• DOMINGO 15
  • de marzo de 2026

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COMUNIDADES DE BIBLIÓFILOS

Amantes de los libros


Editor
José Antonio Vadillo Vila

Periodista

jvadillo@editoraperu.com.pe


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¿Los libros pueden morder? Con sed bibliófila, Katherine Núñez Díaz buscó clubes de lectura cerca de su casa, en Lima Norte, pero solo los encontró en Miraflores y San Isidro. Debía dedicarle dos horas en el tráfico para asistir. Así que la administradora de empresas se aventuró, y en agosto del 2019 lanzó por redes sociales el Club Libros Que Muerden.  

Se sorprendió de la respuesta; miles de likes en el Facebook y 12 personas que llegaron a la cita. La primera reunión fue en el bullicioso Megaplaza, nada propicio para el placer de la buena lectura. Luego, la Biblioteca Municipal de Los Olivos les brindó un espacio para sus reuniones mensuales.

“Al principio solo quería satisfacer un pasatiempo mío con solo cinco lectores. Ahora se ha vuelto una responsabilidad. Me encanta estar a cargo, tengo que mantener el club vivo”, cuenta Núñez.

Los integrantes son, en su mayoría, jóvenes profesionales. El menor tiene 15 años.

Cada círculo maneja su propia dinámica y el de los Libros Que Muerden gira en torno a las efemérides. Así, si es marzo, leen una autora mujer por el Mes de la Mujer; si es julio, a un escritor nacional; a veces es por el aniversario del nacimiento de un autor. Todo se elige en democracia por votación y la mediación de la lectura va rotando, con un voluntario en cada sesión. El guasap les permite mantenerse motivados y no perder la constancia, cuenta Katherine, quien produce también videos de reseñas de libros.

Con la emergencia sanitaria, el club aumentó a 50 integrantes. Katherine cuenta que la virtualidad ha permitido que se sumen personas de diversas regiones del país, incluso de Colombia, Costa Rica, Ecuador, México.

Pero ha cambiado la dinámica. La dinámica presencial se sustituyó por la conversación virtual, que tiene sus bemoles como los micrófonos y cámaras apagadas y la conexión inestable.

Katherine busca romper los clichés sobre el perfil de los lectores. “Somos muchos lectores en Lima Norte, lo que falta es la confianza de las empresas en invertir en espacios para el contagio de la lectura. Aquí contamos con tres cadenas de librerías, pero ninguna independiente. Nosotros siempre buscamos librerías, consumimos sus libros”.

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Como el personaje homónimo de la novela El Barón rampante, que permitió al personaje principal, Cósimo, salvarse de la muerte, el Club de Lectura Gian Dei Brughi permitió a un grupo de estudiantes de la UTP de Arequipa salvarse de la garras de la falta de lecturas y la baja comprensión lectora.

Fue una iniciativa del profesor Raúl Romero, quien enseñaba redacción y comprensión de textos a los cachimbos y veía las deficiencias en producción de textos y una cultura lectora huérfana. Eso lo motivó a crear este espacio, que ya tiene tres años y ha pasado de 3 a 60 integrantes.

Anyela Ponce, estudiante de Psicología y bailarina de danza clásica, ahora es la presidenta del círculo de lectores arequipeños. Recuerda que pasearon tanto por salones que les prestaban, como por áreas verdes de la UTP, de acuerdo con la naturaleza del libro que les tocaba leer. Además, Romero insertó la dinámica de “salidas culturales”, que incluía visitar museos y participar en eventos, como el Hay Festival Arequipa.

El Gian Dei Brughi es uno de los clubes más organizados y diversificados. Tiene un subgrupo dedicado “al análisis de la realidad y el séptimo arte”, el Cine Club La Jirafa. Cuentan con su propia revista, Artificialeza, donde publican crónicas, anécdotas, historias e historietas de sus integrantes. Cuentan con un staff dedicado a la producción del podcast, que consideran será su legado.

