Fotos: Archivo Histórico del Diario Oficial El Peruano
Cuando en febrero del 2019 el abogado chalaco Luis Bedoya Reyes se calzó los 100 años, se convirtió en el primer político peruano de la era republicana que llegó a la centuria y continuaba activo y atento al devenir del país.
“El Perú tiene un compromiso serio de formar su clase media, es la sensación de igualdad en el mundo social, no se siente sometido frente al más grande; la clase media hace una especie de intermediario y le da un abrazo a uno y otro, junta a ambos, es ella la que nos va a dar unidad en el país dividido, sentido de igualdad”, dijo entonces, cuando fue homenajeado.
Fue una de sus últimas actuaciones públicas (desde el 2003, sus apariciones se hicieron cada vez más esporádicas). El 19 de abril del 2019, asistió al velatorio del expresidente Alan García Pérez y tomó el micrófono para decir: “El Perú necesita partidos, pero partidos responsables que asuman su destino con la gran misión que les corresponde. Más allá del cambio de opiniones, la unión debe prevalecer”.
El 21 de julio del año pasado, el entonces presidente del Consejo de Ministros, Pedro Cateriano, lo visitó en su domicilio como parte de la ronda de conversaciones que sostuvo el entonces premier con los partidos políticos representados en el Congreso, buscando el voto de confianza.
El Tucán y la longevidad
Inspirado en la facción saliente de su rostro y su carácter, el periodista Luis Felipe Angell, “Sofocleto”, le cinceló en 1965 el apelativo con el que cinco décadas después, la masa aún lo reconoce: El Tucán. Y Bedoya supo llevar el mote sacudiendo las alas con humor criollo y risa nasal.
Lúcido y activo, además de tomar un polivitamínico que usaban los astronautas, Bedoya fue siempre deportista. Contó que su preocupación antes de irse a la cama era tener un problema por resolver al día siguiente.
Perteneció a la generación de políticos-oradores que acurrucó el juego político de mediados del siglo pasado, aquel donde la palabra hablada tenía el soporte de las ideas; aquel era importante el uso elegante del lenguaje.
Rincón del box
Prueba de ello fue el acalorado debate que protagonizó la noche del domingo 4 de diciembre de 1977, con su excorreligionario, el doctor Héctor Cornejo Chávez, entonces presidente del Partido Demócrata Cristiano (PDC), que apoyaba al gobierno militar.
Al otro lado del ring, replicaba Luis Bedoya, Secretario Nacional de Política del Partido Popular Cristiano (PPC), partido que había nacido en diciembre de 1966, apartándose del PDC.
El Perú seguía en pantallas en blanco y negro el encuentro de los políticos, a través del programa Contacto Directo del canal 4. Fue el debate más importante desde que el gobierno del general Morales Bermudez había convocado a las elecciones para los representantes de la Asamblea Constituyente, donde Bedoya lograría ser el segundo más votado. (Por ello, el 18 de julio 1978, Víctor Raúl Haya de la Torre, líder del Partido Aprista Peruano juramentaría como presidente de la Junta Preparatoria de la Asamblea Constituyente ante Bedoya).
Cornejo y Bedoya discreparon sobre cuatro ejes: la “primera” y “segunda” fase del gobierno revolucionario, la comunidad laboral y reforma agraria. Eran dos puntos de vista sobre lo que sucedía en la sociedad peruana.
Para Bedoya, por ejemplo, “el problema real de la Reforma Agraria en el Perú, tiene que tropezar hoy como ayer y siempre con el problema fundamental de que somos un país agrario sin tierra, y no hay dónde poner a los hombres del campo”.
Tras el debate, el político fue calificado en los medios como “pinochetista”, por su referencia durante su alocución a la economía abierta. Si bien el PPC tiene un perfil de partido de centro, para las mayorías y los partidos de izquierda, el episodio permitió identificarlo más con la derecha y la mirada de los ricos del país.
Apuesta democrática
Un gesto democrático que resaltan los politólogos es que en El Tucán primó en su carrera política la estabilidad de la democracia nacional a los intereses partidarios y su apuesta por hacer una oposición constructiva a pesar de haber perdido elecciones.
