica, de preservación de la danza”, comenta Soledad Mujica.

Si bien confirma que algunos danzantes son beneficiarios de la dádiva estatal, Mauro Gamboa opina que muchos danzantes y músicos no han recibido “ni apoyo ni bono familiar”. Sobre todo los cultores que viven en distritos y provincias altonadinas. Ellos no pudieron enviar sus propuestas por carecer de internet. Danzantes y músicos esperan el 2021 para volver a danzar entre pueblos y viento. Entre apus y wamanis.

¿Variante Lima?

Con la migración generada en los periodos de violencia, hoy los distritos de Lima Sur y San Juan de Lurigancho son sedes de escuelas y compañías de danzantes de tijeras que realizan encuentros y reproducen fiestas. ¿Se puede hablar de una variante limeña de la danza? El etnomusicólogo Pablo Molina precisa que el mismo fenómeno se repite también en Ica. En ambas regiones hay gran migración de músicos y danzantes, quienes vuelven siempre a sus provincias de origen, a su “matriz cultural”. “No hay variedad de Lima o Ica, sino que son espacios en donde los cultores dan continuidad a esta transmisión de conocimientos”, explica.

Datos:

La Danza de las Tijeras fue reconocida como Patrimonio Cultural de la Nación en marzo del 2005.

En el 2017, el Congreso de la República declara el 16 de noviembre como Día Nacional de la Danza de Tijeras.

La Confederación Nacional de Danzantes de Tijeras y Músicos del Perú, que agrupa a 1,800 arpistas, violinistas y danzantes de tijeras, realizará su congreso anual 2021, en Ayacucho.