• JUEVES 25
  • de junio de 2026

Deportes

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Gina Torrealvadirige a la seleccióN sub-16 que buscará el título sudamericano

Maestra del mate


Editor
Juan Sánchez Ortega

Periodista

jsanchez@editoraperu.com.pe


El esfuerzo que expuso en cada balón que disputaba dentro de la cancha fue el sello de Gina Torrealva, el mismo que desea inyectarles a sus pupilas de la selección de voleibol sub-16 para alcanzar el título del Campeonato Sudamericano que se disputará el próximo año en Chile. 

Gina fue uno de los baluartes de la época dorada del voleibol peruano. Integró aquella selección nacional que alcanzó la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988 y otros títulos sudamericanos. Estos pergaminos no la elevan, todo lo contrario, cree que haber sido una buena deportista le da conocimientos básicos, pero un entrenador siempre tiene que capacitarse.

“Siento que como entrenadora tengo mucho que aprender porque los técnicos siempre debemos estar en constante capacitación, pues el deporte evoluciona como la vida misma”, dice.

Cada vez que ve a una nueva figura, siempre observa su actitud y su estatura, dos características claves que toma en cuenta para hacerle un seguimiento y considerarla en los equipos que dirige.

Gina no es ajena a los discretos resultados de la selección peruana de voleibol, que descendió al cuarto escalafón en Sudamérica, luego de Brasil, Argentina y Colombia.

“Necesitamos mucho apoyo. Me siento triste por la situación actual. A nosotras nos costó demasiado llevar al vóley peruano a los lugares más altos”, sostiene.

Torrealva da cuenta del sacrificio que hacían las matadoras de su generación, que solo vivían para entrenar sin distraerse en cumpleaños ni nada. Sus 15 años lo pasó viajando con la selección.

Dedicaba ocho horas a las prácticas e incluso faltaron al colegio porque estaban de gira. Solo compensaban con asignaciones que les dejaban. El último año de estudio no asistió a clases porque se encontraba en plena competencia.

Hoy en día esa ayuda no existe en los colegios y cree que el Gobierno debería dar más facilidades a las jugadoras menores que nos representan.

Equipos luchadores

La entrenadora tiene una selección conformada por 18 jugadoras y para el Campeonato Sudamericano de Voleibol Sub-16, que se disputará en marzo del próximo año en Chile, solo deben quedar 14 deportistas. En los entrenamientos en el Polideportivo 1 de la Videna trabaja para que sus jugadoras peleen cada balón y prime la disciplina ante todo.

“Quiero que mis chicas sean piconas, que nos les guste perder y que se entreguen al máximo por cada punto. Que sean aguerridas. De la técnica nos encargamos los entrenadores”, dice la exvoleibolista, quien mostró su desacuerdo con entrenar solo dos horas y media por día, ya que en ese feudo se desarrolla la Copa Nacional de Vóley.

Gina siempre tiene presente a Man Bok Park y trata de transmitirle sus pupilas todo lo que le enseñó el coreano, sobre todo la disciplina que las ayudó a formar el carácter. Cada vez que habla del fallecido entrenador, suspira prolongadamente. Para ella fue su padre, su mamá, su tío y su hermano. Todo a la vez.

“Si bien no llegábamos mucho a él, nos conocía a la perfección. Siempre diré que fue como mi padre. Nos enseñó a ser mejores personas, a ser humildes y a luchar por nuestros sueños. Todo eso lo he aplicado a mis hijos y ahora trato de inculcarle a mis pupilas. Nosotros no entendíamos porqué míster Park no nos dejaba salir y él siempre repetía que cuando fuéramos madres recién lo íbamos a comprender. Tuvo razón”.

Tanto era el respeto que le tenía a Park que, para no causarle cólera, se casó a escondidas antes de ir a los Juegos Olímpicos de Seúl 88. Torrealva tenía su enamorado, de manera secreta, quien le pidió matrimonio, ya que ella jugaba en un club de Italia –su idea era retirarse luego de las Olimpiadas–. Al escuchar este pedido, Gina lo pensó muchas veces y es que su gran problema era cómo contarle a su entrenador que se casaba.

Gina le comentó a Natalia Málaga, quien le aconsejó que se case y que no le diga nada al entrenador. Al final, contrajo matrimonio con la promesa del entonces presidente de la Federación Peruana de Voleibol de que iba a hablar con míster Park, cosa que no sucedió. Cuando Man Bok se enteró, la llamó de manera enérgica y le dio un sermón. Ya luego, más calmado, le dio su apoyo, pero al esposo le dijo: “tú, no familia”.

Tras ese episodio, Perú ganó la medalla de plata y luego, con los años, Gina se convirtió en asistente técnico de Park en Sídney 2000, la última vez que una escuadra nacional de voleibol compitió en unos Juegos Olímpicos.