“Con lo de la pandemia hemos llevado al club a la plataforma Zoom, donde nos reunimos dos horas cada domingo. Cuando estábamos en la universidad había restricciones, no podían ingresar personas ajenas al campus; ahora, con las redes se nos han unido personas de Huancayo, Lima, inclusive de Bolivia y España”, comenta Anyela. Sus integrantes hoy tienen entre 17 y 55 años.

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Los clubes de lectura parecen invisibles a las mayorías. Algunos en Lima Metropolitana cuentan con varios años enlazando a los bibliófilos, como el de la Biblioteca Municipal de San Borja; el Club Clásico Es Leerte, que se reunía en El Olivar de San Isidro o el Club de Lectura de la Casa de la Literatura Peruana (Caslit).

¿Qué ha sucedido con la lectura y estos clubes en Lima y otras ciudades durante la pandemia?

Liliana Polo, coordinadora del Área de Biblioteca de la Caslit, está en pleno proceso de mapeo de los círculos virtuales de lectura, entre los preexistentes que funcionaban de manera autogestionaria o vinculados con alguna entidad y mudaron a las reuniones virtuales, y otros que nacieron en forma online con el confinamiento.

Justamente, el primer Encuentro de Clubes Virtuales de Lectura incluye una plantilla que se facilitará a los grupos que no han sido detectados con anterioridad.

Lectura en la virtualidad

“Hoy, los clubes de lectura virtual necesitan, primero, de conectividad, que puede cambiar de acuerdo con las realidades geográficas, y el ingreso a una plataforma. Sobre todo, requieren una mediación con una metodología que permita continuar generando ese espacio de encuentro e intercambio de ideas”, explica Polo.

Decíamos que cada colectivo genera su propia dinámica, espacios y tiempos de reunión. Algunos lo hacen de manera participativa, leyendo el mismo libro o títulos de una misma temática. “Algunos trabajan el tema literario, otros se enfocan en obras clásicas u obras de dominio público; los de jóvenes apuntan a una literatura variada o en bestsellers, por ejemplo”.

Es importante, subraya la especialista, el papel de los gestores o mediadores, quienes alimentan el interés hasta la próxima reunión “promocionando o difundiendo características de la obra y el autor, dando más pistas sobre el libro, por ejemplo”.

De acuerdo con el grupo etario, se dividen en cuatro los clubes de lectura: los infantiles, donde el papel de la mediadora es determinante para proponer el enfoque, el material de lectura, canalizar las opiniones de los participantes e ir haciendo actividades extensivas tomando como base la lectura; los que trabajan con adolescentes (estos dos ligados mayormente a iniciativas de colegios); luego, los que se enfocan en públicos juveniles y adultos.

Formación ciudadana

Para la Caslit, estos clubes cumplen una labor social en la formación de lectores críticos. Además, algunos de estas sociedades, a través de la Literatura, reflexionan y adquieren otros “niveles informativos”, sobre temas relacionados con la cultura de la paz, la no violencia, la identidad, el género, las diversidades lingüísticas, los problemas con los familiares, la democracia.

Por ello, como parte del encuentro, el lunes 23 y miércoles 25 se desarrollará el taller gratuito (previa inscripción) “Curatoría con enfoque en la Bibliodiversidad: ¿cómo armar un club de lectura disruptivo?”, a cargo del especialista chileno Sebastián Santander.

“Debemos de visibilizar a los clubes de lectura a fin de fomentar el intercambio de experiencias, conocer con mayor detenimiento cómo trabajan con sus lectores, sus temas de interés, sus criterios de selección, metodologías”, finaliza Polo.

Datos: 

Los días 20, 21, 27 y 28 se realizará el primer Encuentro de Clubes Virtuales de Lectura, organizado por la Biblioteca Mario Vargas Llosa y la Sala de Literatura Infantil Cota Carvallo de la Casa de la Literatura Peruana. 

El evento se transmitirá a través de las redes sociales de la Caslit.

Participan colectivos de bibliófilos de Arequipa, Cusco, Lima y Puno, y uno de Chile.

Varios de ellos trabajan hoy con obras liberadas (a 70 años de la muerte del autor) disponibles en repositorios públicos virtuales.