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  • de mayo de 2026

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música con sabor

Regresa el fuego de la salsa peruana

Un proyecto cultural busca retomar el sonido peruano de la salsa de los 80. Los músicos que participaron de esa movida aportan al espíritu musical que un grupo de jóvenes busca rescatar.


Editor
José Antonio Vadillo Vila

Periodista

jvadillo@editoraperu.com.pe


Nombres más, nombres menos, Papo y su Combo fue la primera orquesta chalaca que grabó el género aún tan joven que solo se le denominaba guaracha, songo, guaguancó, música latina.

Y todo eso es el introito a una historia sabrosa, pues si queremos ser justos, dicen que la inaugural orquesta peruana de salsa per se fue la Rumbaney, con sonido y voces A1 surgidos en Chimbote, guita y pesca en abundancia, por aquellos años.

Porque luego, en los 70, la salsa –que disculpen Cheo, Pete, Héctor, Rubén, Willie y Cía.– tuvo su propio sendero sabroso, con saoco, de la mano de las orquestas y solistas que surgieron en las arterias del primer puerto del país. Fue su época dorada.

El romanticismo del Combo Hit Parade Latino, la picaresca del Combo Espectáculo Creación, surgieron también La Clave del Callao, La Progresiva del Callao, verbigracia.

Si se habla de internacionalización de la salsa hecha en tierra de los incas, tirios y troyanos coinciden en señalar al desaparecido Óscar “Pitín” Sánchez como nombre vital: el trompetista dirigió diversas orquestas y se daba el lujo de tocar en Colombia, en México.

Hay también un contexto que permitió el desarrollo del movimiento en el país: los festivales de orquestas de salsa; salsódromos como la recordada Máquina del Sabor de La Herradura; la radio, entonces más amigable a las nuevas propuestas (aunque se sabe que había un presupuesto para discjockeys y programadores). Y no nombramos al Chim Pum Callao, festival surgido en 1997, porque no ha sido una ventana para los grupos peruanos, sino un evento con figuras afuerinas.

Fue un desarrollo que, ahí viene la discusión, los conocedores hacen un parte de aguas con el sonido de la denominada “salsa perucha”, con orquestas que suenan homogéneas, donde prima el marketing antes que la calidad, el cover antes que la creación heroica. Salvo excepciones, claro está.

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El compositor y arreglista Carlos Orozco Cubas es padre musical de La Fragua de Surquillo, orquesta que supera el medio siglo de vida institucional. El músico de 73 años recuerda que no se deben confundir términos, como la orquesta más popular con la mejor orquesta. Una buena orquesta, define, tiene que sonar como los dioses, no ser “palo blanco”, embuste, como dicen los músicos.

Ensaya sus propias conclusiones del porqué el movimiento de la salsa peruana se desinfló tras los 80, cuando tenía más fuerza que la colombiana, entonces en pañales. Para Orozco, se debe al momento en que los locutores estelares vieron la salsa más que como un movimiento cultural como negocio, pusieron la barrera para que suelten las nuevas canciones tenían que poner dinero, de lo contrario, no sonaba. Ahí, el potencial creativo del género se desinfló, opina el creador de “Estas llorando”, salsa dedicada a Chabuca Granda.

Orozco considera también, como el cronista Eloy Jáuregui, que la salsa no llegó por mar a la capital, sino por vía aérea, por el aeropuerto de Limatambo. Es decir, la primera escala de los directores musicales y los elepés fue Surquillo y para muestra El Neptuno, el night club que funcionaba debajo de un autocine donde trabajaba la orquesta epónima, con un sonido bestial.

“En el Callao se escuchaba mucho jazz porque llegaban barcos arrastreros de China, Japón, Grecia; los barcos latinos llegaban a Chimbote, donde se desarrollaron justamente las primeras orquestas”, cuenta.

Cambiando de contexto, lamenta que hoy las orquestas de la denominada salsa perucha, que pertenecen en su mayoría a empresarios, no tengan calidad y por ello hay figuras internacionales, como Willy Gonzales, que dicen que las orquestas peruanas solo copian. Al buscar músicos con poca experiencia, hacen daño a la imagen afuera, dice Orozco. El tema de la calidad de las orquestas peruanas se ve cuando viajan al extranjero y no dan la talla, lamenta. Lamenta también la relación de algunos grupos con el blanqueo de dinero.

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El trombonista Alex Porras recuerda que en 1986, cuando surgió La Sociedad de Barranco 1986, no había muchos grupos en el circuito salsero limeño, pero sí varios temas sonando en la radio y la gente buscaba a esas estrellas.

Entonces, los grupos coincidían en los escasos locales. Eran tiempos del terrorismo, y los músicos tenían que terminar sus shows antes de las 12 porque ese año el gobierno dispuso el toque de queda en Lima y el Callao. Y se debían quedar en la casa de un músico hasta la madrugada.

Porras recuerda que las orquestas salseras peruanas tenían una forma, un sonido que uno identificaba, y eso es algo que impuso Pitín Sánchez.

Al reconocido trombonista, el nombre de “salsa perucha” le parece despectivo y el trabajo de muchos grupos que hoy brillan se ha limitado a pasar temas de la cumbia a la salsa; las orquestas suenan igual y carecen de personalidad, opina. Saluda a las que luchan a contracorriente del mercado y los empresarios, y trabajan un repertorio propio, por ejemplo, la de los hermanos Cartagena.

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El cantautor Jhonatan Tito es la cabeza de un colectivo de 22 personas que han lanzado la cruzada cultural Rescate Salsero. El proyecto SalsaMaster ya tiene tres años y busca “recuperar la identidad y esencia de la salsa clásica producida en el Perú”, el sonido de los 80 y 90.

Tanto Carlos Orozco como Alex Aguirre, entre otros músicos de las orquestas de esos años, han sumado al trabajo de Tito en arreglos y el conocimiento sobre la materia sabrosa.

Tito recuerda que con el nuevo siglo, mientras surgía la tecnocumbia con su ola gigantesca, las orquestas desaparecieron y todo se volvía digital, latin pop.

“Yo creo que la salsa en el Perú es creativa; los músicos de Zaperoko, K’llao y otras orquestas son buenos músicos y cantantes. Lo que buscamos nosotros con el proyecto es, con composiciones hechas aquí, demostrarle a la juventud que la salsa en el Perú tiene identidad, y no las define un conglomerado que tiene a cargo 5 o 6 orquestas”, opina.

El cantante dice que la salsa peruana tiene su propio camino y personalidad: la sabrosura y el baile; el peruano busca una salsa de letras románticas y a la vez es bailarín, define; mientras que el músico chalaco tiene una agresividad y picardía a la hora de tocar los instrumentos.

Nombres como Antonio Cartagena o Willy Rivera lograron abrir camino en mercados como Estados Unidos o Colombia, sin ser calco ni copia. En honor a los músicos de trayectoria que lo rodean, Tito ha denominado a su disco Nadando con tiburones. Ya estrenó una canción dedicada al Callao, “A mi puerto querido” y en febrero, para el bicentenario, llegará “Salsa al Perú”. A mover el maniquí en el 2021.

Datos

Oscar “Pitín” Sánchez impuso canciones como “Guantaranure”, y los primeros éxitos de Antonio Cartagena y Willy Rivera con la Sensual 9:90.

La versión de “Quiéreme”, de La Sociedad de Barranco, se convirtió en el hit del verano de 1989, en la voz del desaparecido sonero Julio Barreto.

Carlos Orozco realizó los arreglos de “Sin ti”, éxito de solista de Cartagena.