Opinión
Abogado, músico criollo
Recuerdo que en mi casa habían dos LP de ella y mi papá llevaba un casete en su carro cuando salíamos de paseo. Por lo tanto, mis primeros recuerdos de Cecilia son de esas grabaciones, aunque ella había empezado su carrera mucho antes. Específicamente en 1971 cuando, aún adolescente, participó y ganó el concurso organizado por el programa Trampolín a la Fama. Luego vinieron participaciones en teatros, así como en festivales donde ganaba el primer puesto, e incluso múltiples viajes a importantes ciudades como Moscú, París, Madrid, Múnich, Londres y Nueva York, entre otras.
Siempre he pensado que la canción criolla tuvo una época dorada entre los 40 y 60. En los 70 esa época ya estaba pasando, por lo que los artistas criollos que saltaron a la palestra en esta década la tuvieron muy difícil. Es decir, fácil es llegar, lo difícil es mantenerse. Eso solo se logra con disciplina y trabajo serio. Creo firmemente que Cecilia lo tuvo siempre claro y por eso triunfó.
Considero que la década de los 80 fue la más dura para nuestro género. Las disqueras quebraron, el público prefirió otros géneros. Se comenzó a repetir canciones ya grabadas por otros en lugar de crear nuevas canciones (práctica que hasta ahora se mantiene). Sin embargo, una vez escuché a Cecilia Barraza decir algo que yo también trato de hacer: “Siempre buscaba que los compositores me dieran una canción nueva, que no la hubiera cantado otro intérprete”. Estas palabras me abrieron los ojos. Y es que esa es una de las claves para distinguir a un artista: tener un repertorio propio.
La primera vez que la vi en persona fueron ya años después. Ella, aceptando siempre los retos, incursionó en la conducción de programas de televisión. Ya lo había hecho en los 80, pero en el 2001 lo hizo en el programa Mediodía Criollo, que se transmitía por el canal del Estado con la producción de Teresa Blanco. El programa ya venía desde hace algunos años atrás, pero Cecilia le dio un toque especial, diferente y auténtico.
En abril del 2002 yo estudiaba en la Universidad Católica y era miembro del grupo Cemduc (centro de música de la universidad). Tocaba ya algo la guitarra y me gustaba cantar. Ese mes, el programa fue a la Católica y con un escenario enorme en el jardín central se hizo una puesta en escena muy bonita. Ahí la vi por primera vez. Era tal el alboroto con los chicos del grupo y los alumnos que no me pude acercar ni siquiera a saludarla. Cuando me tocó actuar, canté un vals antiguo (‘Sin tu amor’). Nunca olvidaré cuando terminamos y ella, a varios metros del escenario, me miró y dijo en el micrófono: ¡Ese muchacho canta con voz añeja!
Pero fue dos años después que tuve el placer de presentarme y conocerla, cuando regresé al programa, esta vez junto con Graciela Polo. La señora Chelita iba a estrenar el vals que Erasmo Díaz había compuesto para su hermana Noemí, y me pidió que la acompañe en la guitarra. Ahí pude encontrar nuevamente a Cecilia y gozar no solo de su chispa, sino también de su amabilidad y sencillez. Eso me dejó profundamente emocionado. Una artista que ha viajado por todo el mundo, ha conocido a todos en el medio, que ha grabado discos, que sale a diario en la televisión, era tan amable y sencilla con un muchacho de 20 años que recién empezaba. Mi admiración hacia su persona creció exponencialmente ese día. Ya años después, cuando la encontraba en algún espectáculo, ella me decía: “Dónde está la Limeñita”.
Especialista en cantar tonderos, y también en bailarlos. Dueña de un carisma innato. Hay personas que transmiten buena energía. Cecilia es una de ellas. Uno la ve y siente alegría; y si la escuchan cantar, la felicidad es plena.
Antes de la pandemia, anunció que se retiraba del medio artístico. La noticia me apenó, pero la entendí perfectamente. Un artista debe retirarse arriba. Cecilia lo hizo. Tan igual como lo hizo otra grande, Alicia Maguiña. A propósito, fue en la presentación del libro de Alicia la última vez que me encontré con Cecilia Barraza. Alicia le dijo en público: Gracias, Cecilia, por siempre estar ahí. Es lo que hoy yo desde aquí también le digo y añado: Gracias, Cecilia, por todo lo que le has dado al Perú.
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