• MIÉRCOLES 8
  • de abril de 2026

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TRADICIÓN EN EL CUSCO

Los últimos viajes de los peregrinantes al Qoyllur Rit’i


Editor
José Vadillo Vila

Periodista

jvadillo@editoraperu.com.pe


¿Seguirá bendiciendo igual el Señor de la Nieve Resplandeciente? ¿Son estos tiempos adversos un jalón de orejas para sus peregrinos?

Para las antiguas generaciones de pomacanchinos, el peregrinaje anual al Señor del Qoyllur Rit’i (Señor de la Nieve Resplandeciente, en quechua), entre el domingo de la Santa Trinidad y el Jueves de Corpus Christi, se hacía con música, danza y a pie.

Largas y demandantes jornadas por las zonas altoandinas mientras la alegre melodía del “Chakiri wayri” actuaba como el mejor energizante. Porque siempre “chakipi aswan allinta puriyku” (“a pie viajamos mucho mejor”).

Seré miles

Llegaban desde sus pueblos hasta Mawallani, a los pies del santuario para ser parte de la más grande peregrinación del Perú y, tal vez, de todos los Andes.

Es una práctica que, según la antropóloga Zoila Mendoza, al 2019 solo la realiza el 1% de los más de 100,000 peregrinos que visitaban el famoso santuario. Solo caminan los ocho kilómetros desde el pueblo de Mawallani hasta el santuario.

La absoluta mayoría de los peregrinos hoy ya no hacen la larga caminata desde sus pueblos. Por qué no aprovechar el transporte motorizado: autos, ómnibus, combis, camiones. Tiempos modernos, economía de horas-hombre.

Zoila Mendoza acompañó durante tres años en el periplo a pie a los músicos trashumantes de Pomacanchis que honran al Señor de Qoyllur Rit’i (a fines de los ochenta ya había ido con los habitantes de San Jerónimo).

Subió y bajó cerros con ellos en el 2006, 2008 y 2010. Caminatas que duraban tres días y dos noches. A ello suma los viajes que cada año ha realizado a Pomacanchis para profundizar sus investigaciones, con la excepción del 2020, año del inicio de la pandemia mundial.

Cambio permanente

En su libro Qoyllur Rit’i. Crónica de una peregrinación cusqueña (La Siniestra Ensayos, 2021), Zoila Mendoza da cuenta de este proceso, singularizando en la relación de los pomacanchinos con su fe peregrina.

–Tuve la suerte de tener la reflexión de ellos, su experiencia en este cambio. Lo bueno y lo malo; las cosas que ellos sentían que se perdían.

Mas la antropóloga no ve los cambios con nostalgia o tristeza de algo por perderse. Al contrario, documenta un momento de transformación de una peregrinación considerada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Explica:

–El cambio siempre ha sido una característica de Qoyllur Rit’i, desde el principio. Si bien el dejar de caminar [los más de 80 kilómetros] ha sido un cambio importante, la festividad ha ido creciendo. Se mantiene la caminata fuerte, la final [de 8 kilómetros], y elementos esenciales, como las paradas en las apachetas del camino y el llegar a un lugar sagrado, como es el santuario.

El cambio es positivo, agrega. Ya no solo peregrinan a Qoyllur Rit’i quienes disponían de dos semanas para prepararse. Hoy puede ser algo más rápido, exprés. Desde Lima se puede llegar en 20 horas en bus al Cusco y de ahí tomar otro bus a Mawallani. Caminar. Danzar para el Señor. Orar. Y volver a sus ritmos de vida.

Música energizante

Todo cambia. Inclusive el “Chakiri Wayri”, esa música de quenas y tambores, que es una suerte de combustible para los caminantes, va renovándose.

La doctora Mendoza explica que lo sensorial, la kinestética, es muy importante para quienes viven en la región y su tradición del peregrinaje hacia el santuario. Para ellos, su relación con el terreno, con los dioses-montaña, es vital.

La fiesta tiene para largo. En la última década, desde que fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, hay una mayor cantidad de gente que quiere ir al santuario de Qoyllur Rit’i, y periodistas cubren desde hace varios años.

Los cambios son parte de estas festividades y en este caso afectó lo del calentamiento global. A mediados de la década pasada se prohibió que los ukukus bajaran portando bloques de hielo en las espaldas y que hicieran las ceremonias con velas. “Al final, es un gesto de respeto, de expresión de que la gente se da cuenta, de que los nevados están retrocediendo”, explica Mendoza.

Hacia el futuro

¿Y qué efecto tendrá la pandemia del covid-19 en el futuro de la peregrinación al Señor del Qoyllur Rit’i? El año pasado, los pomacanchinos decidieron no participar por todas las restricciones.

Pero se dieron algunos movimientos rituales en el mismo santuario, circunscrito a los habitantes y asociaciones que se encargan de hacer la festividad religiosa del mismo distrito de Ocongate, provincia cusqueña de Quispicanchi, donde se ubica el nevado Ausangate, a cuyos pies se realiza la peregrinación al lugar sagrado.

Hicieron algunos actos alusivos y algunos virtuales, para que la relación entre la feligresía y el Qoyllur Rit’i continúe.

–Unas de los elementos básicos para entender la cosmovisión andina es que la gente de la zona tiene una relación de reciprocidad con lugares o imágenes que son poderosas o a las cuales deben ofrecer sus respetos. Y deben ofrecer y reconocer que tienen que continuar esta reciprocidad con el Señor.

Pero la relación continúa. Los peregrinos planifican su retorno para el 2022, el pago de los músicos, etcétera. La antropóloga, por el contrario, considera que el número de peregrinos, entre los cuales hay muchas personas con problemas de salud y otras que han hecho promesas a la imagen para ir al santuario, irá aumentando. Queda la posibilidad que también se suspenda por tercer año, lo que no es escollo para que la tradición perdure en el tiempo. Para los Andes, somos solo una anécdota del camino.

¿Por qué Pomacanchis?

El libro tiene el afán de no quedarse bajo el corsé académico. La historia se narra en un lenguaje sencillo. La antropóloga quiso que la historia regresara a las personas sobre las cuales escribió. Por ello, gran parte del libro está escrito en quechua, respetando los testimonios (y su traducción al idioma español). La antropóloga decidió hacer su investigación sobre el Qoyllur Rit’i en un espacio donde la población sea mayoritariamente quechuahablante. Eso lo encontró en Pomacanchis, cuyos habitantes hacen uso funcional del castellano y en sus conversaciones más profundas aflora el runasimi.

Cifra

85 kilómetros hay entre Pomacanchis y Mawallani.