• SÁBADO 21
  • de marzo de 2026

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Ciencia en el Perú

El Observatorio de Huancayo cumple 99 años


Editor
José Vadillo Vila

Periodista

jvadillo@editoraperu.com.pe


Los genes del Instituto Geofísico del Perú (IGP) son serranos. Están en el valle del Mantaro. Específicamente, en Huayao, una enorme explanada a las afueras de La Incontrastable, en el camino entre Chupaca y Huachac. El interés por hacer investigaciones geofísicas en el Perú se iniciaron ahí, en el Observatorio de Huancayo.

Hubo un contexto. En la década de 1910 existía un interés mundial por entender tanto de la meteorología como del campo magnético terrestre. “Se había observado que la Tierra tenía esos procesos de inmersión, cuando los polos Norte y Sur cambian. Se quería entender cómo funciona la parte interna de la Tierra que permite que se dé este proceso”, explica el presidente ejecutivo del Instituto Geofísico del Perú (IGP), Hernando Tavera.

Ecuador magnético

Para llevar adelante las grandes investigaciones mundiales, se establecieron observatorios muy cerca de ambos polos. Sin embargo, faltaba uno que debía ubicarse donde se creía que estaba el “Ecuador magnético”.

Los investigadores, encabezados por los del Instituto Carnegie de Washington (Estados Unidos), llegaron al Perú. Buscaban un lugar que sea libre de nubosidad la mayor parte del año y fueron al valle del Mantaro. Observaron que la zona de Huayao cumplía con estos requisitos de cielo límpido, desde donde se podían hacer todas las observaciones. Las evaluaciones durarían casi un año.

Hasta donde se tiene información, el de Huancayo fue el único observatorio de su tipo que instaló la misión en toda Latinoamérica. Y tal parece que todo fue una iniciativa norteamericana: el IGP no ha encontrado si en este génesis científico hubo apoyo de alguna institución peruana. “Lo que sí se sabe es que los investigadores se reunieron con los comuneros de la zona y hubo un acuerdo verbal: los comuneros les cedieron un terreno en Huayao”, cuenta Tavera. En 1919 empezaron a levantar el observatorio con la participación de los comuneros. (Los agricultores, luego, trabajarían como técnicos, en mantenimiento de equipos y la recolección de datos).

Primeras labores

Las estaciones geofísicas que puso a funcionar la Carnegie en el valle del Mantaro fueron para medir el campo magnético de la Tierra. Fueron las primeras observaciones de su tipo desde “la vertical” del Ecuador magnético.

“Era importante que sea la vertical –me dice Tavera– porque permitió construir las cartas magnéticas a nivel mundial y la primera carta magnética del Perú”. ¿Por qué son importantes estos documentos? “Las cartas eran fundamentales para la navegación aérea y marítima, ya que el campo magnético afecta, en términos sencillos, la orientación de la brújula. Lo que podríamos llamar hoy en día el GPS”.

Trabajo de campo

En 1922, el observatorio huancaíno empezó a funcionar. Se iniciaron los trabajos de las primeras estaciones meteorológicas, que permitieron los primeros pronósticos de heladas en la zona del Mantaro. Así, se entendió cómo las bajas temperaturas afectaban a la producción del tubérculo universal, la papa.

Una década después, en 1931, se instala en Huancayo la primera estación sísmica del país. Era, dicen, un instrumento gigante, del cual se habló en todo el valle. A la par, se iniciaron las observaciones ionosféricas desde el observatorio, para conocer más sobre cómo las radiaciones solares pueden afectar a las comunicaciones.

Otra labor fue el estudio de los electrochorros ecuatoriales (EEJ, en inglés), perturbaciones radiales que suceden a 100 kilómetros de altura: urgía entenderlos para avanzar en el desarrollo de las telecomunicaciones. Tavera comenta que este conocimiento científico fue aplicado por la aviación de combate por vez primera en la Segunda Guerra Mundial.

Hacia 1946, el Carnegie inicia el proceso del traspaso del observatorio de Huancayo al Estado peruano, que se concretará un año más tarde.

Quien recibe el encargo de la dirección del Observatorio Magnético de Huancayo es el joven ingeniero Alberto Giesecke (fallecido en el 2016, a los 98 años). Luego, el observatorio cambiaría de nombre a Instituto Geofísico del Perú, cuna del IGP. Giesecke empezó a trabajar con tres meteorólogos y eléctricos peruanos.

“No se limitaron a trabajar lo que dejaron los investigadores extranjeros, sino que elaboraron investigaciones más cercanas a las necesidades de la zona, como estudiar el microclima del valle del Mantaro, la contaminación de la refinería de La Oroya, o ayudar a la preservación de los productos agrícolas. Y empezaron a editar los primeros boletines sísmicos del Perú”, resume Tavera.

Traslado y terrorismo

A inicios de los sesenta, los investigadores no eran de la región Junín y vieron la necesidad de trasladar la sede administrativa del IGP a Lima.

En 1960 se construyó el observatorio de Ancón para el rastreo satelital, desde donde también se brindó información valiosa para las misiones que permitieron que el hombre llegue a la Luna (1969). En el 62 se construye el radioobservatorio de Jicamarca, para estudios de la ionósfera, y se instalan las estaciones sísmicas en Ñaña (Lima) y Characato (Arequipa).

El observatorio de Huancayo no ha dejado de funcionar, inclusive en medio de la emergencia sanitaria por el covid-19. A fines de los años ochenta, Sendero Luminoso amenazó a los investigadores extranjeros y abandonaron el observatorio y el país. La estación Cosmos fue dinamitada y el observatorio de Huancayo quedó solo con el personal técnico que aportaba los datos.

A inicios del 2000 llega una nueva generación de jóvenes ingenieros al IGP y comienzan a darle nuevo auge al observatorio de Huancayo. Implementan nueva instrumentación para estudio de la física atmosférica en el valle del Mantaro, con fondos internacionales y del Concytec.

“Hoy, el observatorio cuenta con una red de instrumentación bastante sofisticada que nos permite monitorear lluvias, la variación de la radiación, la contaminación local, estudios de la ionósfera. Así desarrollamos una gran cantidad de proyectos con los cuales hemos logrado contribuir al conocimiento de la atmósfera e ionósfera a nivel nacional e internacional”, dice Tavera.

Investigaciones hoy

El Proyecto La Mar del observatorio de Huancayo, financiado por Concytec, Innóvate Perú y USAID, ha permitido traer 3 físicos atmosféricos de Cuba, otro de la India y el retorno de un investigador peruano. Anexo al observatorio se ubica el observatorio de Sicaya, donde se ubica el “espejo” de la red sísmica nacional, que cuenta con 58 estaciones satelitales a escala nacional. “En caso hubiera un contratiempo por algún desastre y dejara de funcionar la sede de Lima, tenemos el ‘espejo’ y se proseguiría con el servicio sismológico nacional”, explica el director científico del IGP, doctor Edmundo Norabuena. El centro de investigaciones huancaíno también cuenta con un laboratorio de microfísica para el estudio de las partículas de lluvia; un radar perfilador para monitorear las precipitaciones en la cuenta del Mantaro, y radares para monitorear la velocidad de los vientos. El equipo incluye a dos astrónomos que hacen aportes sobre los exoplanetas del sistema solar.