Desde el comienzo de la pandemia, el Inpe hizo cerca de 800 videollamadas. El servicio itinerante ya benefició a internos de 21 penales. Busca disminuir el distanciamiento entre ellos y sus familiares, con resultados muy positivos para su salud.
Uno de los efectos colaterales de la pandemia del covid-19 son las restricciones en el desenvolvimiento regular de las visitas en las cárceles administradas por el Instituto Nacional Penitenciario (Inpe), en perjuicio de los internos y sus familiares.
Esta institución, que tiene entre sus misiones resguardar la integridad emocional de la población penal, según lo estipulado en el artículo 38° del Código de Ejecución Penal, decidió implementar las videollamadas para disminuir el distanciamiento de los internos con sus padres, hermanos, hijos, parejas y demás familiares, considerando que la familia es parte importante en el proceso rehabilitador y resocializador de quien cumple condena por diversos delitos.
Centros penitenciarios
A la fecha se han efectuado cerca de 800 videollamadas en los centros penitenciarios de Lima Metropolitana, el Callao y otras regiones del país.
Entre los penales que han recibido el servicio mencionemos los del Callao, Lurigancho, Mujeres de Chorrillos, Anexo Mujeres de Chorrillos, Virgen de Fátima, Ancón II, Arequipa, Mujeres Arequipa, Camaná, Moquegua, Tacna, Mujeres Tacna, Sullana, Tumbes, Trujillo, Iquitos, Pasco, Andahuaylas, Huánuco, Mujeres Cusco y Quillabamba. Se encuentran en el proceso itinerante los recintos carcelarios pendientes.
¿Cómo nació este proyecto comunicacional? Fue el resultado de un estudio profesional y técnico en el que participaron las áreas administrativas, de tratamiento y seguridad de la institución, con estricta supervisión de los directores de los establecimientos penitenciarios pilotos en las ocho direcciones regionales del Inpe a escala nacional.
Efectos positivos
Los efectos inmediatos de las videollamadas fueron positivos y conmovedores. Las autoridades y servidores del Inpe fueron testigos de la interacción entre internos y familiares, y la calificaron de muy oportuna en momentos en que el distanciamiento social es obligatorio.
Testimonios de algunos internos confirman lo manifestado sobre este servicio remoto. Por ejemplo, Saúl P., interno del penal de Tumbes, agradeció la implementación de esta iniciativa: “Me permitió contactarme con mi mamá, esposa, hermanos e hijos cuando más los necesitaba, pues habían pasado nueve meses de no verlos y escucharlos. Créanme que me emocioné tanto que no pude contener las lágrimas de felicidad. Gracias”.
En el penal cusqueño de Quillabamba, Gladys se comunicó con sus tres hijos, a quienes no veía desde el inicio de la pandemia. Los menores fueron llevados por su abuela a la ciudad de Quillabamba, donde ella señaló que fue reconfortante ver y escuchar a su familia.
Lo mismo sostuvo Lucila C., quien se contactó con sus dos hijas que viven en Italia; fue una comunicación muy emotiva y con muchas muestras de afecto de ambos lados.
Asimismo, César S., desde el penal de Ancón II, con palabras entrecortadas, afirmó que era un día muy especial, porque gracias a la videollamada “pude ver y conversar con mi esposa, mis hijos y mis nietos, luego de casi un año de no poder hacerlo. Estoy muy agradecido”.
Las familias participantes agradecieron al Inpe por preocuparse en mantener sus vínculos familiares, pues les permite visualizarse y sentir, de alguna manera, el calor familiar.
Derecho a comunicarse
“El mundo ha cambiado y para que puedan estar cerca de su familia, el Inpe ha implementado este sistema itinerante que se mantendrá mientras dure la pandemia, en aras de salvaguardar el derecho la comunicación”, adelantó la presidenta del Consejo Nacional Penitenciario, Susana Silva Hasembanck.
Detalló que la actividad redunda en la salud física, mental, espiritual y laboral; mejora el buen comportamiento y la seguridad de los recintos carcelarios. (Con información del Inpe)
Datos:
15 minutos dura, en promedio, cada videollamada.
Se coordina fecha y hora de conexión con los familiares previamente registrados.
La actividad se efectúa en ambientes preparados con todas las medidas de bioseguridad y según el programa preestablecido en cada penal.