Opinión
Director de la Escuela de Administración de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya
¡Perú, país de oportunidades! Es una frase que me gustaría analizar con detenimiento porque no deja de ser real. Sin embargo, la migración y el crecimiento poblacional de las principales ciudades del país, las cuales no tienen la posibilidad de dar soporte en cuanto a servicios básicos, infraestructura y gestión urbana, hacen que el hacinamiento poblacional se incremente y las oportunidades de desarrollo y trabajo en las ciudades se debiliten, con lo que se generan la informalidad y la búsqueda de subsistencia.
Lima se ha convertido en la ciudad más poblada del país con 9.6 millones de habitantes, cifra que representa el 29.7% de la población total (INEI 2020). Esta migración –que se dio desde 1960, se aceleró en las décadas de 1980 y 1990 debido al terrorismo, la falta de recursos de los pobladores ligados al agro y la búsqueda de oportunidades de la población rural más joven– llegó a constituir la población urbana, que para el 2017 representó el 77% de la población total del Perú (Ludeña, 2018).
Si analizamos las posibilidades de soporte de servicios básicos, las ciudades del Perú, incluida Lima, tienen serios problemas para brindar una vida digna. A ello se suman los grandes desafíos para mejorar el acceso a servicios de la población rural. Es urgente enrumbar las políticas públicas para definir acciones que busquen soluciones y promuevan que los gobiernos locales y regionales articulen líneas de trabajo que den solución a las necesidades básicas en todo el país.
Otro gran desafío para convertir al Perú en el país de las verdaderas oportunidades es agilizar los trámites burocráticos para promover las iniciativas empresariales que reactiven la economía pospandemia y, con ello, mejorar nuestro desempeño en rankings como el del World Economic Forum. Nuestro gran reto es lograr que el modelo económico dé solución rápidamente a los problemas de la población. Es tiempo de incidir en las microeconomías de las personas, que requieren y claman por soluciones de corto plazo.
Estamos próximos a cerrar un ciclo de gobierno complejo. Lograr empleabilidad o generación de trabajo requiere definir el rumbo hacia donde dirigiremos el país, sin sobresaltos políticos y de corrupción. La inversión privada y pública es necesaria para el desarrollo del país; por lo tanto, es fundamental que el Estado prepare el camino para que la inversión llegue y pueda cosechar el dinero que se requiere para mejorar la infraestructura, la educación y los servicios básicos.
Busquemos escribir hoy la historia del Perú de los próximos 200 años; es indispensable, para ello, construir cimientos sólidos que nos permitan dirigirnos hacia el rumbo que todos los peruanos necesitamos y anhelamos. Hacia un país con oportunidades para todos. El Perú se lo merece, nos lo merecemos.
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