Opinión
Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía, profesor universitario
Es conocida la historia de la cual proviene este fenómeno. En la India colonizada por los ingleses, una plaga imparable de cobras, esos ofidios con potencial venenoso, estaban mordiendo a diestra y siniestra. Los colonizadores optaron por pagar a todo aquel que matara esas serpientes. Una cobra muerta y entregada a las autoridades valía mucho dinero y generó una cadena de cacería impetuosa. Ante semejante oferta, de pronto una muchedumbre cazaba a estas peligrosas sierpes a cambio del dinero ofrecido. Los resultados parecían prometedores. Rumas imparables, a montones, a cambio de unas monedas.
Pero sucedió un fenómeno del cual proviene justamente su célebre nombre. Los vehementes habitantes comenzaron a ver una oportunidad para darle vuelta al asunto. Se volvieron criadores de cobras. Todo un movimiento emprendedor de crianza de reptiles mortíferos. De ese modo, se mantenía un flujo tal que se tornaría inacabable. Rápidamente los ingleses, pasmados, cortaron el incentivo, confiando en que ello evitaría el mercado desproporcionado en el que se había convertido la propuesta. Ante semejante decisión, aparentemente bien pensada, y sin ya el refuerzo monetario, los productores de cobras dejaron en libertad a los miles de ofidios y el peligro para la cual se había efectuado esa directiva no solo reapareció, sino que además se multiplicó con furia. La plaga se volvió incontrolable.
Por ello, el efecto cobra nos brinda aprendizajes para nuestra toma de decisiones. En todos los casos en los que el supuesto de una solución parece ser la mejor, debemos tomar en cuenta el riesgo que implica asumir la posibilidad de que no sea como quisiéramos. Entonces, ¿cómo tomar decisiones correctas? Para ello se debe considerar una combinación de varios factores que pasan por el grado de urgencia, de necesidad pragmática, de la prevención por lo que sucederá, su utilidad esperada o, innegablemente, de dimensiones éticas también. A veces triunfa el lado racional que ha diseñado una respuesta con toda la información que ha podido recoger y procesar. Esta cantidad de insumos y datos provienen de diversas fuentes. Tenemos que asumir también que la información puede estar incompleta y deformada. Pero tiene que tomarse la decisión, asumiendo que es la mejor de todas las opciones. Sin embargo, a veces la decisión es impulsada por el lado más emotivo. Somos una combinación de ambas. Es decir, no es tan fácil cuando las decisiones tienen un altísimo grado de complejidad por las posibles secuelas. Por ello, pensemos, con detenimiento, siempre.
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