Cultural

Periodista
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En su nueva novela, Mujer rota (Lima, Fondo de Cultura Económica, 2020), Irma del Águila se inspira en la historia de Sofía Carlota de Alençon. Hermana de la emperatriz Sissi de Austria y miembro de la realeza europea, fue una de las 126 víctimas mortales del incendio del Bazar de la Caridad (4 de mayo de 1897).
Hay un episodio sombrío en el cual la narradora limeña se enfoca: en el verano de 1887, Sofía fue encerrada en el sanatorio de Maria Grün, del alienista Krafft-Ebing, acusada de infidelidad.
Con ello, Del Águila acerca a sus lectores a los inicios del psicoanálisis y sus métodos (“es una época de transición hacia una psiquiatría que desarrolla la idea de la subjetividad y del inconsciente y del trauma”), también a la sexualidad y libertad de la mujer.
“Las ciencias son siempre ciencias morales. El verdadero campo de pelea político es definir qué es lo moral, qué es lo afectable y lo punible. En el siglo XIX, la psiquiatría seguía la idea que el orden era patriarcal, donde el hombre era un sujeto, sexualmente hablando, nómade, mientras las mujeres se concebían como sujetos sedentarios, consagrados al hogar, la reproducción y educación de los hijos. Cambiar ese orden era como un acto de insania moral. Porque la moral y la salud mental eran una misma cosa”.
En la narradora limeña, la historia es un magma del cual empieza el proceso de ficcionalización. Sucede, particularmente, en sus dos más recientes novelas, La isla de Fushía (2016) y Mujer rota.
“Estamos hablando de historias donde rescato del pasado personajes femeninos. La historia nos ayuda primero a mirar el pasado y a tender puentes y encontrar una genealogía de nuestro presente. El pasado siempre es presente”, dice Irma.
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Mujer rota –que es una novela corta donde el yo narrador de Del Águila incluye una mirada reflexiva de socióloga en escenarios y personajes– demandó a su autora mucha investigación documental en la Biblioteca Nacional de París y visitas a escenarios en Francia.
Tanto las historias de las pacientes del sanatorio como las cartas del marido de Sofía, Fernando de Orleans, duque de Alençon, fueron intencionalmente destruidas.
En camino
Irma del Águila estudia el siglo XIX peruano para su siguiente proyecto narrativo, con el que buscará darle un giro a los personajes épicos de la historia oficial. Desde un punto de vista íntimo, que incluya su “lado oscuro”, lo cotidiano, los conflictos sociales.
Como el caso de Andrés Avelino Cáceres. Explica: El héroe de la campaña de la Breña, una década más tarde, como presidente, reprimirá cruelmente a los comuneros que fueron sus aliados en la guerra con Chile.
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La autora pertenece a la nueva generación de mujeres en la literatura peruana. Subraya que “siempre hemos escrito [las mujeres], lo que pasa es que hemos sido invisibilizadas. La irrupción de la mujer en la literatura peruana es también adquirir ciudadanía plena, que no implica ni termina en el espectro de la creación literaria. Tiene que ver con campos de trabajo, obreras, maestras”.