• DOMINGO 10
  • de mayo de 2026

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Reportaje gráfico

Túpac Amaru: Conozca los poemas dedicados al gigante de América del Sur


(…) Lo pondrán en el centro de la plaza, 

boca arriba, mirando al infinito.

Le amarrarán los miembros.

A la mala tirarán: ¡Y no podrán matarlo!

Querrán volarlo y no podrán volarlo.

Querrán romperlo y no podrán romperlo.

Querrán matarlo y no podrán matarlo.

Querrán descuartizarlo, triturarlo,

mancharlo, pisotearlo, desalmarlo.

Querrán volarlo y no podrán volarlo.

Querrán romperlo y no podrán romperlo.

Querrán matarlo y no podrán matarlo.

Al tercer día de los sufrimientos

cuando se crea todo consumado,

gritando ¡LIBERTAD! sobre la tierra,

ha de volver. ¡Y no podrán matarlo!

Canto coral a Túpac Amaru, que es la libertad, Alejandro Romualdo, 1958


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Hay libertadores

de grandes patillas sobre el rostro,

que vieron regresar muertos y heridos

después de los combates. Pronto su nombre

fue histórico, y las patillas

creciendo entre sus viejos uniformes

los anunciaban como padres de la patria.


Otros sin tanta fortuna, han ocupado

dos páginas de texto

con los cuatro caballos y su muerte.

Túpac Amaru relegado, Antonio Cisneros (1964)


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Gloria enhiesta en milenios de historia

fue moldeando el sentir nacional

y fue el grito de Túpac Amaru

el que alerta, el que exige

y el que impele, hacia la libertad. (…)

Estrofa para el Himno Nacional, Chabuca Granda (1959)

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(…) Y esperan que otra vez Areche me coloque

entre los potros del tormento,

y el hacha, ya no los animales,

en las diestras manos del verdugo

separe mis huesos de sus goznes

para encontrar sentido a sus asertos.

Inútil recordarles a los muertos precedentes:

que mi esposa Micaela caminó hasta el cadalso

sin bajar la vista (y eso que llevaba

la lengua hecha un guiñapo y salpicaba sangre

en las finas ropas de Matalinares);

que Tomasa Titu se rió de los cuchillos;

que el negro Oblitas derramó dos lágrimas,

no por inminencia de su muerte,

sino por lo enojoso de las despedidas;

que, en fin, mis hijos aguardaron con paciencia

que uno a uno los fueron destroncando.(…)

Túpac Amaru, Tulio Mora (1989)


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(…) Amaru, padre mío.

La santa muerte vendrá sola,

ya no lanzada con hondas trenzadas

ni estallada por el rayo de pólvora.

El mundo será el hombre,

el hombre el mundo,

todo a tu medida.

Baja a la tierra, Serpiente de Dios,

infúndeme tu aliento;

pon tus manos

sobre la tela imperceptible

que cubre el corazón.

Dame tu fuerza, padre amado.

A nuestro padre creador,

Túpac Amaru. Himno-canción, José María Arguedas (1962).