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Periodista
jvadillo@editoraperu.com.pe
En el día a día, José Sánchez Chunga, profesor del curso de Ciencia y Tecnología, casado y de 44 años, notaba un desánimo generalizado en sus estudiantes. Si en tiempos presenciales el solo hecho de nombrar los cursos de Física y Química causaba una “cierta apatía” en el alumnado, “imagine cómo es ahora, con las clases virtuales”, me dice.
Preocupado por el futuro de sus alumnos del colegio Santa Úrsula de Sullana (Piura), empezó a buscar alternativas para poder motivar a los estudiantes. Así se dio con el proyecto Amauta y la posibilidad de ser un docente coach.
El último trimestre del 2020, en plena pandemia, el profesor Sánchez puso en práctica las herramientas con alumnos del cuarto y quinto de secundaria. Era un momento difícil, porque la emergencia sanitaria los había puesto más indecisos sobre qué carrera estudiar.
“Ser coach me ayudó a orientarlos para que encuentren su verdadera vocación. Les comencé a ayudar en sus actitudes, habilidades; a orientarles sobre las carreras profesionales”, comenta.
La indecisión estudiantil es algo que también ve en el Centro de Educación Técnico-Productiva (Cetpro) ‘San Juan María Vianney’. Ser docente coach le sirve hoy para motivar a esos jóvenes a crear sus propias empresas.
Muchos chicos estudian lo que sus padres o madres quieren. Por ello involucró en las charlas a los padres de familia. Les explicó que la única manera de que sus hijos no sean ciudadanos resentidos es que los chicos elijan su vocación y los padres los apoyen. Fue claro: obligarlos a estudiar la carrera que soñó el papá solo genera profesionales mediocres, sin pasión.
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La profesora Verónica Gabriell siempre está buscando información sobre cursos para mejorar sus técnicas de enseñanza “y llegar de manera más clara a los alumnos”.
En el instituto privado ‘San José Marello’, en Huaraz, se especializa, desde hace más de una década, en los talleres de Motivación, de Imagen y Desarrollo de la Personalidad, para las señoritas que estudian Secretariado.
Dice que Huaraz, aunque es la capital de Áncash, no tiene el mismo desarrollo en educación que Chimbote. Eso se vio en la pandemia: muchos institutos huaracinos no contaban con plataformas y sufrieron en implementar las clases digitales. En su ciudad, alrededor del 20% de los alumnos que llegan a la carrera técnica no lo hacen por vocación, asisten a clases mientras intentan ingresar a la Universidad Nacional Santiago Antúnez de Mayolo, por ejemplo. Después postulan a una carrera fácil y luego hacen el traslado interno. Es un fenómeno con el que tienen que lidiar.
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“El maestro del primer año de la universidad debe poder direccionar a los jóvenes en qué carrera pueden generar su felicidad. Eso me llama la atención del coaching”, opina River Serna Valdivia.
Tiene una trayectoria enseñando en diversos centros de enseñanza superior y el 2020 inició sus labores en la Universidad Nacional Intercultural de la Amazonía (UNIA, de Pucallpa). Era su primera experiencia en un centro académico intercultural y se dio en medio de la pandemia.
Su autocrítica es que “los maestros no estamos formando bien la gestión del talento y a las universidad los chicos llegan con un error vocacional. Al final, ellos terminan como taxistas y caen en la frustración porque les desagrada lo que están ejerciendo. Por ello es importante desde la formación básica regular la gestión de los talentos”, opina.
El reto, por ejemplo, en una universidad intercultural como la UNIA es lidiar con audiencias de diferentes idiomas, creencias y culturas, y adaptar a ellas el conocimiento científico en awajún, shipibo, bora. A ello, Serna, que es quechuahablante, tiene que sumar si los alumnos tendrán la capacidad de volver a sus comunidades y enseñar en sus lenguas originarias. Las técnicas del coach lo han ayudado a desentrañar la formación vocacional de los alumnos.
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De acuerdo con las cifras del Proyecto Amauta, el 90% de los alumnos de cuarto y quinto de secundaria no saben qué estudiar; y el 58% abandona o cambia de carrera en el primer año de estudios superiores (en el caso de las universidades públicas es menos del 50% y en algunas particulares supera el 70%, explica). Y el 60% de quienes terminan la carrera lo hacen desmotivados.
No son cifras supeditadas al Perú. José Cueto, director ejecutivo de esta iniciativa privada, comenta que se ha levantado data similar de Argentina, Uruguay y Chile.
Frente a esta realidad, por más de dos años diseñaron el proyecto Amauta para que sea “escalable” (solo el Ministerio de Educación tiene entre nombrados y contratados más de 411,000 profesores) y llegue a la mayor cantidad de docentes de todo el país.
El año pasado, el inicio de la emergencia sanitaria aceleró el lanzamiento del proyecto tras comprobar, en el Congreso de Coaching Educativo que realizaron a fines de abril, la avidez de los maestros por aprender nuevas herramientas para ayudar a sus alumnos a tomar mejores decisiones.
Cueto recuerda que la decisión de Amauta por optar por los maestros no es advenediza. Cuando realizaron talleres con adolescentes comprobaron que, entre las 5 personas que más admiran, siempre hay 1 o 2 profesores. Solo se debe potenciar a los profesores para que sean capaces de desarrollar los talentos de sus alumnos y estos sean exitoso, tenga un rumbo, con las competencias necesarias.
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El proyecto brinda de manera gratuita un conjunto de talleres enfocados en transformar en la manera de educar. Es decir, en las horas de clase aprender a usar las seis fases del coaching educativo: potenciar el aprendizaje para generar curiosidad, fortalecer el trabajo en equipo, la capacidad de expresas ideas y de recibir feedback, la autovalorización del alumno y la buena percepción entre ellos.
El coaching educativo busca transformar la manera de la enseñanza en el aula. Luego, mediante herramientas, agregan valor a las interacciones con los chicos, ya sea uno por uno o en clase. Otro trabajo es la gestión de las competencias de los padres de familia para que se vuelven aliados en el desarrollo de sus hijos.
“Se potencia la neuropedagogía y la gestión del talento. Es lo que se conoce como coaching educativo”, resume Cueto, quien ha publicado tres libros sobre el talento en la escuela. Por la pandemia, se han añadido técnicas de didáctica online para que los docentes tomen como un desafío lo remoto para lograr sus objetivos y tener en el futuro más profesionales felices desempeñando sus labores. Eso se llama vocación.
Datos:
La primera convocatoria en el 2020 fue un piloto para 500 docentes; la segunda, para 1,300 profesores.
El proyecto Amauta brinda formación como docente coach gratuita y S/ 100 por el certificado para mantener la labor que incluye varios docentes extranjeros.
200 horas de formación brinda el proyecto en coaching educativo.
La Municipalidad de Lima se ha sumado ayudando en la difusión.
Cifra
200 horas de formación brinda el proyecto a los docentes.