Opinión
Periodista
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Así, tan solo diez años después, para el imaginario popular el régimen de Juan Velasco había encarcelado y deportado al ‘Tío Johnny’ (una celebridad de la televisión infantil), proscrito a Papá Noel como figura navideña y prohibido la música rock; todo en aras de una lucha reivindicativa contra el “imperialismo yanqui”.
Si bien la certeza solo acompaña al segundo caso (el gobierno sacó al tradicional personaje de sus campañas de fin de año, pero no penalizó su uso), los otros dos son leyendas urbanas, magnificadas con el paso del tiempo y el discurso opuesto a las medidas del régimen militar. Esta mitología se da especialmente respecto a la supuesta proscripción del rock entre 1968 y 1975, una versión que los mismos músicos del género se encargaron de propagar durante décadas y que recién en los últimos años ha podido ser confrontada con la realidad. El hecho de que nunca hubo disposición legal o política estatal que avalara la supuesta proscripción ha sido detallado en libros y revistas por diversos investigadores. Lo que cabe ahora es preguntarse qué llevó a tanta gente a creer a pie juntillas una versión tan distorsionada.
Una respuesta puede darse con la expulsión y cancelación del concierto de Santana en Lima en 1971 (tema ya abordado en esta columna), pero –por el contrario– esos hechos incrementaron la venta de los discos de este artista. Otra respuesta posible puede ser que la música rock, en aquel momento de su historia, había tomado un rumbo contestatario, apegado mayormente al ideario rupturista de los hippies de Norteamérica. Sin embargo, como hemos visto también desde este espacio, el movimiento hippie peruano no tuvo entre sus prioridades el activismo ni la articulación de sus bases. Por ello, no exhibía un potencial político representativo.
En cuanto a las letras de sus canciones, cuando no se trataba de versiones de otros artistas, abordaban tópicos contraculturales como la libertad sexual o las drogas, pero cantados en inglés. Con ello, estos artistas evitaban una potencial censura, pero también –inconscientemente– se alejaban de su audiencia. En este punto resulta ilustrativo recordar que no hay registro de rockeros peruanos proscritos o censurados. Por el contrario, varios de los mejores discos del género hechos aquí datan del período 1968-1975. Vaya paradoja.
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