El gesto lo grafican cuando, primero, tuvo un trato alturado con el presidente Juan Velasco Alvarado; luego, en 1978, cuando demostró todo su apoyo en la Constituyente a Víctor Raúl Haya de la Torre.
Con el arquitecto
El líder histórico del PPC siempre estuvo a punto de ser el próximo presidente del Perú. Tuvo una distancia caballeresca con el arquitecto Fernando Belaúnde Terry, con quien se formó bajo la sombra de José Luis Bustamante y Rivero (cuando éste llegó al poder en 1945, Bedoya fue su secretario privado, y Belaunde, su diputado por Lima).
Luego, la alianza democrática cristiana entre el PDC –uno de los líderes era Bedoya- y Acción Popular –partido fundado por Belaúnde- llevaría al poder al joven arquitecto en 1963.
Debido a su gran popularidad, El Tucán solo tendría un paso rápido como ministro de Justicia y Culto (de julio a setiembre de 1963). Prefirió concentrarse en la campaña que lo llevó al sillón de la municipalidad de Lima en dos periodos consecutivos, de 1964 a 1969. Sus mayores legados son el moderno Mercado Central y la Vía Expresa del Paseo de la República.
El periodista Domingo Tamariz apuntó que Bedoya es el primer político moderno y pragmático: campechano, aprovecha las cámaras, rompe los estereotipos, sale del gabinete para estar donde las papas queman.
Sería candidato presidencial en 1980, donde ganaría Belaunde y el PPC quedaría en el tercer lugar, con 9,6% de los votos válidos. Cinco años después, en 1985, el excalde de Lima volvería a intentar la presidencia y lograría un honroso tercer lugar con 11,9 %, lejos de la Izquierda Unida y del ganador, Alan García Pérez. Fue cuando los políticos comenzaron a decir aquello que se convertiría en una muletilla que el Perú perdió a un buen jefe de Estado, tal vez su discurso muy adelantado al momento, no le permitió lograr la química con las multitudes. Al año siguiente, 1986, intentó volver a la alcaldía de Lima.
Para las elecciones del 90, el PPC, Acción Popular y el movimiento Libertad se unieron para apoyar la aventura a la presidencia de Mario Vargas Llosa, bajo el paraguas del Frente Democrático (Fredemo). Pero no se pudieron contra el tsunami Fujimori, que llegó al poder con el apoyo del Apra.
Cuando en el año 2000 cayó el régimen de Fujimori, gracias al video del soborno del exasesor presidencial Vladimiro Montesinos a Alberto Kouri, Bedoya Reyes reclamó la instalación de un Gabinete Ministerial “con alta autoridad moral” para enfrentar la transición democrática; un cogobierno entre el fujimorismo y la oposición.
Un año después, tuvo un traspiés: se daría a conocer que su hijo, Luis Bedoya de Vivanco supuestamente recibió 25 mil dólares para su campaña edil de 1999. Bedoya padre dijo que fue una “debilidad”, “mi hijo ha pecado socialmente. Mi hijo no ha delinquido (…) Él no ha quebrado su línea moral”. Por ese delito, el desaparecido político purgaría cárcel durante dos años.
Los últimos años
Las dos décadas del siglo XXI que le tocó vivir, el político nacido y criado en Chucuito no dejó de estar siempre atento a su legado partidario. A inicios del siglo, el PPC formó parte de la alianza Unión Nacional y apoyaría a Lourdes Flores Nano en sus aspiraciones a convertirse a alcanzar la presidencia de la República.
A pesar de que no llegó a la presidencia ni fue presidente del Consejo de Ministros, nunca dejó de ser preguntado por los periodistas sobre las actitudes de un Jefe de Estado. Su figura de político centrado dejaba una estela. “El peor pecado que puede cometer un hombre de Estado, es imaginar que él conoce todo”.
Datos:
-En el 2004, Bedoya Reyes recibió la Medalla de Honor en el Grado de Gran Cruz, por parte del Congreso de la República.
-En 2011 recibió la Orden El Sol del Perú en el Grado de Gran Cruz, del Poder Ejecutivo.
-Fue distinguido como Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en 2009.
-El Fondo Editorial del Congreso publicó en 2012, Gradualidad en el cambio. Textos esenciales de Luis Bedoya Reyes.
-Y en 2018 salió de imprenta Joven centenario. Realidades de una vida.