Opinión
Directora de la Escuela de Posgrado de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya
Si bien la mayoría de los peruanos reconoce la importancia de elegir a las autoridades a las que les entregarán el poder de administrar los recursos del Estado, cabe preguntarnos: ¿se vota con la responsabilidad que ello amerita? ¿el voto resulta de una evaluación crítica de las propuestas de cada uno de los candidatos? Lamentablemente, un número considerable elige a su candidato a menos de una semana del día de la votación e incluso el mismo día en la fila, poco antes de emitir su voto.
Lo que queda claro es que en nuestro país aún no se ha desarrollado una cultura política que evalúe integralmente e interpele a los candidatos con el objetivo de elegir a la persona más idónea para el Perú. En el año de la conmemoración del bicentenario de nuestra independencia, todavía los peruanos no logramos alcanzar ese proceso individual y colectivo que permita construir de manera efectiva un voto más crítico y reflexivo en torno a la búsqueda del bien común.
Ante este panorama, no debemos perder de vista que la educación es por antonomasia la encargada de formar seres humanos autónomos, responsables, con pensamiento crítico y defensores del Estado de derecho y de la democracia. Por eso, no podría entenderse una educación de calidad que no incorpore de forma sistemática y trasversal el aprendizaje de la ética y ciudadanía desde los primeros años de formación escolar hasta la educación superior.
Si se pretende educar para la construcción de una efectiva ciudadanía, esta debe ser activa y participativa, es decir, debe impregnar toda la institución, viviéndose y poniéndose en práctica en acciones y decisiones diarias, no solo en momentos especiales como cuando se ejerce el voto. Además, según Day (2018), requiere un estilo docente democrático, una distribución del mobiliario que facilite las relaciones personales y el trabajo en equipo, así como tiempos destinados a la reflexión colectiva.
En suma, asumir el reto de educar para la construcción de una ciudadanía activa y participativa permitirá que las personas sean capaces de ejercer de manera responsable su voto, sopesando las razones que los llevan a preferir un candidato frente a otro y evitando dejarse llevar por las emociones, la simpatía o los prejuicios. Para ello, conviene también que los responsables políticos no olviden que se aprende a ser un ciudadano más crítico y reflexivo cuando se está mejor informado. La tarea no es fácil, pero sí posible.
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