Central
Periodista
jvadillo@editoraperu.com.pe
Navidad sin guirnaldas ni arbolitos. La de hogaño es una Navidad sin villancicos. Sin panetón ni pavo para el millón de peruanos que se sumaron a la lista de desempleados. Atípica para muchos esta fiesta en medio de la pandemia del covid-19, con sus ramalazos de crisis social y económica, y a la que se suma la crisis política interna.
En las mesas hogareñas habrá sillones vacíos de quienes partieron y no los pudimos despedir como se debía: la daga de Tánatos se hundió en 37,218 peruanos, fallecidos a causa del nuevo coronavirus, según las estadísticas al 22 de diciembre del Ministerio de Salud. Hay miedo, estrés, desazón. ¿Alumbrará igual el corazón del Niño Dios desde el pesebre?
Nuestra fragilidad
“El actor principal de este año ha sido, indudablemente, el covid-19, que detuvo todo súbitamente, como a un bólido en pleno campeonato del Grand Prix”, opina Arturo García, de la Comisión Episcopal de Comunicación.
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“Es una situación que no debemos ignorar ni minimizar forzando revestir la realidad de un relativo positivismo fundado en la negación de lo que racionalmente no podemos entender ni controlar. Esta realidad nos ha enrostrado la situación de fragilidad e inseguridad total que tenemos los seres humanos”, reflexiona.
Apuesta por la ternura
Por su parte, el padre jesuita Rafael Fernández Hart recuerda que la Navidad, a pesar de todo, “es una fiesta que nos invita a saber que Dios está de nuestra parte”. Y en esta difícil coyuntura, opina, “a los creyentes nos toca recuperar las dimensiones más escondidas de la fiesta”.
Fernández Hart, rector de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM), subraya que una característica de la Navidad es la ternura. “En medio de una situación con violencia, con un país paralizado, creo que deberíamos ser todos capaces de comportarnos con ternura porque eso caracteriza el nacimiento de Jesús y caracteriza a un creyente. Si la ternura no nos cambia, no hay nada que pueda hacerlo”.
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Pero, ¿no es que el Perú teñido de muerte ponga en entredicho la fe? “Es un punto dramático, todas las mesas en el mundo estarán enlutadas. A pesar de todo, Jesús nos invita a celebrar y, por eso, es importante la ternura, a través de la cual los seres humanos piensan los unos en los otros”, dice.
Momento de reconstruir
Para Arturo García, vocero de la Comisión Episcopal de Comunicación, se debe de mirar el prisma de manera distinta: la vida está dándonos una oportunidad para recuperar “lo verdaderamente importante” para cada persona y su relación con los demás. “Nos da la posibilidad de reajustar, quizás, nuestra escala de valores, eligiendo y quedándonos con lo fundamental, lo que puede dar realmente sentido a nuestra existencia”.
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Esta Navidad, dice García, es un momento propicio para reconstruir desde dentro, reordenar las prioridades, devolviéndole el valor a lo realmente valioso: la familia, los hijos, los padres, sobre todo, el otro. “A ese que ignoramos, pero que es persona como nosotros, y solo así podrán curarse las heridas profundas que estaba dejando nuestro egoísmo como heredad a esta y a las siguientes generaciones”.
Recuerda que no es solo un deseo, sino que también miles de peruanos han dado ejemplo, durante los meses de la emergencia sanitaria, para ser generosos hacia los más necesitados, “con una solidaridad casi masiva y desinteresada”.
A tomar fuerzas
Opina Rafael Fernández Hart que la singularidad de la Navidad 2020 está llamada a ser “austera” en todo el sentido de la palabra y a celebrarse con dignidad y discreción. A ser un momento de recogimiento y reflexión.
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“Es la oportunidad para hacer una suerte de balance del año y recordar a quienes han partido. La Navidad, también nos invita a tomar fuerzas para un año que viene y será difícil porque no tendremos vacuna mañana. Por lo tanto, también puede fortalecernos interiormente, temple y carácter, así como los tuvieron María y José para salir frente a las adversidades y ser capaces de hacer nacer a un niño y dar vida en medio de la muerte”, explica el rector de la UARM.
¿Somos humanos?
Este año, mientras se hablaba de la importancia de la tecnología, de la democracia digital, también se preguntaba: ¿las sociedades han tenido respuestas humanas o nos hemos deshumanizado?
Fernández Hart aplaude las situaciones heroicas que los medios de comunicación han subrayado durante la pandemia, pero, a la vez, también se vieron muchas muestras de antisolidaridad. Un ejemplo palpable es la “guerra de las vacunas”, que acaba de desatarse a escala mundial.
“La Navidad aparece como una fiesta que invita a la solidaridad, a pensar en unos y otros, y a romper la lógica egocéntrica. Pero vemos gobernantes que se olvidan del resto, sucede con la pobreza y, lo mismo, con la vacuna”, dice.
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Por eso, considera que el mejor mensaje navideño será fortalecer la confianza. “Eso lo necesita todo el mundo, tanto el ateo como el creyente: confiar en la raza humana, en la vida, que se nos hace muy difícil a todos. Pero ¿Cómo confiar en la vida si estamos rodeamos de este virus?, ¿Cómo confiar, cuando la vacuna se demora? Ahí viene el mensaje del nacimiento de Jesús, que nace en medio de la miseria para convertirse en Mesías. Es una enseñanza de fondo.”
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— Diario El Peruano (@DiarioElPeruano) December 25, 2020