• VIERNES 1
  • de mayo de 2026

Opinión

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CÓDIGOS Y CONTRADICCIONES

Las tribus urbanas peruanas

Por lo general, cuando estos grupos captan la atención de los medios masivos es por algún hecho excepcional convertido en noticia o por la popularidad de alguno de sus representantes.


Editor
Fidel Gutiérrez

Periodista

fgutierrez@editoraperu.com.pe


Hablar de subculturas y ‘tribus urbanas’ en el Perú es adentrarse en terrenos sin mapear. Más allá de la ocasional tesis o el paper antropológico focalizado en tal o cual grupo, no se tiene muy claro el panorama respecto del origen y devenir de varios de estos colectivos. Difícil, por tanto, determinar cuál es su influencia o injerencia en los fenómenos sociales, la economía o la política.

Ardua labor la de rastrearlos debido a su carácter espontáneo e informal, y a que su representatividad es mayormente colectiva. Y es que, por lo general, cuando estos grupos captan la atención de los medios masivos, es por algún hecho excepcional convertido en noticia o por la popularidad de alguno de sus representantes, al cual se le convierte en vocero. Esto último ocurre muchas veces a pesar de la misma persona a la que se le da esa condición y a pesar de sus supuestos representados. Ellos ven con justificado recelo dichas esquematizaciones y personificaciones, pues estas responden casi siempre a intereses ajenos a los principios y afinidades que definen al colectivo.

El concepto de ‘tribu urbana’ cobró fuerza en los años 90, luego de que Michel Maffesoli lo acuñara en su libro El tiempo de las tribus: el ocaso del individualismo en las sociedades posmodernas. El sociólogo francés afinó su definición contextualizando la formación de estos grupos en espacios urbanos y sobre una base conductual discordante en diversos aspectos con los parámetros de la cultura oficial.

Si bien varios de estos colectivos están vinculados estrechamente con manifestaciones artísticas de la cultura popular o con prácticas y disciplinas deportivas, estas terminan siendo accesorias dentro de sus interrelaciones y dinámicas. Un ejemplo es la relación existente entre los clubes de fútbol y las barras que forman sus seguidores. Estas, casi siempre, se tornan en entidades con vida propia, con una existencia paralela y a veces opuesta a la de las instituciones que inspiraron sus nacimientos.

Un ejemplo de la autonomía que adquieren grupos como estos frente a los referentes que motivan sus existencias lo tuvimos en las movilizaciones que en noviembre del año pasado llevaron a un cambio de gobierno. Las barras de diversos equipos de fútbol no solo se manifestaron en las calles, sino que también emitieron pronunciamientos, a diferencia de las instituciones alrededor de las cuales gira su devenir.

Otra tribu urbana que se manifestó en esa coyuntura fue la de los seguidores del pop coreano, denominados ‘k-popers’. Recurriendo a un activismo virtual, con incursiones masivas en Twitter, estos expresaron posiciones totalmente ajenas a las de los artistas a los cuales siguen. Ambos casos sorprendieron por romper una tradición de voluntaria apoliticidad. Queda preguntarse si en el futuro dichos ejemplos tendrán réplica efectiva en otras tribus o subculturas locales.

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