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Periodista
jvadillo@editoraperu.com.pe
Lo del semblante pétreo de los vencedores, posando para la posteridad, ya estaba en nuestros genes electorales. Porque con los laureles de un César, y algo risueño, se mandó acuñar en monedas la silueta de la faz del rey Fernando VII, ‘El Deseado’, aquel 1812. Año importante para el devenir de la América Latina española, cuando se promulgó la Constitución de Cádiz. Cuando, por vez primera (y última de los tiempos virreinales), todos los varones mayores de 25 años destos reinos –criollos, peninsulares, indios, negros y mestizos, digo– votaron para la constitución de los cabildos.
Fue una efímera primavera democrática y las monedas del monarca ibérico recuerdan el momento. Fernando VII, también llamado ‘El rey Felón’, pasó de absolutista a ultranza a moderado. Todos cambian, quedan las monedas.
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En realidad, la numismática que refleja el poder político está presente desde los tiempos clásicos, de Grecia y Roma, de Pantaleón a Trajano. Cuando la única forma de difusión masiva para que los súbditos de un territorio conozcan a sus gobernantes era por el vil metal, en monedas de forma circular, donde estaban cinceladas el perfil de su rey o emperador. Es decir, la famosa frase de Julio César al frente de sus legiones, ‘llegué, vi, vencí’, podría ampliarse a ‘llegué, vi, vencí y acuñé’.
“Era un mecanismo de posicionamiento, aparte del ejercicio militar, ya que conocían el rostro de su rey. Esa costumbre continuó durante el virreinato”, explica el historiador Miguel Arturo Seminario, director del Museo Electoral y de la Democracia del Jurado Nacional de Elecciones (JNE).
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Con la llegada de la República en 1821, estas costumbres virreinales no cambiaron y hoy por hoy, como cuenta el historiador, las medallas conmemorativas y monedas de los vencedores de los procesos electorales son considerados “una fuente artística para la recreación del pasado”. En el 2019, el JNE lanzó el libro Numismática & Democracia, en el que explora a profundidad el tema durante nuestro agitado siglo XIX.
En ese entonces –tiempos sin televisión ni radio, donde solo un pequeño porcentaje de la población sabía leer y escribir, ergo, accedía a los periódicos–,las medallas eran moneda corriente de los gobernantes, para transmitir o perennizar también las grandes obras que realizaban. Los grupos políticos también acuñaban monedas, una suerte de propaganda acuñada en cobre, plata y oro.
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“Desde 1851 [cuando aparecen los partidos políticos en el país, con la Sociedad Independencia Electoral, luego llamado Partido Civil, el cual llevará a Manuel Pardo a convertirse en el primer presidente civil], cada vez que se constituyen las agrupaciones políticas, ellas acuñaban medallas conmemorativas”, refiere Seminario.
Así, para complementar la historia de los partidos políticos, el museo del JNE salvaguarda las monedas de la fundación del partido Demócrata, de Nicolás de Piérola, y del partido Constitucional, de Andrés Avelino Cáceres, entre otros. La moneda se constituye en una fuente documental de nuestra historia política.
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Las medallas también eran moneda corriente entre la clase política para felicitar la llegada de un nuevo inquilino de la casa de Pizarro o conmemorando un año al frente de la presidencia. Muestra de ello son las distinciones honoríficas dedicadas a Piérola y su partido, o a José Pardo.
Entregar bustos, estatuillas y medallas a presidentes y caudillos son costumbres que se mantienen hasta el siglo XX.
Con motivo de su cumpleaños, el 27 de julio de 1913, los motoristas y conductores del F.C. Urbano de Lima regalaron una placa en homenaje al presidente Guillermo Billinghurst, quien también tuvo medallas con su contorno.
El presidente Augusto B. Leguía y sus cobistas aprovecharon las conmemoraciones del primer centenario de la patria para acuñar el rostro del mandatario en placas conmemorativas de las efemérides. No se quedaron atrás los egos de los generales Óscar R. Benavides –el mandatario del lema ‘Paz, orden y trabajo’–, y Manuel A. Odría.
Seminario apunta que Leguía y Odría son quienes superan y acuñan más medallas por las obras que cumplieron con el pueblo. Tras el ochenio del militar tarmeño hay un decrecimiento de estas prácticas, que disminuyen drásticamente durante los años sesenta, con Manuel Prado y Ugarteche; con el retorno de la democracia, en 1980, desaparecen. Hoy, las únicas monedas conmemorativas que tenemos las emite el BCR y tienen que ver con episodios de la historia o buscan sensibilizar a la población con la naturaleza o el patrimonio.
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Caricaturas en su tinta
Marcel Velásquez señala en La República de papel (2009) que en el siglo XIX los periódicos eran en su gran mayoría de corte político y aumentaban su tiraje en épocas electorales. Entre los años que señala tenemos: 1834, 1849-1850, 1856, 1866 y 1871. En los diarios y revistas, la caricatura ha cabalgado los siglos como mecanismo privilegiado para mostrar los entretelones de los procesos electorales y sus contrincantes, o denunciar las malas artes en ellas. Por ejemplo, hay caricaturas de los prohombres, Bolívar y San Martín. Otra clásica e irreverente muestra al presidente Ramón Castilla entrando en un borrico a Lima. Hay infinidad que muestran a los ayayeros del poder de turno. De tiempos de la jurisdicción parroquial y del voto indirecto, una imagen de 1865 presenta a un sacerdote encarando el clientelaje de un político, que siempre trataban de ganar con criolladas los procesos electorales. El museo del JNE atesora en sus archivos acusaciones tempranas de fraudes y alteraciones, ¡desde 1812!, cuando la democracia berrinchaba sus agúes. Y de procesos fraudulentos no solo hablan las juntas departamentales ante el Congreso, sino también el trazo de las viñetas. La caricatura es algo serio.
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Datos:
El Museo Electoral y de la Democracia del JNE se inauguró en el 2006.
Contiene objetos históricos y artísticos, asociados a la memoria de la democracia en el Perú republicano.
Desarrolla un ciclo de conferencias en el que analiza el proceso de la independencia hasta la bicentenario de la batalla de Ayacucho, en el 2024.
Cifra:
9 salas virtuales integran el Museo Electoral del JNE.