Editorial
Si bien este ejercicio tiene un origen histórico internacional en los debates presidenciales de Estados Unidos a principios de la década de 1960, su incorporación a la cultura política institucional de América Latina ha sido progresiva y auspiciosa. Hoy, la mayoría de democracias de la región organizan este tipo de eventos, tanto a nivel presidencial como para otros cargos electivos (locales, regionales, legislativos).
Los primeros debates presidenciales efectuados en forma voluntaria datan de los años 60 en Venezuela y Brasil. En el Perú, el primer debate televisado en el ámbito municipal tuvo lugar en 1966 entre los candidatos Luis Bedoya Reyes y Jorge Grieve; y en el ámbito presidencial, en 1990, entre Mario Vargas Llosa y Alberto Fujimori. Ahora, incluso, existen leyes que obligan la organización de debates en varios países del continente.
Todos estos hechos han ido cimentando el camino y convertido a los debates presidenciales en uno de los ritos claves de una campaña electoral, primero para cumplir el principio de la competencia política, pero, sobre todo, para garantizar el derecho de los electores a conocer la capacidad, la destreza y la coherencia de los candidatos.
Uno de esos ritos de la democracia se desarrollará el 29, 30 y 31 de marzo en el Perú con el debate presidencial organizado por el Jurado Nacional de Elecciones. Será una jornada de tres días en la que los 18 aspirantes al sillón de Pizarro tendrán la oportunidad de exponer sus propuestas y contrastarlas en espacios equitativos previamente establecidos.
Con el fin de garantizar la participación de los candidatos en igualdad de condiciones, mediante sorteo el JNE definió que en la primera fecha estarán George Forsyth, Verónika Mendoza, Alberto Beingolea, Keiko Fujimori, Marco Arana y César Acuña.
En la segunda jornada participarán Pedro Castillo, Daniel Urresti, Andrés Alcántara, José Vega, Ollanta Humala y Hernando de Soto. Y en la última fecha, Rafael López Aliaga, Yonhy Lescano, Julio Guzmán, Daniel Salaverry, Rafael Santos y Ciro Gálvez.
Los temas seleccionados no podían ser ajenos a los desafíos del momento: lucha contra la pandemia, seguridad ciudadana, integridad pública, lucha anticorrupción.
Esperamos que este debate genere respuestas a los problemas más álgidos del país y ayude a tomar la mejor decisión, pues, en medio de la emergencia sanitaria, la mayoría de peruanos han centrado su atención en el combate al virus, la búsqueda de oxígeno y medicinas, la organización de ollas comunes, la refinanciación de deudas con el sistema financiero y la posibilidad de generar algún ingreso para sus familias.