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  • de abril de 2026

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Elecciones en el Perú

Historias de ánforas y electores

Desde el siglo XIX, aligerar el material de las ánforas permitió democratizar las elecciones e incorporar a más actores. Recién en 1931 se crearon el JNE y las libretas electorales.


Editor
José Antonio Vadillo Vila

Periodista

jvadillo@editoraperu.com.pe


La primera ánfora del siglo XIX, data de 1809, cuando se eligió al delegado del Perú ante las Cortes de Cádiz para las juntas generales que se habían constituido en España frente a la invasión francesa y cuando se discutió sobre la causa indígena americana.

Se eligió a Vicente Morales Duárez como diputado, y entre los cinco diputados suplentes elegidos se encontraba Dionisio Uchu Inca Yupanqui, descendiente directo de las panacas reales incaicas.

Nuestra prehistoria electoral fue terrosa. “Esas ánforas eran cántaros de arcilla con boca ancha, donde se metían las papeletas. Esa forma virreinal de votar era muy distinta a la republicana. Entre los votantes se elegía una terna y, por sorteo, se elegía al ganador”, explica el historiador Miguel Arturo Seminario, director del Museo Electoral y de la Democracia del Jurado Nacional de Elecciones (JNE).

Con este método, que hoy consideraríamos práctica antidemocrática, se elegían a los representantes de los cabildos de los pueblos, villas y ciudades del Perú.

Cambios y democracia

Con la República, las primigenias ánforas de arcilla sufrieron cambios mientras nos calzábamos las hormas de las formas democráticas.

Porque esos porongos, que eran recipientes de leche, dificultaban su traslado para largas distancias, por ejemplo, desde una capital serrana o una ciudad del norte hasta la capital de la República.

Por ello, las ánforas serían luego de metal. Y en el siglo XX, cuando las elecciones se vuelven más masivas, buscando que sean más ligeras para su traslado, se fabricarán de policloruro de vinilo (PVC), cartón y, hoy, polietileno.

Tiempos de cartón

Estas dos últimas son las de más fácil traslado y permitieron justamente a la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) el envío de los votos desde las ciudades del interior hacia la capital de la República.

Seminario recuerda que hablar del voto de los peruanos en el exterior hubiera sido imposible si no se hubiera desarrollado la “ánfora desplegable”, confeccionada de cartón.

El voto electrónico es una realidad en distintos países. En el caso peruano, los ensayos con este sistema fueron avanzado en espacios específicos, como los balnearios del sur de Lima, pero, debido a la pandemia del covid-19, en estos distritos se ha tenido que volver al modelo tradicional de cédulas y lapiceros.

Pero no hay duda de que, en unos años, el voto electrónico en el Perú será universal, como parte de las dinámicas de la sociedad posindustrial, que disponen mecanismos para facilitar la vida de las personas, explica Seminario.

Tiempos violentos

El período más difícil para los procesos electorales fue las décadas de los ochenta y noventa, de la lucha de las fuerzas del orden contra la subversión: Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, las principales organizaciones en buscar desestabilizar las elecciones democráticas y la estructura socioeconómica del país.

“A pesar de la violencia política focalizada en algunas zonas del país, como Huancavelica, Ayacucho o Apurímac, la vida democrática del Perú no se detuvo: los ciudadanos apostaron con fortaleza por mantener al país unido”, apunta el historiador.

IIMiguel Arturo Seminario sostiene que de 1821 a 1872, época en que asume el primer presidente civil, hay “luces y sombras en el camino de la democracia”.

Hablamos de cerca de medio siglo en que el destino del Perú estuvo determinado por la presencia de los caudillos, parte de esta realidad se refleja en la novela Balada para arcángeles, de Luis Fernando Cueto, y otras obras de ficción.

Sin tener un liderazgo, los caudillos manejarían el destino del país. “A diferencia de los líderes, que recogen las demandas de la masa, los caudillos imponían su voluntad sobre los ciudadanos”, explica el historiador.

Curas veedores

Seminario explica que durante esos 60 años del siglo XIX se mantuvo, en términos generales, los 25 años como edad mínima para votar. Claro, en algunos procesos se disminuyó a los 23 y 21.

“Pero siempre eran varones y contribuyentes al Estado. Yo podía saber leer y escribir, pero si no tributaba al Estado, no era declarado hábil para votar”.

Existían las “juntas temporales” que se creaban ipso facto para cada proceso electoral. Y a falta de documentos de identidad, se imponía “un sentido de jurisdicción parroquial”. Es decir, los ciudadanos estaban organizados alrededor de la Iglesia católica a donde acudían los feligreses.

El siglo XIX peruano es el del voto indirecto. Tiempos de los “electores por parroquia”, eran ellos y no los ciudadanos de a pie quienes elegían a los representantes a diputado o senador. Se trabajaba en función al “registro cívico” que se formaba los primeros días de cada mes de enero. Seminario explica que entonces, como en la actualidad, también el número de electores por parroquia para las elecciones municipales, legislativas o presidenciales estaba determinado por la densidad poblacional.

Por ello también, los sacerdotes actuaban como “veedores” en estos procesos. A falta de documentos de identidad, se encargaban de verificar la identidad de los ciudadanos, para evitar las suplantaciones.

Hay muchas caricaturas que lo grafican. En una de 1865, un sacerdote busca evitar la imposición del clientelaje político, vieja argucia de los políticos, que compraban ya por entonces las conciencias mediante sobornos o ejerciendo la violencia. La presencia de los sacerdotes en las elecciones continuó hasta 1936.

¿Por qué? Si bien la fotografía había llegado al Perú desde 1842 (cuando llega el daguerrotipo a Lima), no estaba difundida: resultaba demasiado onerosa para ser democrática. Será recién en 1931, cuando se crea el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) y también aparece la libreta electoral, la libreta electoral municipal, que se va modernizando la cuestión electoral.

Miguel Grau Seminario fue elegido diputado dos veces –en 1872, como suplente, y en 1873– por los electores de la provincia de Paita. No se ha dado otro caso en que el 100% de los electores voten por un único diputado, señala el historiador.

De las peores elecciones del siglo XIX está la de 1855. “Reflejan la falta de educación cívica ciudadana: se compraban las voluntades con una bolsa de dinero”, dice. Hoy, el JNE tiene una dirección de formación cívica que busca contribuir a la educación de los electores y no se arrepientan a la hora de emitir su voto.

“Elector, votad”

La cédula para las elecciones generales 2021 tiene tres columnas. La primera de candidatos a presidente y vicepresidentes, la segunda columna para congresistas y la tercera para el Parlamento Andino. En la primera columna están los símbolos de los 18 partidos y los rostros de los candidatos. Hacia la primera mitad del siglo XX, el elector elegía la balota con el nombre del candidato. Esta debía de estar firmada por el presidente de la mesa y con la fecha de la elección, antes de ir a la ánfora. Algo similar sucedía con las elecciones para alcalde: la cédula incluía el nombre de los regidores y llevaba la fecha y firma del elector.