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Los comicios, que tendrán lugar hoy y mañana, definirán a los 155 integrantes de la convención que redactará la nueva Carta Magna, un proceso que emanó de las protestas sociales de octubre del 2019 y obtuvo carta de validez en el plebiscito celebrado el año pasado.
Al margen de los candidatos que acudirán en representación de los pueblos indígenas (95 para un cupo reservado de 17 escaños), los postulantes auspiciados por algún partido político son minoría (495) respecto a los independientes (793), y los expertos dan cuenta de una desafección de la ciudadanía hacia la política tradicional que puede sepultar a las estructuras partidistas en estas elecciones y abrir a futuro una nueva forma de representatividad con una presencia más activa y directa de la gente.
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“Estas elecciones son el certificado de defunción de los partidos más tradicionales, sobre todo de los de carácter más doctrinario. La tendencia es a votar por las personas más que hacia los partidos”, señaló el director de la Escuela de Gobierno de la Facultad de Derecho de la Universidad San Sebastián, Jaime Abedrapo.
Independientes
Por contra, la mayor presencia de los partidos políticos en la sociedad, su músculo financiero para hacer campaña y lo conocidos que son sus rostros conduce a otros expertos a vaticinar una gran derrota de los independientes en las urnas, con un apoyo en votos muy disperso que no se traducirá en escaños.
“Habrá que ver el nivel de votación que va a alcanzar el total de listas independientes, pero la distribución de escaños favorecerá a los partidos o listas partidarias”, indicó el académico de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile Octavio Avendaño.
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Los candidatos independientes responden a diversas sensibilidades, desde el feminismo hasta el medioambiente, pasando por los pueblos indígenas o los defensores de cambiar el modelo de pensiones de Chile, y “en ningún caso son figuras apolíticas”, expresó Avendaño.
“Normalmente se trata de figuras que pretenden incursionar en la actividad política sin tener una afiliación partidaria directa, pero que pretenden desarrollar un tipo de participación en la esfera pública; en este caso, intervenir en lo que será el proyecto constituyente”, comentó.
Su gran partida en estas elecciones reside en el histórico debilitamiento que sufren los partidos políticos, que generan solo un 2% de confianza en los ciudadanos, según la última encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP).
“Puede ser una elección en la que los partidos sean los grandes perdedores y esa es la gran incertidumbre que hay: si los independientes podrán capitalizar parte de este descontento”, dijo a Efe la politóloga de la Universidad Católica Julieta Suárez Cao.
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“Son las primeras elecciones que permiten listas de independientes y van a marcar un antes y un después, no porque esto sea la causa, sino porque es un síntoma de la crisis de los partidos y los clanes políticos, que tendrán que revincularse con la ciudadanía”, agregó.
Dispersión
Lo paradójico, apuntó Avendaño, es que pese a este descrédito de los partidos políticos, su desplome no se va a producir e incluso obtendrán mayor representatividad en la convención constituyente gracias al método D’Hondt por el que se asignan los escaños, dado que el voto a los independientes estará muy disperso entre multitud de listas.
En la misma línea se pronunció el cientista político Kenneth Bunker, del medio Tres Quintos, quien en una conversación con corresponsales comentó que si bien las encuestas señalan que cerca del 80% de las personas se muestra favorable a votar a candidatos independientes, los políticos tradicionales los superarán en escaños.
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“¿Cuál es la probabilidad de que un independiente, sin financiación importante, consiga los votos necesarios para un escaño? Es baja [...] No veo que puedan tener muchas oportunidades de ganar”, afirmó Bunker.
Por ello, consideró que “son los partidos políticos, por su maquinaria y por su experiencia en elecciones, los que pueden lograr meter a sus candidatos”.
Ante un escenario en el que los independientes queden fuera de la convención constituyente o muy poco representados en ella, Bunker se pregunta qué pasará con los candidatos que no logren entrar y con la masa social que ve con ilusión este proceso otorgándole un cariz eminentemente ciudadano, por tener sus raíces plantadas en las protestas del 2019.
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“Habrá muchos perdedores y saber cuál será su papel durante el proceso constitucional que sigue será muy importante [...] –indicó–. Eso puede contribuir, o no, a que sea un proceso constitucional tranquilo”. (EFE)
La apuesta de los pueblos indígenas
El proceso constituyente que vive Chile ha despertado ilusiones de cambio en muchos sectores de la sociedad, pero si hay alguien con especial interés son los indígenas, que representan el 12.8% de la población total y llevan más de dos siglos buscando ser reconocidos constitucionalmente.
Por primera vez en la historia, los pueblos originarios participarán en la redacción de una nueva Constitución y contarán con 17 escaños reservados entre los 155 ciudadanos que este fin de semana serán elegidos para elaborar el nuevo texto.
Siete cupos serán para el pueblo mapuche –el más numeroso–, dos para el aimara y uno para cada etnia restante: diaguita, quechua, atacameño, colla, yagán, kawésqar, chango y rapa nui.
Para Fernando Pairicán, historiador de la Universidad de Santiago, los cupos reservados “son un avance en las relaciones fallidas entre el Estado chileno y los pueblos originarios”.
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El actual movimiento indígena, apuntó el experto, se empieza a fraguar luego del golpe militar de Augusto Pinochet en 1973, cuando los mapuche perdieron tierras recuperadas bajo la reforma agraria del expresidente socialista Salvador Allende y los quechua y aimara se atomizaron por las políticas de regionalización.
Los expertos apuntan que la gran aspiración de la comunidad indígena es, sin duda, la denominación de Chile como un Estado plurinacional, como ya lo son muchos países del mundo.
Regiones
Por primera vez desde que Chile retornó a la democracia, los ciudadanos podrán elegir a las autoridades de las 16 regiones administrativas en las que está dividido el país. Hasta ahora, existía el cargo de intendente, pero era nombrado por el propio presidente. (EFE)