Opinión

Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía, profesor universitario
Sin embargo, hay otros actores educacionales que apenas sobrevivirán porque su estrategia es insostenible, tanto por razones financieras como por resultados concretos a nivel educativo. Y lo que antes era una hipótesis de las virtudes del modo virtual, incluso visto como una necesaria alternativa al paradigma de la educación presencial, esta se ha llevado a cabo, aunque a trompicones y obligado por las circunstancias. Por lo tanto, ha llegado también el momento de comenzar a revisar sus limitaciones.
Se sabe que, por la edad de los seres humanos, requieren de diversos grados de socialización solo alcanzables de manera presencial. Una característica ineludible desde el propio origen de la humanidad. Por eso la etapa preescolar y los primeros años de primaria arrojan dudosos resultados de que pueda funcionar un sistema estrictamente virtual. Es conocido que se requiere un alto grado de conexiones sociales y aprendizajes de habilidades solo posibles cuando se convive presencialmente. Es decir, no funcionaría para esa edad temprana un modelo de educación virtual. Lo que ha sucedido hasta la fecha es un entusiasta empeño, seguro con esfuerzo, empujado por el nuevo papel de los padres-docentes, cuya preparación pedagógica está más llena de amor que de destrezas necesarias para la evolución intelectual del niño.
En los demás niveles, incluyendo el nivel superior (institutos y universidades), hay un contradictorio intento de mayor acoplamiento a un circuito de aprendizaje virtual. Pero las costuras comienzan a notarse. Y no solo es por un ejercicio de nostalgia en la que el aprendizaje en el aula se extendía al campus físico y, muchas veces, como un diálogo intenso o discusión interminable de manera directa, sino también que la experiencia educativa es totalmente distinta. Ahora uno está casi de manera fantasmal, ante voces interconectadas en algún punto que uno no sabe si realmente están presentes en la clase, es más parecido a un juego de espectros, de avatares que acuden ante un tipo de experimentación cada vez más agotador e inescrutable.
A ello hay que sumarle una infraestructura tecnológica exigua, el internet restringido e inalcanzable para muchas familias peruanas, y el requerimiento de aparatos tecnológicos más bien como formas de ratificar la permanente exclusión social. Ya se habla de una educación híbrida, una manera de combinar lo presencial-virtual. Otros solo queremos regresar al aula de manera segura.
El Diario Oficial El Peruano no se solidariza necesariamente con las opiniones vertidas en esta sección. Los artículos firmados son responsabilidad de sus autores.