Central
(…) Lo pondrán en el centro de la plaza,
boca arriba, mirando al infinito.
Le amarrarán los miembros.
A la mala tirarán: ¡Y no podrán matarlo!
Querrán volarlo y no podrán volarlo.
Querrán romperlo y no podrán romperlo.
Querrán matarlo y no podrán matarlo.
Querrán descuartizarlo, triturarlo,
mancharlo, pisotearlo, desalmarlo.
Querrán volarlo y no podrán volarlo.
Querrán romperlo y no podrán romperlo.
Querrán matarlo y no podrán matarlo.
Al tercer día de los sufrimientos
cuando se crea todo consumado,
gritando ¡LIBERTAD! sobre la tierra,
ha de volver. ¡Y no podrán matarlo!
Canto coral a Túpac Amaru, que es la libertad, Alejandro Romualdo, 1958
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Hay libertadores
de grandes patillas sobre el rostro,
que vieron regresar muertos y heridos
después de los combates. Pronto su nombre
fue histórico, y las patillas
creciendo entre sus viejos uniformes
los anunciaban como padres de la patria.
Otros sin tanta fortuna, han ocupado
dos páginas de texto
con los cuatro caballos y su muerte.
Túpac Amaru relegado, Antonio Cisneros (1964)
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Gloria enhiesta en milenios de historia
fue moldeando el sentir nacional
y fue el grito de Túpac Amaru
el que alerta, el que exige
y el que impele, hacia la libertad. (…)
Estrofa para el Himno Nacional, Chabuca Granda (1959)
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(…) Y esperan que otra vez Areche me coloque
entre los potros del tormento,
y el hacha, ya no los animales,
en las diestras manos del verdugo
separe mis huesos de sus goznes
para encontrar sentido a sus asertos.
Inútil recordarles a los muertos precedentes:
que mi esposa Micaela caminó hasta el cadalso
sin bajar la vista (y eso que llevaba
la lengua hecha un guiñapo y salpicaba sangre
en las finas ropas de Matalinares);
que Tomasa Titu se rió de los cuchillos;
que el negro Oblitas derramó dos lágrimas,
no por inminencia de su muerte,
sino por lo enojoso de las despedidas;
que, en fin, mis hijos aguardaron con paciencia
que uno a uno los fueron destroncando.(…)
Túpac Amaru, Tulio Mora (1989)
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(…) Amaru, padre mío.
La santa muerte vendrá sola,
ya no lanzada con hondas trenzadas
ni estallada por el rayo de pólvora.
El mundo será el hombre,
el hombre el mundo,
todo a tu medida.
Baja a la tierra, Serpiente de Dios,
infúndeme tu aliento;
pon tus manos
sobre la tela imperceptible
que cubre el corazón.
Dame tu fuerza, padre amado.
A nuestro padre creador,
Túpac Amaru. Himno-canción, José María Arguedas (1962).