• MARTES 17
  • de marzo de 2026

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¿Adiós a las universidades?

Hay una burocracia del conocimiento y de la administración que impide que las ideas disruptivas y más innovadoras tengan influencia en las organizaciones educativas.

Editor
Rubén Quiroz Ávila

Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía, profesor universitario


Han sido gobernadas desde el Estado o con gestiones privadas. En muchos países ha dominado una tendencia y los resultados han sido sumamente beneficiosos según los parámetros con los cuales se mide. Si fuera el grado de accesibilidad, es altamente probable que las universidades públicas sean las de mayor impacto social, ya que democratizan por mérito y no por condiciones económicas, que suele ser una limitante estructural en países como el nuestro. Hay universidades con una notable huella en la sociedad y son de gestión privada. En todos los casos, existen en tanto son acordes con la demanda social y profesional; con ello, satisfacen lo requerido por la población a la cual atienden.

Pero esto va a cambiar. Las universidades no están avanzando al ritmo de los cambios vertiginosos del contexto y a la acelerada modificación de los aprendizajes. El más claro ejemplo es la situación retadora de la pandemia, donde pocas instituciones estaban preparadas para un alto grado de incertidumbre y, salvo excepciones, no respondieron con eficacia el inmenso reto. Incluso, aún ahora, la metodología de enseñanza virtual es una repetición de lo presencial. Solo se ha trasladado a la virtualización lo usado en la presencialidad. Es decir, hay una lentitud para activar respuestas inteligentes con rapidez suficiente para convertirse en una ventaja sobre otras organizaciones. Es un elefante amorosamente tendido en plena vidriería y con un sismo inminente. Esa placidez costará muy cara.

Hay una burocracia del conocimiento y de la administración que impide que las ideas disruptivas y más innovadoras tengan influencia en las organizaciones educativas. Se explica porque hay sectores intrauniversitarios que controlan los puntos de decisión y suelen ser enemigos de cambios. Cuando más entronizado un sistema y sus privilegios, más reacio a una modificación de mejora. Esto significa que las probabilidades de adaptación estén rezagadas. Entonces, muchas de ellas desaparecerán y cada vez tendrán reducidos sus márgenes de atracción de estudiantes y quedarán atrás en la captación de recursos para su sostenibilidad. Además, van rumbo a tener nula influencia en el ecosistema social del país, ahogados muchas veces por sus asuntos políticos y de ineficiencia en gestión. Y a la par, aparecen propuestas educativas comerciales no universitarias más industrializadas con una oferta más pragmática y que comienzan a copar el mercado.

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